escritora

La Iglesia

 

¡Campanas! Que toquen fuerte vuestros badajos

para que mi alma despierte de este incipiente cuerpo.

Que en los albores rasguen el cielo y el aire, cruce melodías de ensueño

y yo aquí, esperándoos de nuevo.

Lucha

 

Tarde de paseo, de camino largo e insaciable

pero con paso seguro me encuentro en ese punto

en el que converjo y confluyo la espiral de mis cinco sentidos.

Descanso y pienso, no rompo mis estribos

que en la espera comienza, el devenir del destino.

La fuerza de vivir

 

Dios de gloria eterna

que desbordas en abundantes y excelsas gracias

a todos los que pretenden vivir.

Y, a pesar de las espinosas cimas por escalar,

no frenas los esfuerzos que el hombre en su vulnerabilidad sustenta.

No renunciemos en esperanza aunque el dolor nos duela,

sí al contrario, beber de los cálices dulces que exhalan vientos de fragancia nueva.

Noche clara

 

Con el fragor de la noche

las estrellas aparecen, brillan y resplandecen.

Me dejan ver, y escucharlas en la noche, es cosa divina

porque humana, sólo son las sombras de la noche.

Sueños de madrugada

 

El águila cae herida, también el león en su guarida

y el agua siempre viva, les cambia su antigua vida.

Vida que fluye, que no se detiene ante nada,

que grita, pena y llora

como lloran los que no tienen nada.

Silencio, que se hace la noche larga

que el sueño me embarga

y que llegue “pronto” la madrugada.

De día te quiero “de noche”, ¡no te digo nada!

Palabras sencillas

 

Respondiendo a un pasado lejano que pregunta por el “Universo”

veo clara la respuesta, y ésta es

que en noches de luna llena, el cielo se estremece y nos da respuesta.

Se deja asomar con clara luz de mujer coqueta

y en mi ventana su encanto de plata llega pronto y se refleja.

Las estrellas permanecen quietas y se asombran de tanta belleza

y es por esto, que me sobran una y mil palabras concretas.