La Playa

Camino en la orilla del mar, en una playa que ha presenciado los momentos más bellos y agradables de mi vida. Mis pies son felices con el contacto del agua fresca y de la suave arena.
Veo gente caminando, vacacionistas igual que yo. Familias disfrutando del último día de verano.
Me invade una soledad inmensa al pensar que esta playa, tan llena de vida ahora, estará desértica a partir de mañana. Hasta la siguiente temporada.
El sonido del mar llena mi cabeza, mi caminar se acopla a su ritmo. Como si fuera la música de fondo de alguna película.
Siento pena por esta playa, la cual sufre los daños que los vacacionistas causan.
La usan y luego la abandonan.
Siento el dolor de la playa como si fuera mío, no puedo evitar que las lágrimas caigan al mar, volviéndose parte de él. Agradezco tanto estar sola, sin nadie que me pregunte el por qué de esas lágrimas.
El por qué es una pregunta sin respuesta, tal vez me relaciono con la playa, tal vez siento su dolor por que sí es mío.
En realidad no estoy sola; tengo a la brisa de compañera, me toma de la mano y camina conmigo. El sol es un visitante que está a punto de partir, se va a las profundidades del mar y no volverá hasta mañana, cuando yo ya no estaré para recibirlo. Esta es mi despedida a esta playa, le entrego mis lágrimas y todos mis pensamientos. Es mi promesa de que regresaré, siempre lo hago.
Algo maravilloso de la playa, es que no importa cuántas veces la abandones, pueden ser semanas, meses o incluso años. Ella siempre permanecerá igual, esperando el regreso de esas personas que lo prometieron.
Al igual que yo espero, por las personas que prometieron siempre volver a mi lado.

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