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El lenguaje literario

El lenguaje literario

 

 Sigue la corriente: Elige uno de estos textos, el que más te guste o el que despierte el gusanillo de la inspiración y escribe a partir de él uno similar.  El texto literario puede salirte al paso en cualquier callejón y casi de cualquier situación, objeto, sentimiento, idea… se puede escribir un texto literario. En este caso hemos escogido diversos poemas, a cual más peculiar, pero no necesariamente tu texto debe ser un poema, puede ser un pequeño cuento, una escena teatral, etc. Sólo déjate llevar, despliega la magia de las palabras, escucha lo que gritan dentro de ti. Todas hablan al unísono, pero de pronto… se sitúan en sus puestos, se colocan el dorsal y salen a la carrera. ¡Esperad! ¡Esperad! ¡¡¡¡Ay!!!!! Las palabras están locas, desbordadas…. No olvides que las palabras tienen muchas capacidades: la capacidad de prevaricación (la mentira), la posibilidad de crear mundos inusitados, el poder de dibujar sentimientos, etc.

Cántico doloroso al cubo de basura

Tu curva humilde, forma silenciosa,

le pone un triste anillo a la basura.

En ti se hizo redonda la ternura,

se hizo redonda, suave y dolorosa.

 

Cada cosa que encierras, cada cosa

tuvo su esplendor, acaso hasta hermosura.

Aquí de una naranja se aventura

la herida piel silente y penumbrosa.

 

Aquí de una manzana verde y fría

un resto lloro zumo delicado

entre un polvo que nubla su agonía.

 

Oh, viejo cubo sucio y resignado,

desde tu corazón la pena envía

el llanto de lo humilde  y lo olvidado.

Rafael Morales

 

 

LETANIAS DEL AMANTE CON EL CORAZÓN ROTO

(Conviene recitarlas inmediatamente después del siniestro)

Y PARA MATIZAR LA SALVAJADA

no te perdono nada, nada, nada.

Y para matizar el holocausto

me has dejado en el alma mucho asco.

Y para matizar la puñalada

que le llenes de herpes a tu amada.

Y para matizar esta agonía

te parta el corazón tía, tras tía.

Y para matizar esta riada

que te encharquen la vida de putadas.

Y para matizar este siniestro

a partir de este verso eres un muerto.

Belén Reyes 

 

 

 

Me rodearon

seis o siete. El impulso natural

me llevó a la pared. Atardecía.

Diez ojos como piedras y las frentes mojadas

de unos chicos mayores

formaron semicírculos

Alrededor de mí, como un teatro

cuya obra cosiste en pegar al actor.

Detrás, ocultos,

aquellos dos muchachos que tanto detestaba

sonreían ( y, por lo tanto, siete)

No sé si dije algo o cerré los ojos.

Y busqué con el pómulo el primer puñetazo

enseguida la rabia y las rodillas

horadaron mi estómago; sentí monedas

calientes recorriéndome la espalda:

Tras los escupitajos, finalmente, en la nuca

me clavaron su risa complacida,

Se marcharon.

En un balcón de enfrente

una anciana regaba sus macetas.

Un elástico encima del cielo, hecho parábola,

miraba la luz

y arrojaba un pedrusco anaranjado.

              Andrés Neumán

 

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