Te gustaría el vagabundo que duerme

esta mañana de abril, en el banco

del parque que lleva tu nombre,

y más aún, la pareja, que mañana viernes,

se besará en aquella esquina

como si fuera a terminarse el mundo,

aquí estoy, recordando aquella casa

tuya dos calles más abajo, donde

me preguntabas por las novias

que no tenía, y por mis sueños

que empiezo a ver

en el bulevar de la distancia,

vengo del médico, fíjate, tengo

angustia, dolor de cabeza,

y una tristeza que a ti ya

te gustaba poco en aquellos

últimos años de tu vida,

murió mi madre, algunos

amigos, y un montón

de preciosas palabras,

pero me queda tu jardín

y la poesía, la poesía siempre

de tu mano, de la de todos,

como un pulmón verdadero y ágil

para seguir viviendo.

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