Se me han quedado los ojos
titánicos
al oír cómo cerrabas la puerta
para marcharte.

Ojos cual proa de un barco
con muy poquitos botes salvavidas.

Se me han quedado
los ojos
como violines flotando
sobre el Atlántico Norte.

Desde que tú te has ido
no hago más que perseguir
los tiempos
del crepúsculo,
mudos estallidos
de colores desorbitados
que se engullen a sí mismos,
como un paraíso sin hogar.

Desde que tú te has ido
nunca acierto
con la llave en la cerradura.

Desde que tú te has ido
el felpudo es un buen sitio
para sentarse a pensar.





Search
Archives