PRESENTACIÓN DE LOS LIBROS: Mis pies descalzos y El pajáro de las alas de cartón

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Oscar Malvicio: “La realidad no se calma escribiendo”

Óscar Malvicio se presenta en sociedad con un primer poemario titulado “Violetas de Sangre bajo la tierra”, un libro en el que la rutina, el trabajo, la realidad social y, en definitiva, la vida, se aúnan para crear unos versos duros, sangrientos y reales.

1-”Violetas de sangre bajo la tierra” no es un poemario de evasión, más bien todo lo contrario, o esa sensación nos ha dado: la de ser un libro que más que tratar de huir de la realidad, penetra en ella hasta el fondo.

Todo lo que escribo es totalmente real, más o menos, no sé como evadirme de la realidad, cosa que es un grave problema, al menos para mí, lo que sí sé, es que si quisiera evitar la realidad, no escribiría nada real, la realidad es lo que uno siente, es lo puro, la esencia, creo que un poeta no tiene otra forma de hacerlo, si quisiera escribir evadiéndome de lo real escribiría cuentos, aunque eso no lo descarto tampoco, quien sabe.

2- En esa realidad: el trabajo es el lugar identificado con el infierno: ¿Mata el trabajo la poesía?

El trabajo solo mata a las personas, no mata la poesía, al contrario, a mí me hace crearla.

3- la rutina, el tedio, las prisas son grandes protagonistas en tu poesía. ¿Desde ese punto de vista, podríamos decir que la poesía te sirve como consuelo, como bálsamo para soportar esa realidad?

No, solo escribo por crear, aunque no sé si creo lo que debo, la realidad la soporto por inercia, no hay consuelo que valga, tengo muy poco tiempo para escribir y me gusta hacerlo y jodo muchos planes solo por escribir, pero eso solo me agrada, no es ni siquiera un consuelo.
La realidad no se calma escribiendo.

4- Otra noción clara en el libro es la del nulo o absurdo sentido de la existencia: ¿Cómo convive un poeta con ese absurdo? ¿para qué sirve hacer poesía si nada importa?

La verdad, no sé si es absurdo vivir, existir, lo que sea, todo es muy complejo,
no sirve de nada hacer poesía siquiera, pero hay que hacer algo, ¿no?

5- Como en otros poemarios recientes publicados por nuestra editorial, sobre todo de autores jóvenes, vemos una clara influencia de la música: tú nombras a Chopin, Bethoven, …pero se intuye también influencia del rock ¿Es así o estamos equivocados?

Sí, bueno, me encanta la música, pero realmente la música clásica me aburre, excepto algunas piezas soberbias de algunos maestros. Me gusta Chopin, Beethoven, Mozart, algo de Bach y su prole y Brahms y otros, pero eso solo lo investigo, realmente me enzarcé con lo que llamaron grunge sobre 1992 y me quedé ahí, de hecho esa música se fue, aunque quedan rescoldos, pero yo sigo con ella, Pearl Jam, Soundgarden, STP, Dinosaur Jr., Alice in Chains, Screaming Trees, Mudhoney, L7, Babes in Toyland, Melvins, Afghan Whigs…
Y bueno, muchísimos grupos desde los 60 hasta finales de los 70 de rock como los Zeppellin, Deep purple, Black Sabbath, Rainbow, Rolling Stones, Humble Pie, mucho rock progresivo de King Crimson y Whishbone ash y Cream etc…
Si, pero a la hora de escribir no pienso en eso, de hecho no suelo ponerme música cuando escribo porque me distrae.

 

6- Aparte de la música ¿Qué autores literarios te han influido para realizar este libro?

Para hacer este libro no me ha influido nadie, no considero que sea un libro, reuní unos cuantos poemas de distintas épocas y los envié, y te digo lo mismo, no pienso en nada ni en nadie cuando escribo, aunque reconozco que lo que leo me deja cierta huella. Bukowski es el escritor que me ha dado más desde que empecé a leer, pero realmente, antes de conocer a Bukowski leí a Hansum, y fué por ese canalla y por Neruda y Bécquer y algún otro mamón por lo que me metí en esto.

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Recital Entintados Verano 2011

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Angelina Jiménez: “Para escribir poesía hay que ser humilde”

Angelina Jiménez, maestra jubilada, se estrena como poeta con un libro titulado “Puerta entreabierta”, donde los poemas íntimos se expresan en versos clásicos y llenos de sentimiento.

1-     Llevas escribiendo muchos años, sin embargo, este es tu primer libro publicado ¿Cómo y por qué te animaste a dar el paso?

 

Voy a ratificarle que sí, es cierto que llevo escribiendo toda la vida y mi entorno fue motivador para llevarlo a efecto. Mi madre con una intuición fuera de lo común, me dejó una habitación sin muebles para mí y todos los amigos. Adaptábamos chistes, historietas y las representábamos, yo era la encargada de los guiones.

En mi escuela de primaria Doña María Rosa nos enseñó a redactar de una forma lúdica, además nos narraba capítulos del Quijote y nos hizo amar a nuestro singular personaje desde niños. Pasé a mis otros profesores, D. José Yagüe y Doña Isabel Sánchez a estudiar bachiller y magisterio y dispuse de su biblioteca particular y allí leí tanto que parecía que le estaba haciendo la competencia al Caballero de la Triste Figura. El hecho de que en casa yo llevara la correspondencia, me hizo sin darme cuenta, aficionarme al género epistolar.

Con el paso de niña a mujer volcaba mis experiencias y descubrimientos de esta tormentosa edad en un diario que mi madre localizó y lo leía paso a paso. Cuando lo supe, tuve un sentimiento de rebeldía, lo rompí en mil trocitos y desde aquel día todo lo que escribía no tardaba en pasar por la guillotina de mis manos y lo destruía. Creo que este hecho me marcó, pues hasta los ejercicios de métrica y versificación, tras ser corregidos los rompía. Seguí escribiendo , pero no llegué a conservar nada hasta ya entrada la veintena.

Me presenté a un concurso de cuentos en Madrid, no recuerdo el nombre, y cuando leí el que obtuvo el primer premio, quedé defraudada; carecía de imaginación. Esa experiencia hizo que me encerrase más en mí misma.

Ya mayor, en la Asociación de Amas de Casa de Alicante, concursé, tampoco gané, pero quedé conforme pues otorgaron el primer premio a un magnífico cuento. Tomé confianza y en 1999, obtuve en Elche el segundo premio de A.C.O.T.E, y más tarde un accésit en las Aulas de Cultura de Tercera Edad de Alicante. Todas estas experiencias pudiéramos llamarlas como el germen de mis poemas, el germen de mi publicación, pues en esta época escribí como una posesa.
Era muy intimista y lo sigo siendo, siento algo de zozobra cuando sé que amigos míos están leyendo mi obra. Voy tras estos retazos de mi vida a responder al ¿Cómo?

Envié a D. Alfredo Arrebola (catedrático jubilado y flamencólogo que impartió clases de latín y griego) un cuento navideño inventado por mí como felicitación en las fiestas; en verdad que siempre he recibido críticas muy buenas de todos los amigos a quienes se los envío, pero fue dicho señor el que me aseveró que era un cuento que se podía comparar a los de muchos escritores del s. XIX y me dijo que me ayudaría a publicarlo.

En  éstas, Ana María Olivares, me pidió poemas para la Antología Poética “Poetas en Jumilla”, naturalmente accedí y el tres de febrero cuando se presentó en Madrid este poemario, con la crítica tan favorable de D. Alfredo, entregué algo tímida pero con una seguridad interior muy fuerte algunos poemas míos a D. Javier Pérez-Ayala y Ana María me llamó por teléfono para que prepara un buen lote pues me dijo que le gustaron mucho y los iba a publicar. Y así sucedió, pues el 14 de Mayo vio la luz mi entrañable Puerta Entreabierta. Surtieron efecto las palabras de D. Alfredo Arrebola.

¿El por qué? Porque me crecieron alas para por fin descubrir el lirismo de mi interior, y me puse en manos de D. Javier Pérez-Ayala, y aunque la docencia es mi primera vocación, estaba gozando con el sueño de mi futura publicación; veía factible esa realidad y ha sido así, mis polvorientos poemas han despertado y mi nueva andadura la estoy disfrutando como cualquier jovencillo que lucha por abrirse camino en este mismo terreno. Estoy viviendo el refrán que dice: “Nunca es tarde si la dicha es buena”.

¿Por qué? Porque Doña Ana Tomás me dijo:
— Angelina ¿te acuerdas cuando estudiábamos “El Conde Lucanor”? Pues tus cuentos son como aprendíamos del sobrino del Rey Alfonso X el Sabio, tus cuentos deleitan enseñando—. Mi amiga me hizo saber que merecía la pena arriesgar y por último Ana María Olivares me alentó diciéndome que las publicaciones en periódicos y revistas no tienen tanta consistencia como la publicación de un libro y que era una pena que mi obra siguiera dormitando en los estantes de un gran armario.

¿Por qué? Porque mi familia se ilusionó conmigo y me alentó.

¿Por qué? Porque es un reto y una nueva experiencia para mí el tener un solo lector que disfrute de mi obra sin conocerme. He repetido muchas veces que mi profesión ha llenado mi vida, pero siempre en lo más recóndito de mi ser, he soñado con esta realidad, tener un libro en el mercado.

2-     Gran parte del libro es un recorrido por la vida de tus seres queridos, de aquellos que te han marcado. Háblanos un  poco del proceso de creación de esos poemas, cuéntanos por qué te sentaste a escribir sobre tus seres queridos, qué te ha aportado hacerlo.

El proceso de creación de estos poemas surgen con espontaneidad, portando mucho, mucho cariño, admiración y en otros casos, pena. Recordando Las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique y los Cantos de Antonio Machado a su amada Leonor, no abro libro nuevo, es un tema que todos los poetas cantamos, por ello, no puedo responder con ningún argumento; para mí, cantar a los míos es tan natural como respirar. Me fue muy fácil sentarme a escribir sobre ellos, sí, muy fácil. Pensando sólo en ellos, sólo pensando, el alma se prepara empapándose de cariño, de admiración, respeto, embrujo, ternura, pena, etc… según el momento y el caso. Con el alma henchida de tanta gratitud y reconocimiento, la verdad que me fue muy fácil cantar a sus cuerpos, a sus almas, a su buen hacer, me fue fácil descargar mis sentimientos más recónditos hacia ellos, están perennes en mi poemario, tal vez, de no haber sido así, mis labios nunca lo hubieran manifestado. Tengo otros dedicados a mis hermanos y amigos. Voy a reseñar un poco los que aparecen en este apartado.
De mi madre tengo muchos, pero como yo le cantaba a ella en la intimidad, eran eternos, tan extensos que opté por componer uno nuevo y como el tiempo todo lo acrisola, canto con vehemencia a su bondad, a su paciencia, presentándola a todos mis posibles lectores como co-autora conmigo. El de mi padre lo compuse hacia finales de los años ochenta que fue cuando falleció, y quedé satisfecha ya que su alma romántica y bohemia fundida con su rudo trabajo, me pareció un homenaje a su vida. El que compuse a mi bebé, hacía 32 años que había fallecido, hoy hace que falta 50 años. Mi poema hacia Juan Carlos era hablar con él, hecho que no pudo ser, pues falleció con sólo cinco meses. Me planteó muchos interrogantes pues perder a un hijo es antinatural; es un grito que le envío a que me cuide desde el Cielo.
EL de mi esposo es una síntesis de cómo veo, de cómo le amo, cómo me ama…lo plasmé con fluidez pues es el complemento de mi vida, es mi  primer admirador, es un aceptarnos cada día, ya que somos de gustos y cultura diferente. Yo le admiro, él me admira, yo le quiero, él me quiere, así de sencillo, así de simple; pues bien, aunque hace más de 20 años que lo compuse, para mí, sigue estando vigente. El de mi hija es una donación de amor candente hacia ella, está recién compuesto pues los que poseo de antes no me parecían oportunos, ya que está en un proceso de superación de una ruptura amorosa, quería arroparla con mi amor maternal; me dijo que cuando lo leyó, se le saltaron las lágrimas. El de mi hijo también acabo de componerlo, pues quería aconsejarle que cuidase de Mª Ángeles, su esposa y de sus hijos. Y de mis nietos, guardo un diario de poemas desde que nacieron hasta su adolescencia, podía haber escogido alguno de ellos, pero no me acuerdo cuando, creo que hace un año o año y medio, compuse sus etopeyas con el recurso estilístico de la adjetivación, eligiendo el soneto como vía de expresión. A mi querida Mª Ángeles, la esposa de mi hijo, fue un poema al que le di vida hace mucho tiempo y me pareció tan sugerente que lo dejé tal cual.
Me ha aportado y me aporta muchísimo; mis nietos están contentísimos presumiendo de una yaya poeta, mi hija y mi nuera, a sus amigos, en vez de regalarles colonias u otras cosas, les obsequian con mi Puerta Entreabierta. Mi esposo y mi hijo no caben en sí de satisfacción, pues les felicitan por doquier y a ellos eso les llena de orgullo.
Los de mis padres me han servido para reconocer la valía de dos personas sencillas que me han sabido educar sólo con el bagaje de su amor; me han transmitido lo más hermoso de sus vidas.
Y el de mi bebé ¿qué voy a decir? Que me inmunizó contra el sufrimiento, pues todo lo que me acontece en la vida de desagradable, lo  veo trivial comparado con el dolor que me causó su muerte. Volveré a cantarlos a todos otra vez, seguro. Me han aportado un cúmulo de sentimientos mezclados, hondos, maternales, de ternura, de amor-pasión; que también a mí, cuando los releo, me hace quererles más, me hacen sentir su presencia con serenidad, con ternura y agradecimiento. En resumen, un trasiego de amor vivo.

3-      “Puerta entre abierta” aúna cuatro libros y algunos poemas sueltos. ¿Por qué te decidiste por publicar ese material entre todo lo que tenías escrito? ¿Qué criterio utilizaste a la hora de elegir unos poemas para su publicación y dejar otros a un lado?

Me decidí por los poemas de un modo casual, a D. Javier, en Madrid, no le presenté mis mini cuentos, ni otros más extensos, no le mostré leyendas, relatos, artículos…porque para una primera ojeada, no sabía qué elegir y parecían muy extensos. Por eso, mi primera muestra fue darle unos poemas que le gustaron y al pedirme más para completar el libro, disfruté eligiéndolos, éste sí, éste no, voy a coger el del tomo segundo, ¡ay! qué no se me olvide el que escribí…así, hasta que elegí un lote aleatoriamente extenso.
Mi idea era que D. Javier se decantara por un tema en particular u otro, pero Ana María me dijo que le gustaban todos o casi todos; entonces, para dar cuerpo a un libro con cuestiones tan diversas, Ana María, me aconsejó que los clasificase por afinidad creativa. Me costó, pero los agrupé lo mejor que pude dando la última palabra a D. Javier Pérez-Ayala y a Ana María Olivares.

Una vez que mi Puerta Entreabierta estuvo lista para poder entrar entre las nubes, en verdad que me ha dado igual publicar poesía que prosa, pues para mí, “tanto monta, monta tanto…”
Ahora quiero matizar un dicho que dice “Triunfar mayor, no es triunfar”, yo sé que no tengo edad para disfrutar de este consabido triunfo según piensa el mundo, pero yo puedo decirles que eligiendo el material poético, yo gozaba tanto…que para mí era vivir cotas felicísimas y a la postre, sé que no hemos de angustiarnos por lo que ha de venir sino gozar con lo que poseemos, gozar con lo que descubrimos. En esta andadura, he conocido, he descubierto nuevos amigos, he vivido y vivo experiencias muy diversas y sé que me queda mucho todavía en la vida por saborear. Me hubiera gustado darle una explicación más selecta sobre el porqué unos sí y otros no, pero amo mucho la verdad y sucedió así y aunque un poco infantil o simple, así fue.

 

4-      Tu poesía, sobre todo en “Latidos”, el primer libro, es una poesía muy clásica, tanto en la temática como en el uso del lenguaje ¿Qué poetas te influyeron para hacer esos poemas?

Me gustaría responder con nitidez, con claridad, éstos son los poetas que más me han influido, pero la verdad que no sé ni me atrevo a responder, para mis adentros pensaría que si no nombro a aquel u otro, lo estaría traicionando. Ante esta pregunta admiro a los que categóricamente enumeran a unos y otros y de verdad que soy incapaz de responder. Pero sí puedo decir aquellos que he repetido sus lecturas, aquellos que leyendo fragmentos de sus obras me conmovieron. Como he leído muchos cuentos y novelas, sé que muchos temas bebidos en estos libros, los he traspasado a muchos de mis poemas. He releído a Stefan Zweig, me apasionan sus biografías y sus novelas son tratados psicológicos de primera línea. La poesía de Juan Ramón Jiménez no me canso de leerla, amén de su prosa poética en Platero y yo. De él intento descubrir esa palabra pura, sin artificio que no sé si lo llego a conseguir. A Tagore lo considero un místico a la altura de nuestros santos Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz.
Ya jubilada descubrí a Jacques Prevent, el poeta francés de las palabras cotidianas. Me encantan Antonio Machado, Bécquer, Lope de Vega, El Marqués de Santillana…¡son tantos!
He leído y preparado clases sobre León Felipe, Neruda, Edgar Allan Poe…¡qué sé yo!
No tengo más remedio que reiterar lo que dije en Madrid, soy sedimento, un conglomerado de todo lo que a lo largo de mi vida he leído. Si ve mi poesía muy clásica, tendría que retroceder a la edad de mis 15 años, que es cuando más clásicos leía, así pudiera asegurar que fueron Cervantes, Lope de Vega, Góngora, Quevedo, etc., el “quid” de la cuestión de mi influencia en la poesía. Lo que sí puedo aseverar es que nunca me ha intimidado ninguna corriente literaria, ni me he cuestionado escribir en este u otro estilo, pues hago mías las palabras de Carlyle que dice “el estilo no es la chaqueta del escritor sino su piel”. Dentro de mi estilo, soy fiel a los conceptos que adopto para dar cuerpo a mi imaginación, eligiendo para ello las palabras más musicales y bellas que para ese cometido me hacen falta. Escribo cuando me embiste una duda, cuando en mi alma se sesgan sentimientos, cuando la rabia me atenaza ante el maltrato, las drogas; temas que en este mi poemario sólo toco en Amanecer sombrío, denunciando a los segadores de vidas.
Las poetisas Gertrudis Gómez de Avellaneda, Gabriela Mistral, Sor Juana Inés de la Cruz, La Pardo Bazán, a pesar de no haber agotado toda su obra, sí las conozco a través de Antologías Poéticas donde están incluidas.
Ya en esta misma contestación que se me pide, voy decantándome y me pregunto ¿qué libro cogería ahora para irme a dormir? Y sin pensar elegiría Platero y yo, Las mil mejores poesías de la Lengua Castellana, tomaría El Romancero Gitano de García Lorca, Sueños de Machado, Azul de Rubén Darío y cualquier libro de Tagore. Y bien pensado, tal no sea del todo verdad pues me gustaría terminar la última parte de Milenium que me resta por leer o quizás releer El mundo de Sofía. Mis disculpas si no he sabido responder con contundencia, huyo de los síes y los noes categóricos, excepto en los temas transcendentales. Espero que mis respuestas hayan dejado vislumbrar los escritores que más me hayan marcado.

5-      Has sido maestra durante muchos años. Cuando explicabas a los alumnos qué era la poesía y para qué servía ¿Que les decías? ¿Cómo te explicas a ti misma por qué escribes poesía?

Bueno, aquí como habla mi experiencia tan querida y amada de mi profesión, sólo con trasladarme a aquellas aulas en mis momentos docentes, responderé sin titubeos y con más claridad.
No pude decir a mis chavales lo que era la poesía y para qué servía con uniformidad, según fuese la edad, les daba uno u otro concepto.
En mi primera escuela en Jumilla, con una matrícula en el año 1958, con más de 45 alumnos desde pequeños hasta 12 o 13 años, tuve que dividirme haciendo malabarismos, es muy difícil en esas circunstancias transmitir a una clase tan heterogénea, qué era la poesía, por ello, les leía fábulas, poemas que llegaban a todos y recuerdo que luego hacía que me lo narrasen ellos oralmente a modo de un cuento. En resumen, que al terminar volvía yo a recitarlo y al acabar preguntaba:
— ¿qué palabras os han gustado más?
— ¿se dice la poesía igual que un cuento?
— ¿te atreverías a decirle a tu mamá algo bonito en forma poética?
— ¿y tú cómo lo dirías en forma de cuento?
Así deducían que la poesía servía para decir las mismas cosas a mamá, pero con más belleza, tenían que elegir las palabras más bonitas. Todavía estos alumnos me recuerdan por mi entrega al trabajo y tuve la dicha que cuando presenté mi libro Puerta Entreabierta en Madrid, me acompañó una alumna de ese curso, maestra jubilada, y me dio mucha alegría oírle decir que se hizo maestra por mí; yo creo que sintió que yo amaba lo bello, lo misterioso, descubrió mi alma de poeta y tal vez fue eso una ayuda para elegir esa profesión.
En mi segunda escuela, que fue en la aldea de la Fuente del Pino (Jumilla), también fue una unitaria parecida a la anterior, pero con la salvedad de que la matrícula era de 19 niñas más o menos. Pude dedicarme más a ellas y en los tres años que trabajé, les enseñé bailes regionales, cantos populares de casi todas las regiones de España (entonces se llamaban así).
La poesía servía para ser más felices, para descubrir palabras más expresivas; otras veces las seleccionábamos de lecturas que ellas elegían y formábamos columnas de palabras poéticas, así, como un juego, hasta el año 1962 es como me las ingenié para introducir en aquellas cabecitas lo hermoso de la poesía.
Por fin, ya en Petrer, esto me fue mucho más fácil. Voy a entresacar algunos de los métodos que empleé que no todos. Mi primera clase en este mi segundo pueblo fueron los párvulos y cuando se iba acercando el día de la madre que entonces era el 8 de diciembre comenzó mi primera aventura poética con ellos. Tenía un libro pequeño, más que un libro, casi un folleto, con pequeños poemas dedicados a las madres. Conseguí que memorizaran cada uno el suyo pues todavía no sabían leer. Era el regalo para sus mamás. Les leía poemitas populares, de esos que se les dice a los bebés para la comprensión; así comprendieron que el regalo para sus madres era mejor que cualquier objeto adquirido en el mercado. Sé que lo que te voy a contar, tienes que darle un tijeretazo, pero quiero que conozcas una anécdota que viví al cabo de 20 años de estar
con estos “nanos”.
Estaba yo en el bar con mi esposo y se acerca un mozo guapo, guapo que no me quitaba ojo, yo estaba algo nerviosa pues no acertaba a comprender lo que aquel chico deseaba; de pronto, se dirige a mi marido y le dice que si podía darle un abrazo y un beso a doña Angelina; mi esposo que intuyó que era algo hermoso, le contestó que sí pero a cambio de que le dijera quién era; él no dijo nada, primero me dio un abrazo y luego con los ojos empañados me dijo que era hijo de un guardia civil que estuvo en Petrer un año y que se acordaba mucho de mí porque le regaló a su madre un poema y me aclaró que es el obsequio que más recuerda. Yo no les dije para qué servía la poesía, pero el episodio que vivió este párvulo aporta mucha grandeza, la poesía es grandiosa, aquel curso con aquella efeméride del día de la madre lo supieron. Tuve cursos donde sólo asistían niñas, pues en esos, te contaré cómo aprendían la poesía.
El poder adquisitivo en Petrer era elevado y conseguí que cada niña tuviera su poemario, les aconsejaba leyesen un poco en casa y en clase lo comentábamos. Todos sus poemarios los dejaron en una mesa, en otra, yo coloqué otros libros de narrativa y comparando el modo de escribir que se utilizaba en unos y otros, manipulando, ojeando y comparando dedujeron lo distinto que era la poesía de la narrativa. En una cuerda que tenía de pared a pared, mis niñas colgaban sus cuentos y poemas con unas pinzas de la ropa. Cuando una chica destacaba, leía su poesía y comentábamos cómo se la había inventado; lo hacía porque los niños llegan más a los niños que cualquier adulto.
Cuando advertía fatiga en clase por el aprendizaje de matemáticas o cualquier otra materia, paraba la clase en redondo y nos poníamos a cantar para relajar el ambiente: aprendieron bellos romances como el Romance del Conde Olinos, Los pastores de Extremadura, La loba parda, etc. todo esto servía para moldear sus almas sin ellas advertirlo. Y lo iba consiguiendo, pues te adjunto unos poemas de dos alumnas que con sus pocos años elevaron sus almas (por supuesto que había madera), una de ellas, consiguió en un colegio de Elda, el Premio “Antonio Machado”.
Cuando ya en segunda etapa, llevé a chicos y chicas, la tarea se me presentaba más difícil por tratarse de adolescentes. Compré discos de Serrat, que cantaba poemas de Machado, Miguel Hernández, etc. unos eran recitados y otros cantados. La clase consistía en escuchar el poema y luego comentar los recursos estilísticos. Otro método que siempre empleé fue programar la poesía en materias transversales, que como saben es introducir a modo anecdótico u ocasional la poesía en clase de geografía, historia, matemáticas y demás asignaturas. Estaban tan acostumbrados a escuchar estas grabaciones de Serrat que cuando entraba en clase me coreaban alguno de sus versos. Cuando ya se iba acercando mi jubilación, pedí al director trabajar con los pequeños. Comenzábamos la clase con un poema de Gloria Fuertes, de García Lorca o incluso mío, de tal suerte, que todavía conservo los dedicados a las letras, a los números y a hechos cotidianos de la vida de los peques. Mis clases estaban ya muy estructuradas con métodos modernos, yo mezclé el “Rosa Serisat” con el “Onomatopéyico” y era una gozada, fui una maestra de vanguardia con la lectura de muchas revistas pedagógicas y allí me imbuí de cómo mejorar el aprendizaje de la poesía. Mis niños gozaron de una clase con un rinconcito dedicado a la biblioteca de aula, otro rinconcito con una mesa camilla y dos sillitas para cuando algún alumno me quería contar algo. Mi clase parecía una verbena con tres o cuatro cuerdas, todas colmadas de dibujos, poesías y cuentos.
Mis alumnos y alumnas me ofrecieron una cena cuando me jubilé y cuando ya nos íbamos a despedir, comenzaron a cantar todas las canciones que yo les había enseñado, no pudo ser mejor, mi docencia terminó envuelta en romances.
Recuerdo que a mis adolescentes les dije que la poesía sirve para disfrutar la literatura en grado sumo, para que se expresen con claridad y belleza, para que puedan plasmar sus sentimientos más íntimos y dada la etapa que estaban viviendo, les decía que la poesía les servía para poder cantar al amor, para evadir la tristeza. Con frecuencia les hacía esta pregunta:
— ¿Cómo sería el mundo sin poetas?
— ¿Cómo te explicas a ti misma por qué escribes poesía?
Escribo poesía porque me satisface y me subyuga, dar cuerpo a esa chispa que se enciende en mi ser, que la veo o la intuyo con principio y fin. Que puedo ver mi obra en poco tiempo y que puedo corregirla brevemente y que siento un no sé qué cuando puedo contemplar el antes y el después, como los anuncios de una crema facial.
Escribo poesía porque necesito una intimista soledad, necesito aunar mi mirada hacia el horizonte acompañada de una música ambiental y un papel desnudo delante de mí invitándome a confidencias, fantasías…
Escribo poesía porque puedo sacar la rabia y demonios que porto en contra de traficantes de drogas y en torno a toda clase de injusticias.
Escribo poesía porque la transformo en una oración al Creador.
Escribo poesía porque vivo el amor y tengo que derramarlo, porque me espanta el desamor que devora a muchos humanos y desde mis versos quiero que sientan mi consuelo.
Escribo poesía para cantar a mis seres queridos y amigos.
Me gusta con ella filosofar sobre la vida. Canto a los pueblos, a sus fiestas, a los poetas. Me gusta cantar a los seres inertes.
Escribo poesía porque es hermoso atrapar un instante de nuestras vidas.
Y una constante en mí, es la búsqueda de un poema mágico, voy tras él sin descanso y cuando creo que lo he alcanzado, se me escapa y siempre, siempre lo vuelvo a empezar.
Escribir poesía para mí es un reto, pues recién acabado un poema, deseo mejora el siguiente aunque no lo consiga, y cuando leo a esos geniales poetas, siento una admiración tan grande que me pregunto si no seré yo capaza de conseguir alguno aunque sea una mínima parte de bello.
Escribo poesía para que mis amigos se sientan orgullosos de mí tanto como yo lo estoy de sus composiciones.
Escribo poesía porque es un lenguaje universal que une a personas con ideologías dispares.
Escribo poesía porque sé que quien pudiera leerme, conocerá un poco de mí y hablará, mejor dicho, dialogará con mis versos.
Escribo poesía porque se vive una experiencia mágica, cuando la inspiración bulle a presión y me grita ¡Dame vida propia! ¡Déjame salir!
Escribo poesía por tantas cosas…

6-      Entre los poetas más jóvenes a veces hay muchas disputas por egos, ideas distintas sobre el oficio, etc. Desde tu lugar de persona que se ha dedicado a la poesía cómo pasión, más que como trabajo y que está, supongo, muy alejada de todas esas disputas, ¿Que les dirías a esos poetas jóvenes que ahora empiezan?

Para escribir poesía tienes que sentir cuando dentro de ti existe como un aire enrarecido poético que te disgusta, que no encaja con lo que uno desea; para escribir poesía hay que ser humilde, abrir las compuertas del alma y arrojar por la borda esos conceptos o ideas que no acaban de ser lo buenas y bellas que se han de alojar en nuestro ser antes de escribir. Hemos de desalojar a estos inquilinos, nos hemos de sentir vacíos, como desnudos, sin nada, para ello, no hay más remedio que coger la pluma y vaciarte del todo en un papel, destruir todo ese bullicio que no nos encaja y partir con nuestro ser en paz y sin inquilinos, conseguir una estancia propicia, estimular la inspiración con bellos recuerdos o con el mismo instante que quieres atrapar, piensa en el mal que puedes barrer, llénate de ilusión y ese será el inicio de un poema limpio sencillo donde los mejores elogios se los des tú mismo, que tu poema te guste, que lo quieras y ya compuesto sigue quitando lo superfluo, púlelo y así, con trabajo, ilusión y humildad andarás por el buen camino para componer.
Los jóvenes sabéis y es real que la poesía es fuerza vital, es arma para luchar, es vehículo para amar, es reflexión para discernir, pero estoy segura que a ninguno de vosotros se le ha ocurrido pensar que la poesía es el elixir de la eterna juventud, pues cuantos más años se cumplen, la poesía más se resiste a envejecer.La poesía habréis de sentirla como una percepción sensorial, emotiva y personal, es una eclosión del alma y nunca ha de estar supeditada a modas, a corrientes literarias ni a presiones de amigos que te aconsejen un modo de componer que no va contigo. El ropaje de un buen poema, no lo olvidéis, además de todo lo aprendido académicamente, es la libertad.
Desde luego comprendo que vosotros jóvenes vais en pos de un sueño y eso es bueno, es loable, pero nadie, oíd, que nadie lo emponzoñe. Escribid con entusiasmo, con placer, con responsabilidad y sabed que como meta cercana, la poesía calma el alma de temores y ayuda a otros, sobre todo, a los amigos a disfrutar de nuestra chispa creativa. Gozad en vuestra andadura de esas continuas y sucesivas metas cercanas; la suma de todas ellas hará que un día vuestro sueño, sin apenas saberlo, sea una realidad.
Como ninguno de los mortales gozamos de la ciencia infusa, os digo y esto es verdad que vuestro estilo será mucho más atrayente, mucho más transparente, en tanto en cuanto, hayáis leído y sigáis leyendo a grandes poetas, no sólo los vanguardistas, también los del albor del castellano, los clásicos, románticos, realistas, surrealistas…así se cimentarán las bases para en lo sucesivo elegir con acierto las palabras, su musicalidad y amalgamar los conceptos con sencillez. No caigáis en la tentación a la hora de componer de leeros un poemario de vuestro poeta preferido para imitarlo y pareceros a él, craso error, os sentiréis frustrados, ya que ese poema por muy bueno que sea, el punto de partida es peor que el vuestro que nace de vosotros mismos. Existen muchos referentes para escribir poesía, pero sólo son eso, pues el alma del poeta se tiene que portar. El poeta percibe con claridad lo bello, vibra con sus ideas que optan por salir, defiende su alma de posibles modas de poesía barriobajera. Recuerdo un libro de Tagore en el que se decía que la gran poesía satisface el oído y al sentido estético, luego a la razón y por último a la sensibilidad. Un poema que sólo transmite emociones, según Tagore, no es tal. Un poema se parece a la elaboración del vino en su composición. Hay que dejarlo reposar, hay que clarificarlo, hay que dejarlo fermentar para cambiar algunos conceptos o ideas. Si componiendo no sentís ni percibís una cierta musicalidad en vuestro interior sin notas ni sonidos, si no porta el principio áureo de Aristóteles, unidad en la variedad, si no se puede razonar, si no es susceptible de compararlo, de evocarlo; el poema estará naciendo cojo. Creo amados jóvenes que el ideal que Tagore nos dice acerca de la poesía es muy alto, pero sí que podemos llegar a componer acercándonos a estos parámetros. No seáis esclavos de nadie, ni de vuestro poeta favorito, ni de ninguno por muy reconocido que esté en las altas esferas poéticas. Gracias a Dios podéis libar de todos, dejar posar esos contenidos y esperar que aflore la inspiración, pero que ésta te pille trabajando, como dijo no recuerdo qué artista. Recordad que los poetas, pensemos lo que pensemos, tenemos mucho en común, todos sentimos la belleza, el amor, la denuncia, la tierra, la angustia, el dolor…sería una temeridad dejar de leer un poema porque el autor no piensa como tú. Decantando todas las lecturas, experiencias, gustos, etc. desarrollarás un estilo propio, personal, el tuyo, ¿con influencias? Pues claro, nadie nace sabiendo. Os recuerdo la frase que cito en un apartado anterior: “El estilo no es la chaqueta del poeta, es su piel”. Por ello no intentéis  cobijaros bajo la piel de nadie. Sed como vuestra sangre que os grita, valientes, decididos, exploradores, luchadores, inconformistas, idealistas, ilusionados…cualidades inherentes a vosotros que algunos portan con vehemencia y otros con atrevimiento. No avasalléis a nadie, no juzguéis la poesía lírica como cursi, a menudo, detrás de esta palabra se esconde la mediocridad. La poesía no es patrimonio de ningún grupo, ella tiene la grandeza de ser tan distinta que de la misma escuela poética, componen un poema dos poetas distintos y con la misma temática y versificación y aun así leeremos dos poemas diferentes. En nosotros, los poetas, debe prevalecer la autenticidad, la justicia, si no nuestra poesía contaminará, será sucia y mentirosa. No vayamos por el mundo poniendo zancadillas y os aconsejo que con pluma en mano escribáis con ilusión y honradez que el mundo es vuestro. Es importante superarse día a día, siempre podemos escribir un poema mejor. Compartir experiencias como yo estoy haciendo ahora con vosotros, arrojar el narcisismo, el despotismo y el egoísmo de vuestras vidas. Un buen poeta con estos defectos merma su obra. No os encasilléis defendiendo a poetas de izquierdas o de derechas, cada uno es libre de expresar sus ideas, vivimos en democracia. No os burléis de nadie. Os deseo de corazón que lleguéis a escribir con la genialidad de los poetas que admiráis aunque no se consiga del todo. Caminar haciendo camino, como decía Machado, trabajar buscando y descubriendo día a día todo lo que os pudiera servir para seguir vuestra vocación y por supuesto disfrutar de esa trayectoria de aprendizaje poético, que nada ni nadie os la quite nunca. Y recordad que es en el camino que nos conduce a la meta donde se goza y se vive, esa es la filosofía perenne de la vida, deleitarse acompañados de vuestro poético equipaje.

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David Fernández Rivera: “Nadie se empeña en entender una flor o un pedazo de hierba, por eso no entiendo demasiado por qué tratan de entender mis poemas cuando tratan de ser lo mismo”

 

David Fernández Rivera (Vigo, 1986), cumple con “Sáhara” su séptima entrega poética. Se trata de un poemario que el mismo autor reconoce alejado de la razón. Charlamos con él sobre el libro y sobre sus muchas ocupaciones.

 

 

1-     ¿Cuál era tu propósito al escribir “Sáhara”?

 

En mi caso al menos, hablar de propósitos en un libro concreto sería una pregunta muy difícil de contestar. Soy un poeta reivindicativo, muchas veces temático, algunas veces lírico, pero del mismo modo que no elijo qué y cuándo voy a escribir, creo que me costaría mucho definir con exactitud un propósito para cada uno de los ejemplares.

 

Lo que sí está claro es que “Sahara” no deja de ser un paso más en mi camino dentro de la poesía, y no podemos obviar que siempre está la meta de poder aguantar un poco más, es decir, entregar un libro más a esta sociedad que prescinde de la poesía en prácticamente todos sus cometidos.

 

Así que a lo mejor, que no lo sé, el propósito último de este libro sea subjetivamente seguir vivo, y el verdadero, pues el que cada lector quiera darle en el momento que quiera buscar en él tanto o más de lo que yo he hecho  mientras lo escribía.

 

2-     ¿Cómo crees que encaja este libro dentro de tu trayectoria como poeta? ¿Cuánto tiene de continuidad y cuánto de ruptura con lo que habías hecho hasta ahora?

 

Pues encaja en lo que yo definiría como una segunda fase, rozando ya con la tercera de mi poesía, tomando el comienzo como punto de partida. En un primer momento fui un poeta muy lírico e incluso intimista, posteriormente me hice extremadamente social y temático, pero quizás en “Sahara” me he dado cuenta de que no tengo que buscar deliberadamente la crítica o el pretender cultivar en las personas, sería egoísta o vanidoso el pensar que tengo algún tipo de verdad para cambiar en los demás, así que en este libro creo, que si bien no lo he manifestado totalmente, sí me ha acercado a un concepto de poesía en el que me alejo de mí mismo e incluso de mis problemas para prescindir prácticamente de toda la subjetividad de la razón. Y así, escribiré en un lenguaje mucho más puro para mí, y como mi personalidad es crítica y ha aprendido a indignarse como motor para seguir viviendo, intrínsecamente la poesía conseguirá transmitir todo esto junto a otras muchas cosas que seguramente desconozco. Quizás “Sahara” todavía se encuentre muy verde en esto que vengo de comentarte, pero sólo el hecho de que me haya trasladado a este punto, ya es algo que merece la pena.

 

Y con relación a la continuidad, pues toda. No creo en las rupturas, a fin de cuentas, en ellas siempre se encuentra el sustrato de tu verdadera personalidad, pueden cambiar muchas cosas, pero siempre hay algo que te da una identidad propia e inquebrantable. Esta puede evolucionar o no, pero nunca romperse.

 

3-     En “Sáhara” vemos una clara apuesta por el lenguaje. Tú mismo hablas de “liberar las palabras de su intención”. Sin embargo, toda tu trayectoria has dejado claro que tu intención era comunicar, lograr la comunicación total (como tú mismo lo definiste). ¿No temes que ese uso del lenguaje apartado de su significación y su uso habitual dificulte, precisamente, la comunicación?

 

Creo que debemos derribar de una vez ese mito extremadamente social de que el lenguaje hermético y oscuro dificulte la comprensión del poema. Es más, no creo que sea problema del poeta el que una persona trate de acercarse a sus textos desde una perspectiva reduccionista y lógico matemática. En muchos de mis poemas, ese invento humano para intentar comprender nuestra propia visión del mundo y que muchos llaman razón, no existe.

 

El ser humano a la vez que crece, se va rodeando de inhibidores o candados que lo hacen ser inmune hacia todo lo que en su día lo hizo libre y que ahora ve de un modo un tanto extraño o extravagante, y ya me estoy poniendo en la perspectiva que tendría sobre nosotros cualquier otra entidad natural. Y así, el amor, la belleza o la libertad están excesivamente manipulados, quizás por ello muchos traten de entenderlo desde una razón, que ya científicamente se está demostrando que tiene unas aplicaciones muy útiles, pero también excesivamente reducidas…

 

Es más, he probado este tipo de poemas con niños e incluso con personas en estado límite, y siempre, no sólo han aprendido de modo innato a adentrarse en los poemas, sino que a su vez me hicieron las preguntas más inteligentes que recuerdo.

 

Nadie se empeña en entender una flor o un pedazo de hierba, por eso no entiendo demasiado por qué tratan de entender mis poemas cuando tratan de ser lo mismo, es más, creo que denuncian y sufren del mismo modo. Pues las flores son pisoteadas, arrancadas e incluso utilizadas como elementos de decoración… Creo que con la poesía, al menos con la de mi caudal, se hace más de lo mismo.

 

4-     Sabemos de ti que eres también actor y director y que también tocas la guitarra, pero que sobre todo te consideras poeta: ¿Qué te aporta la poesía que no te aporten otras artes?

 

Creo que aquí lo mejor sería decir la verdad más absoluta, y es que yo soy un poeta que ha pretendido transmitir su poesía a través de otros soportes, por ello no creo que haya llegado a experimentar de modo aislado la influencia filtrada de otros canales de creación.

 

Ahora bien, lo que sí puedo decirte, es que no he encontrado un modo de comunicación tan misterioso, y a la vez tan puro como el que se genera entre un lector ávido y activo y un buen poema. Al menos yo no creo que lo haya conseguido con mi música o en las representaciones teatrales. Eso sí, considero que con “Hipnosis”, mi último texto teatral, sí he conseguido expandir la magia de una representación de teatro a través de la lectura, y en ese momento es cuando la libero de todas las barreras físicas de los teatros o de la diversidad de espacios. Eso sí, y como es lógico, me he aprovechado de un camino bidireccional entre lector y papel que ya conocía demasiado bien gracias a la poesía.

 

5-     Finalmente ¿Cuáles han sido tus influencias poéticas a los largos de estos años? ¿Qué lecturas te han marcado?

 

Más que influencias deliberadamente poéticas, yo creo que he tenido influencias humanas, es decir, en algún momento, y quizás sin quererlo, mi poesía llegó a convertirse en una forma de fotografiar la realidad de las personas, animales y plantas, y quién sabe si de aquello que también está presente y no podemos ver.

 

Por ello no siempre me agrada lo que escribo, verdaderamente casi nunca. Del mismo modo que una flor puede describir el agónico alrededor que la circunda mientras yace postrada en un boulevar de la ciudad, yo no puedo dejar de describir aquello que literalmente me mata y que a fin de cuentas no deja de ser un testimonio más que puede aportar o no. Eso sí, considero que la poesía, al menos la que yo escribo junto a otros muchos autores, debería convertirse en el complemento más perfecto de los manuales de historia. Sin lugar a dudas, lo que hacemos es ser historiadores de nuestro tiempo, aunque aquello que describamos haya pasado al olvido para muchos de los que lo viven a diario.

 

Y si quieres que te mencione algún poeta, pues creo que el que más me ha influido, y quizás yo también en él, sea el autor valenciano Ángel Padilla, muy conocido en algunos círculos, pero lógicamente, y como todo genio de la poesía (parece que no aprendemos), maltratado hasta el extremo por aquellas instituciones que se llaman oficiales.

 

Puede que actualmente ni siquiera pueda convivir de un modo natural con el legado distorsionado y mercantilista que nos rodea, puede que muchas veces, y a causa de esto, mi cuerpo diga basta y tenga que cancelar funciones, pero nunca he prescindido ni puedo hacerlo de la necesidad de conversar con alguien que no sólo me entiende, sino que busca llegar más lejos con todo lo que escribimos a diario.

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José Vidal Valicourt: “el sueño de Blanchot fue el de lograr una escritura colectiva y anónima, sin los lujos de los nombres propios”

 

Blanchot fue un escritor y pensador que en palabras de  José Vidal Valicourt, autor del ensayo “Blanchot-Espacio del desastre” (Rilke, 2011), “Vivía y escribía al margen”. Un escritor que hizo del no-saber y de la escritura errante un modo de vida. Hablamos con José Vidal sobre este fascinante y desconocido autor.

1-     ¿Qué te llevó a interesarte por un personaje como Blanchot? ¿Qué te atrajo de él?

Como personaje, su obsesión por dejar que sea la propia escritura la protagonista y no el autor.  Su discreción radical y su habilidad en activar las paradojas.  Supo gestionar su ausencia. Debo reconocer que, al principio, el personaje me resultó casi ininteligible. Fue, precisamente, esa dificultad en acceder a su mundo lo que supuso un acicate, un desafío.  Siempre el atractivo de lo difícil. El reto de lo apenas transitado. A la postre, suele ser siempre el camino más fascinante.  A pesar de su distancia y apartamiento, influyó de manera decisiva en muchos escritores y filósofos. Véase Derrida, Foucault, Deleuze, etc.  Me atrajo, sobre todo, su visión nómada y desarraigada de la escritura a la que encaró con el mismo temple de un filósofo. No hay que ovidar que Blanchot está en el umbral entre filosofía y literatura. Muy filosófico para los literatos y, por el contrario, muy literario para los filósofos.  El concepto de umbral es fundamental en Blanchot, lugar de paso, frontera invisible.

2-     Estamos ante un filósofo que afirma que el arte no conduce a ninguna verdad del ser, sino al error del ser. Se trata de una postura que años después de Blanchot sigue siendo marginal, porque en el arte prima el positivismo ( y en la vida el utilitarismo), la certeza de que el arte lleva al conocimiento ¿Cómo sobrevive y como se convive con esa postura en un mundo, como decíamos, marcado por el utilitarismo?

Blanchot reivindica el no-saber como apertura, como posibilidad de encuentro fructífero. El sabio es el hombre completo y, por tanto, cerrado. No deja resquicios para la sorpresa. De ahí que el concepto de error sea básico. Error como equivalente a errar. Movimiento de la escritura que no quiere detenerse en el libro. Si hay verdad ésta está en la intemperie, la vida al raso.  En un mundo que busca certezas inamovibles, más que nada para evitar el vértigo y la incertidumbre, mantener el tipo en esta propuesta radicalmente reacia al sedentarismo del pensamiento y de la existencia supone todo un desafío y, por qué no admitirlo, un peligro: el de quedarse fuera de juego.  El concepto de margen también transita en la escritura blanchotiana.  Vivir al margen, escribir en el margen de los libros, allí donde nadie espera que haya escritura.  De acuerdo, no sirve para nada, pero tampoco sirve a nadie. Por tanto, no es servil, sino desesperadamente libre.

3-     El componente filosófico y de teoría literaria de Blanchot tiene también unas claras implicaciones sociales. Tú mismo dices en el libro que frente a autores como Heidegger, que prestigia una voluntad sedentaria y por lo tanto excluyente, u otros que establecen una realidad basada en las relaciones de poder, Blanchot es un autor que al no creer en la verdad con mayúsculas, deja muy abierta la puerta a las verdades y razones de los otros. Al contrario que en el caso anterior, esta vertiente social sí es más actual, incluso sería bueno que lo fuera más.

Se trata de facilitar el habla plural, la que no funciona mediante relaciones de poder. Esto es problemático, pues es difícil mantenerse al margen del poder y de una cierta violencia en el habla. Aun así, el esfuerzo de Blanchot en privilegiar ese habla plural, abierta y no sujeta a unidad totalizante, merece todo nuestro reconocimiento y apoyo.  No creo que exista una vertiente premeditadamente social en Blanchot, pero sí que es verdad lo siguiente: puede aplicarse al ámbito social, sin duda. No olvidemos que el sueño de Blanchot –sueño que casi pone en práctica- fue el de lograr una escritura colectiva y anónima, sin los lujos de los nombres propios. Una escritura que no cumpliese con el imperativo de la propiedad privada. En definitiva, que el concepto de autor/autoridad no opere como patrón predominante.  Que sea la propia escritura la protagonista.

4- También se aprecia esa ética de Blanchot en su concepto de “amistad”, que no es sino ese lugar de encuentro que supone que todos seamos seres abocados al desamparo absoluto, abandonados por los dioses y las categorías absolutas. Parece como si Blanchot quisiera decirnos que cuanto menos sepamos – o cuanto más aceptemos que sabemos poco – más solidarios, abiertos y empáticos seremos con los otros. 

Sí, otra vez el margen. Que puede ser de maniobra y de error.  La amistad es un concepto que Blanchot mantiene en todo lo alto. Pensamos gracias a los amigos, esa relación sin posesión, que deja libre al amigo. La amistad no se fundamenta, según Blanchot, en la presencia. La distancia es, precisamente, eso que permite el encuentro y el respeto. Mantener la distancia también significa mantener la posibilidad del encuentro. Blanchot mantiene la amistad mediante la escritura, escribiendo a sus amigos y no necesariamente viéndolos. Una ausencia presente, y valga la paradoja. Siempre hay una zona desconocida y hay que preservarla.

4-     En literatura, ese pensamiento nos lleva a escritores que deben escribir con libertad absoluta, sin querer crear un discurso totalizador y sin someterse al espacio reductor de la obra ni a la manera tradicional de usar el tiempo. Y como ejemplo tenemos a Sade. ¿Ha habido algún otro autor que se haya adaptado a su manera de entender la literatura, alguien con quien crees que Blanchot pudiera sentir cierta afinidad literaria?

Hay muchos, pero destacaría a Kafka, esa obsesión por la escritura. Escribir o morir, ese rechazo a contraer matrimonio por miedo a sacrificar la tarea de escribir. La escritura por encima de todo, incluso de las relaciones personales.  Postura, sin duda, radical e intransigente, pero que proclama sobre todo las ansias de libertad, de disponer de todo el tiempo del mundo para entregarse a la única pasión: la escritura.
6- ¿Crees que esas ideas literarias tienen cabida en el actual panorama editorial español?

Habrá alguno por ahí escondido, pero lo que prima es el personalismo, el autor como figura, incluso vedette. Sin embargo, sabemos que hay miles de escritores que escriben en las catacumbas. Eso sigue siendo escritura. Uno entiende y acepta que la mayoría de las editoriales se echen atrás a la hora de editar libros de esas características. Sin embargo, existen editoriales más valientes, que están dispuestas a correr ciertos riesgos. Son editoriales muy necesarias, ya que sin ellas esas voces quedarían sepultadas.

7- Tú mismo te has lanzado al final del libro con un relato basado en sus ideas: ¿Querías explicar mejor en qué consisten o sólo demostrar que es posible escribir de otra manera?

La escritura asume muchos géneros, y uno de ellos es el del ensayo, que no tiene por qué ceñirse a un cuerpo estrictamente teórico sino que puede aceptar distintas voces o géneros: poema, relato, aforismo, acotación cinematográfica, etc.  El ensayo es un banco de pruebas, un ámbito en el que estamos obligados a verter todo lo que sabemos y todo lo que no sabemos, todas nuestras perplejidades e hipótesis, por muy descabelladas que éstas sean. Es decir, estamos obligados a errar y a caer en el error.  El relato final no es tanto un texto que se base en las ideas de Blanchot –eso sería casi imposible-  sino en una especie de aire, de atmósfera. El propio Blanchot, en sus últimos libros, llegó a concebir un texto en el que el personaje es el propio lenguaje, el propio pensamiento en acción.  Dividir el libro en dos partes, teoría y práctica, no deja de ser un gesto irónico, no sé si eficaz, una forma de desmitificar los libros canónicos.  En cualquier caso, se trata de un libro que no deja de ser un acercamiento más al pensamiento de Blanchot y una forma de confesar la influencia que el escritor francés ha ejercido en mi modo de pensar y de escribir.

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Entintados Mayo 2011

Carlos Herrera de la Fuente
Javier Pérez-Ayala
Paco Bello
Castellana 210 7:30 p.m.

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Carlos Herrera: “La poesía nos permite acceder a una vivencia de la libertad que en la cotidianeidad no podemos experimentar”

 

El mexicano Carlos Herrera presenta “Vislumbres de un sueño”, un libro cargado de imágenes que recoge alguna de sus principales reflexiones como filósofo.

 

1- El libro comienza “Todo olvido es un comienzo” y, en general, toda esa primera parte del libro es una reflexión sobre el olvido, la memoria y el paso del tiempo, en la que pareces presentar estos conceptos(olvido-memoria) como falsamente absolutos, como llenos de relatividad y también de variables.

Me gustaría señalar, antes que nada, que este libro da expresión a una serie de cuestionamientos y preocupaciones que provienen de la actividad intelectual a la que me dedico principalmente junto a la literatura: la filosofía. Cuando hablo del olvido trato de distinguir dos esferas distintas. Por un lado, se habla, como bien indicas, de la relatividad de varias vivencias humanas (no tanto nociones) como la memoria y el olvido. En esta esfera no puede haber ni un olvido ni una memoria absolutas, porque la experiencia humana es necesariamente limitada. Por otro lado, sin embargo, se maneja la idea del olvido como una experiencia que trasciende las fronteras propiamente humanas. Aquí el olvido es el nombre de todo un principio que rige los movimientos de la naturaleza y la existencia en general. Este olvido sí es absoluto, porque es el nombre de un movimiento general carente de finalidad y de sentido, al que los seres humanos tienen que traducir según su propia experiencia o de otra manera no podrían ni comprenderlo ni vivirlo. Esto último es el origen de la memoria. Los humanos requerimos de la memoria para conservar los momentos trascendentes de nuestra vida, tanto los positivos como los negativos, y para darle una continuidad a nuestros actos. En este sentido hablo de la memoria como una especie de “olvido del olvido”, porque ella es una negación (en cierta medida, inútil) de ese olvido absoluto del que hablaba más arriba. Finalmente diré que ambas experiencias, la memoria y el olvido, resultan para mí fascinantes ya que me parece que en su entrelazamiento se esconden varios de los misterios de la vida.

2- Otra de las reflexiones de esos primeros poemas es la que presenta al hombre como un ser que se siente “agusto en medio de fronteras”, que vive en el seno de lo libre, pero ama las cadenas. ¿Hasta qué punto considera que esto es así? ¿Tanto nos gusta encerrarnos violentamente?

En este punto tendría que aclarar que aquí no estoy hablando de una libertad ni política ni social. Con respecto a esta cuestión me manifiesto abiertamente por una creciente libertad en todos los sentidos y por la defensa de los derechos históricos de los individuos ylos pueblos, conseguidos tras arduas luchas. Aborrezco, pues, las cadenas y los regímenes políticos que intentan limitar la vida de las mujeres y los hombres. Lo que intento hacer en este poema (Vislumbres de un sueño) es darle voz a una reflexión sobre los alcances y los límites de nuestra libertad y de nuestra experiencia en general. No se trata, pues, de decir que a los seres humanos les gusta vivir sometidos bajo un sistema opresor y violento, sino que no podemos entregarnos a todas nuestras posibilidades porque nuestra vida está conformada por lazos con los que nos comprometemos y no podemos abandonar de manera sencilla. Toda ruptura implica para nosotros un dolor, a diferencia de las variaciones constantes de la naturaleza, del mundo y del universo, los cuales no tienen “un motivo que los convoque a llorar”. Nuestros compromisos amistosos, amorosos, familiares, sociales, etc., nos limitan, pero preferimos atarnos a ellos porque son ellos los que dan sentido a nuestras vidas. Utilizo la imagen de las “cadenas”, que en verdad es un poco fuerte, para hacer más patente la diferencia entre nuestra experiencia y la del mundo y la naturaleza en general.

La poesía nos permite acceder a una vivencia de la libertad que en la cotidianeidad no podemos experimentar. Octavio Paz nombró a su obra poética central Libertad bajo palabra, justo porque la poesía es un acto de libertad que rompe los límites en los que se desarrolla nuestra vida y nos permite trascender a otro ámbito donde todo es posible y pensable.

3- Los poemas que componen esta primera parte del libro, llamada “Hacia el final”, y que son uno de los pilares del libro, muestran un tono existencialista muy pesimista, descreído (“somos un sueño que habrá de perecer”) ¿Qué papel juega la poesía en esa existencia?

Si soy sincero, no había notado hasta este momento que el libro transmitiera una sensación pesimista. En términos personales me considero una persona si bien no optimista (lo cual, a decir verdad, me parece un poco vulgar), por lo menos que disfruta mucho de la vida y de las posibilidades que ella ofrece. Me parece, más bien, que el tono “pesimista” que señalas proviene de otra parte, a saber, de un intento reiterado de crítica a distintos momentos de la vida y, también, de nuestra historia, en los cuales preferimos limitarnos, encerrarnos, en vez de gozar a plenitud nuestras vivencias.

Ahora bien, el poema que se llama “Hacia el final” y que da título a la primera sección del poemario, es un pequeño (muy pequeño, en verdad) esbozo de evaluación negativa de la historia de nuestra civilización, la civilización occidental, y de nuestra posición actual dentro de ella. No se trata aquí solamente de una actitud existencial ante la vida, sino de un reconocimiento de nuestra situación histórica. Lo que se dice es que nos encaminamos hacia el final de una época caracterizada por la frustración constante de nuestros sueños y anhelos, por la imposición violenta (esa sí violenta) de ciertas formas de vida sobre otras (rasgo típico de cultura occidental predominante), pero que nosotros no seremos los que inauguraremos ese “nuevo tiempo”, sino que sólo lo “vislumbraremos” y lo anunciaremos. Por eso, “somos un sueño que habrá de perecer” y que sin lograr ver el “alba”, solamente la podremos anunciar.

4- Todo ese primer libro incide en la idea de la vida como sueño apenas vislumbrado (título del libro) ¿De dónde procede esa idea, de dónde nace?

El comentario que haces es atinado: el sueño al que se hace referencia es el sueño de la vida. En este punto no soy nada original. La literatura en español ha insistido de distintas maneras en este tema, desde Calderón de la Barca (La vida es sueño) hasta Borges (Las ruinas circulares, por ejemplo). Lo interesante para mí en este caso era pensar lo que se podía intuir a partir de este sueño, es decir, lo que este sueño deja translucir más allá de lo que en un comienzo aparenta. La palabra “vislumbre” revela esta intención.

Lo que más me atrae de la palabra “vislumbre” es su ambigüedad. Por un lado significa un resplandor tenue, un reflejo de luz. Por el otro, un indicio o sospecha. Con su tenue resplandor el sueño de la vida no sólo da noticia de ella, sino que deja adivinar algo que está más allá, algo que la trasciende. La exploración de esa trascendencia apenas vislumbrada, nunca clara ni cierta, es el motivo central del poemario.

Ahora bien, ¿cuál es el origen del poema que da nombre al libro? Para mí un poema largo o de mayor extensión al poema “normal” es el resultado de un largo proceso de maduración de ideas y sensaciones, nunca el mero producto de una inspiración (aunque ésta no está excluida). En el caso particular de “Vislumbres de un sueño” la idea provino del trabajo filosófico al que me dedico. En la tesis de doctorado que estoy escribiendo el tema central es el de la libertad, en especial en la interpretación de Martin Heidegger y su crítica a la civilización occidental. En mi recuperación y crítica a dicho filósofo se anudan sobre todo tres conceptos: el de la libertad, el de la donación y el del olvido. Esos tres conceptos aparecen una y otra vez en el libro, sólo que ya no como simples conceptos, sino como vivencias y experiencias.

5- La segunda parte, “Herencias”, son tres largos homenajes, dos de ellos centrados en mitos griegos, ¿Crees que siguen siendo válidos esos mitos hoy en día? (“que a la vez que sino suyo es nuestro espejo”).

Los mitos griegos, al igual que los mitos y las leyendes de otras culturas y civilizaciones, en tanto productos fantásticos y geniales de la imaginación humana, son y seguirán siendo validos en todas la épocas, mientras siga existiendo la literatura. Lo único que varía a lo largo del tiempo es la forma en la que son abordados e interpretados. Una es la forma, por ejemplo, en la que el modernismo retomó la mitología clásica, idealizándola y llevándola, en ocasiones, a un extremo de “cursilería”, y otra es la forma en la que hoy en día se puede reflexionar sobre ellos.

En este punto tengo que manifestar una cierta diferencia con lo que afirmas. No se trata en el caso de esta sección del libro de “homenajes” a héroes y personajes mitológicos, sino al contrario de una crítica a lo que dichos personajes significaron y significan en varios ámbitos de nuestra cultura. El caso más radical es el que aborda el poema sobre Heracles (el Hércules griego). Allí se describe post factum el famoso pasaje donde Heracles, en un arrebato de locura, asesina a su familia, acto que, posteriormente, según la tradición, será el motivo que llevará al héroe a realizar sus doce trabajos, como forma de expiación. Lo que trato de hacer en ese poema, que en verdad forma parte de un proyecto más ambicioso a realizar en el futuro, es conectar el horror de dicho asesinato con el horror de la “labor civilizatoria” que consiste en someter a los otros pueblos y culturas que se consideran sumergidos en un “mundo natural” y que son vistos como lo monstruoso. Por otro lado, la imitación que hago de un famoso poema de Rubén Darío (Salutación del optimista) y que se centra en la alabanza a la cultura romana y a su vinculación con la cultura española (“Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda”), tiene también este propósito crítico e irónico. Todo lo que se le aparece a Rubén Darío como digno de elogio, aparece en mi poema (llamado a propósito Lamentación pesimista) como fuente de terror y decepción. Por cierto, aquí aparece explícitamente el tema del pesimismo, pero se trata, como acabo de explicar, más de un crítica a nuestra civilización que de la mera expresión de una frustración personal.

Finalmente, sólo señalo que el nombre de esta sección, “Herencias”, hacer referencia a lo que recibimos del pasado de nuestra cultura, o de nuestras culturas, si se quiere, y que tiene que pasar por la criba de la labor crítica y literaria.

 

 

 

 

 

6- La tercera parte, “Nuevo tiempo”, se abre con una exhortación al lector en la que se le anima a buscar consuelo “en mitad de las imágenes”, aunque enseguida dices: “yo, por mi parte, te prometo nada” ¿Hay poca relación entre el propósito del poeta al escribir y el del lector a recibir el poema?

Lo primero que hay que afirmar es que la poesía no existe ni existiría si no hubiera un lector que la creara con su lectura. No se trata tan sólo de aquel viejo cliché hermenéutico que insiste en que las interpretaciones que encierra un texto sólo pueden ser descubiertas en las lecturas de los distintos lectores (afirmación, que por cierto, no por ser un cliché deja de ser cierta). No. La cuestión aquí es que la poesía nace sólo hasta el momento en que el lector toma el poema (única cosa que le puede brindar el poeta), lo lee y encuentra en él una palabra, una imagen, una sensación o una idea que lo motivan imaginar, a soñar, a sentir, a pensar e, incluso, a crear. Antes de ese momento sólo existe un texto (el poema) lleno de palabras y de imágenes que todavía no tienen el derecho a llamarse poesía. El poeta, valga la redundancia, sólo escribe poemas, pero es el lector el que crea la poesía.

Ahora bien, el escritor, el poeta, no le puede ofrecer nunca nada específico al lector, sino tan sólo esas “imágenes” encerradas en varias palabras y frases, que son el producto de una experiencia muy ajena a él. No hay nada que prometerle al lector, porque es él el que tiene que emprender el trabajo de la creación poética. El poema toma aquí la forma de un “exhortación”, nadando a contracorriente de aquel lector (un tanto idealizado, quizás) que pide que todo le sea dado de forma “sencilla” sin participar en el esfuerzo y en el juego de la creación.

 

7- Esta tercera parte es quizás la más interrogante: el tiempo, la muerte, la utilidad de la escritura…se tornan preguntas que muchas veces no hayan respuestas ¿Es ése el oficio del poeta, presentar preguntas?

No creo que el “oficio” del poeta sea el de hacer preguntas. Me parece más bien que ese sería el “oficio” del filósofo (lo cual, a veces, en  mi caso, me cuesta mucho trabajo diferenciar). Ahora bien, no creo que ni la filosofía ni la poesía tengan un “oficio” específico. Más bien ambas son el resultado de una necesidad de expresarse de cierta forma. Para mí la poesía (sin querer, por supuesto, reducir lo que cada quien hace y piensa de ella) adquiere la forma de un cuestionamiento (no necesariamente en preguntas) del lenguaje que normalmente se experimenta en la cotidianeidad (incluso cuando se utilizan en el poema anécdotas y expresiones cotidianas o “prosaicas”). Ese cuestionamiento anhela sacudir la confianza que normalmente se tiene en el lenguaje del que supuestamente se “hace uso” y dejar translucir otras posibilidades que están encerradas en él y a las cuales el poeta quiere dejar salir, dejar ver. La poesía aspira a decir lo que en la cotidianeidad se calla a toda costa.

Finalmente, con respecto a la forma inquisitiva de esta sección, me parece que lo que se juega, más que un resultado de mi propia interpretación sobre la labor del poeta, es una consecuencia de lo esbozado en las otras dos secciones. Se habla aquí ya no de un presente que anuncia un final (Hacia el final), ni de un pasado que nos ha sido heredado (Herencias), sino de un futuro que se abre ante nuestros ojos: un “Nuevo tiempo”. Si los poemas de esta sección insisten en las preguntas es porque ese nuevo tiempo está por descubrirse, por crearse, y esa es una labor que trasciende al poeta. En este caso lo importante es preguntar, sabiendo que todavía no hay, ni habrá por mucho tiempo, respuestas certeras.

8- Finalmente, ¿qué poetas has tenido presentes a la hora de componer este libro?

 

Me gustaría creer que en este poemario conviven todos los poetas que, de una u otra forma, me han ayudado a encontrar mi voz (nunca plenamente conformada) a lo largo de los años. Sin embargo sé que en este libro en específico hay más peso de unos que de otros. Tal vez las influencias más fuertes hayan provenido de la poesía de Octavio Paz y de la de T. S. Eliot. Octavio Paz es para mí el más grande poeta mexicano y trato de leerlo constantemente para alimentarme de sus palabras y de sus ideas. En su poesía se conjugan, de manera feliz, el pensamiento y la lírica: cada metáfora suya estimula de manera simultánea la imaginación y la reflexión. Por otro lado, la poesía de Eliot, en especial la que se expresa en Four Quartets, es para mí el paradigma de la búsqueda de equilibrio y perfección estética. El primer poema del libro, “Vislumbres de un sueño”, sigue a su manera ese modelo. El otro tono reflexivo que nunca me ha abandonado proviene sobre todo del poeta mexicano José Gorostiza, cuyo poema Muerte sin fin sigo releyendo una y otra vez.

Hay también otras influencias inegables. En la sección de “Herencias” están muy presentes las voces herméticas de Góngora (cuya Fábula de Polifemo y Galatea releí en esa época hasta el cansancio) y de José Lezama Lima. El primer poema de esta sección, “Reminiscencia de Narciso”, es una especie de respuesta literaria al poema “Muerte de Narciso” de éste último. Por otro lado, en la imagen del olvido, presente a lo largo del libro, se halla algo de la voz de Donde habite el olvido, de Luis Cernuda.

Finalmente, creo que de alguna forma conviven también en este primer libro (o eso espero, por lo menos) la voces de dos poetas alemanes geniales: Rainer Maria Rilke y Gottfried Benn. Quizás sea éste último, de cuya poesía se desprenden imágenes terribles y grotescas, del que adopté ese tono “pesimista” que señalabas más arriba. Una última mención: un poeta francés contemporáneo de nombre Lionel Ray, al cual leí hace tiempo, por primera vez, en una antología de poesía francesa. La imagen del espejo y del extravío, presentes constantemente en mis poemas, le deben mucho a su poesía.

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Comentarios desactivados en Carlos Herrera: “La poesía nos permite acceder a una vivencia de la libertad que en la cotidianeidad no podemos experimentar”

Alberto Gómez Vaquero: “Hay que dejarse toda la sangre, todo el sudor en cada poema”

“Manual sobre cosas irreparables” es el primer poemario de Alberto Gómez Vaquero, que el año pasado se dio a conocer con la novela “Entre dioses y peones” (Amaniel, 2010). Se trata de un poemario que, pese a recoger la producción poética de más de un lustro, es bastante uniforme en su temática, desarrollándose en torno al hilo conductor del paso del tiempo y sus consecuencias.
El amor, la muerte, el tiempo, la decepción marcan este primer poemario escrito con un lenguaje preciso y cargado de sensibilidad.
– ¿Cómo surgió este libro?
Pues es un libro muy poco premeditado. Yo llevaba escribiendo poesía muchos años, pero sin intención de publicar. Sin embargo, poco a poco, en parte porque comencé a trabajar más de cerca con Javier, mi editor, que es un fanático de la poesía, y en parte porque yo mismo vi que había cierto material que sí podía ser válido para publicar, decidí dar un paso hacia adelante y sacarlos a la luz. Y he de decir que a día de hoy, aún no me he arrepentido (ríe)
– ¿Para ti cuál es el hilo conductor o el núcleo de todos estos poemas, porque al final del libro hablas del libro más callejero, del libro más sedentario,…?
Yo no me di cuenta de que había un hilo conductor hasta que comencé a hacer las últimas correcciones del manuscrito. Hasta entonces me había limitado a quitar aquellos poemas que me parecía que no estaban a la altura, a corregir muchos otros y a ver los poemas uno por uno, porque al estar escritos a lo largo de cinco o seis años me parecía imposible – de hecho ni me lo planteaba – que tuvieran un nexo común. Y sin embargo, bien porque a lo largo de estos años ha existido ese hilo conductor o bien, y esto es lo más probable, porque en el momento de seleccionar los poemas para el libro yo elegí aquellos que entroncaban con cierta temática que podíamos llamar existencialista y que era la que más me atraía entonces, lo cierto es que ha quedado un libro más homogéneo de lo que en principio cabría esperar. Y ese hilo conductor, ese nexo yo creo que es el paso del tiempo y sus consecuencias, todo lo que de irreparable, de ahí el título, tiene aquello que tiene que ver con lo ya sucedido, con el pasado.
– ¿Cómo es tu labor como escritor de poesía? Porque imagino que la narrativa exige otra disciplina distinta. ¿Con qué frecuencia, durante cuánto tiempo has estado extrayendo estos poemas? ¿Eres perfeccionista o más de escribir primeras impresiones?
Efectivamente, la narrativa es una disciplina completamente distinta. La narrativa tiene mucho de trabajo puro y duro (documentación, creación de una estructura, de unos personajes,…) e incluso si bien es cierto que requiere cierta predisposición, cierta inspiración, no es menos cierto que si te sientas a escribir uno de esos días en los que crees que va a ser incapaz de hacerlo, siempre sacas algo de provecho si eres tenaz, aunque sea un borrador, o una idea de cómo seguir avanzando con la historia. Además, con la narrativa siempre tienes un baremo de eficiencia para medir su calidad. SI la historia es buena y está bien contada, podrá tratarse de una novela más o menos artística, pero al menos será presentable. Sin embargo, con la poesía ese criterio de eficiencia no existe. Uno está sólo con sus armas. Y lo mejor que puede hacerse, creo, (y aquí es cuando te digo que yo soy de los que prefieren revisar mil veces un poema que fiarse de primeras versiones) es dejarse toda la sangre, todo el sudor en cada poema. De manera que si dos, cinco o diez años después, porque hemos leído a otros autores y hemos aprendido cosas nuevas o hemos visto nuevos caminos, aquello que hicimos ya no nos satisface, tendremos, al menos, el consuelo de que cuando lo hicimos, lo hicimos lo mejor que pudimos y dejándonos la piel en ello.
Lo que sí es cierto es que a la hora de sentarse a escribir por primera vez un poema (independientemente de que luego haya, como digo, una segunda parte de revisión que tenga también mucho de trabajo en el sentido más coloquial del término) sí que se requiere cierta predisposición (que podríamos llamar inspiración, estro o como queramos) sin la cual no conviene comenzar.
– Precisamente ahora que hablabas de autores que hacen cambiar tu perspectiva de las cosas ¿Cuáles son tus influencias poéticas? ¿De qué autores te sientes más cercano?
Los dos autores que me hicieron acercarme a la poesía fueron Lorca y Neruda. Del primero destacaría “Poeta en Nueva York” y “Divan del Tamarit”. Y del segundo “Residencia en la Tierra”. Aunque yo no me siento cerca del estilo de Neruda en ese libro, que por otro lado creo que es irrepetible. Después, entre los autores que más me han llegado (y que supongo que por ello más me han influido) están Jaime Gil de Biedma, Antonio Machado, el Rafael Alberti de “Sobre los ángeles” (aunque tampoco me siento muy cercano a ese estilo), Félix Grande y Francisca Aguirre, Vallejo, Luis Cernuda (en especial “Donde habita el olvido”), Ángel González, el Gamoneda de “Blues castellano” y Leopoldo María Panero, entre los principales. Y de otros países, sobre todo, T.S. Eliot y Ginsberg y después otros autores como Auden, Withman, Rimbaud y Valery (aunque del estilo de Valery tampoco puedo decir que me sienta muy cercano, lo que no quita que su “Cementerio marino” sea una maravilla)
– Una de las cosas que más me han llamado la atención de este libro es el tratamiento que haces de los espacios. El paisaje rural aparece como un lugar donde nada cambia, como un hogar, mientras que la ciudad aparece más como una jungla, como un lugar hostil. ¿Ha sido algo deliberado?
En absoluto. Es otra de esas cosas de las que me di cuenta cuando ya el libro estaba casi cerrado. Ocurre que yo soy de un pueblo muy pequeño y aunque lleve casi diez años en Madrid para mí el hogar, las raíces, siempre estarán en mi pueblo. Y aunque estoy muy cómodo en Madrid, cuando uno viene de un lugar pequeño, la ciudad siempre le parece un territorio comanche, uno de esos lugares en los que el peligro puede aparecer tras cualquier esquina. Además, a nivel más social, en un pueblo todos somos un poco familia, mientras que en la ciudad todos vivimos en el anonimato más absoluto y eso, que es muy bueno en ciertas circunstancias, produce también una gran sensación de abandono en otros momentos. Y creo que esa sensación es la que se ha dejado entrever en los poemas.
– Estos poemas, has dicho, son un poco una selección de lo que has podido escribir en muchos años, pero cómo te planteas ahora la escritura de poesía. Este es un libro muy verdadero, con un grado de intimidad bastante profundo, pero a partir de ahora ¿Hacia dónde vas a ir?
Es difícil de decir. Yo no suelo escribir al menos que sienta la necesidad de escribir, bien porque tengo algo que “vomitar” sobre el papel, bien porque hay alguna obsesión rondándome y creo que poniéndola negro sobre blanco voy a ser capaz de darle forma e incluso de sacármela de encima. Pero, por supuesto, no todo lo que escribes vale. De hecho, el noventa por ciento de lo que escribes no vale. O al menos, es así en mi caso.
Te puedo decir que lo que tengo escrito hasta ahora es una poesía más volcada hacia fuera, hacia el mundo y hacia la sociedad, no tan íntima. Por otro lado, tengo pendiente desde hace mucho (pero soy incapaz de dar con el tono adecuado y he tenido que empezar ya muchas veces) escribir un pequeño poemario sobre ciertas ideas acerca de la naturaleza del hombre (un poco en la línea de lo que fue mi primera novela, pero navegando por otras aguas), aunque, como digo, aún no he dado con el tono y las palabras adecuadas. En todo caso, tengo la sensación de que salga lo que salga, será más conceptual aún que este libro.

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Presentación: Manual sobre cosas irreparables – Alberto GÓMEZ VAQUERO

Presentación: Manual sobre cosas irreparables – Alberto GÓMEZ VAQUERO

9 de Abril de 2011

19:30 Castellana 210

Presenta: Carlos Primo

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