fotoroberto

Roberto González de Cuenca (Madrid, 1968). Filólogo y escritor, ejerce como profesor de Francés y preparador de exámenes oficiales en la Comunidad de Madrid. Fue profesor de Español en Francia y cursó sus estudios en el Liceo Francés de Madrid. Licenciado en Filología Francesa por la Universidad Complutense de Madrid. Finalista del Certamen Literario del Libro Deportivo del Diario Marca en 2006, obtuvo el accésit del Consejo Superior de Deportes de manos de Jaime Lissavetzsky con su novela histórica Las Tres Astillas editada por ECU en el mismo año. Ganador del Concurso 20 Blogs en Versión Original de la revista 20 Minutos en 2009 con su bitácora El Blog del Profe de Francés (www.elprofedefrances.com) donde entre otras actividades, organiza concursos de poesía. Fue actor de teatro y jugador de fútbol del Mennecy F.C. de París, deporte que no dejará de practicar hasta que sus huesos se lo impidan.

Poemas

Programación

 

Asoma hacia el mediodía, la caca,

en magazines de divos baratos,

sale fresca, pedorrea chivatos,

cada una de las caretas, se escapa.

Noticias y, reaparecen con datos,

sobremesa olorosa que machaca,

se olfatean notables en butaca,

boñigos serios, con buenos zapatos.

Uno de cada tres tiene carrera,

de taxi, me explico, de casa al curro,

farlopa, fiestuqui y mi keli hortera.

La tarde, también, programas cazurro,

y por la noche, sienten su cartera.

Modelo invisible, dañino, el churro.

 

 

Peticiones del Director a su hija I

 

Con papeles ruego, si no hay jaleo,

que ofrezcas, reina, tu aspecto melódico,

apodérate del anhelo crónico,

sin abusar, ya que siempre te veo.

Pues estaré presente en ocasiones

sujetas a la circunstancia drástica,

con posos de mi energía dinástica,

ya que a ti, me vinculan las canciones.

Y entre copla y letrilla, pobladores,

sentimientos de balada fantástica,

con guitarra de añoranza, que toco.

Intangible criatura, a colores,

cantaré las horas de tu onomástica,

cautivo a ti, para siempre, este loco.

 

 

Niñas de posguerra

 

Éramos niñas de memoria y pena,

de leche en polvo y ruegos de princesas,

sueños de estraperlo, pluma en las mesas

y tinteros, dueños de la madera.

En la pared, un reloj y un tirano,

pizarra bendecida con promesas,

un mapa de exaltaciones ilesas,

tras el yugo de los himnos, cristiano.

Crecíamos en el campo con aros

y muñecas de trapo pudorosas,

sin nariz y dos ojos algo raros.

Cantábamos con risas decorosas,

renegando tiempos viles y malos,

con el hambre tañido, viendo losas.

 

 

La Cúpula no se mueve

 

Tampoco mucho palpáis, sin empeño,

en el aula del futuro, en la forma,

en el profesional que ampra la norma,

ese que pone flores al diseño.

No os cercioráis del creador del sueño,

le mantenéis preso en sus pies la corma,

ignorando su pulcra plataforma,

lo olvidáis en las pruebas con desdeño.

La ambición reside en la magia pura,

del obrero, dueño de la palabra,

del reto, del ánimo y la ventura.

Confiad en ellos, son vuestra llave,

para cerrar vuestra idea macabra,

de disparar, al vuelo, cualquier ave.

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