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Juan Planas: “Lo fundamental del poema es que abra interrogantes en el lector”

Entrevista realizada por Alberto Gómez Vaquero para la Revista Poesía eres tú con motivo de la publicación del libro Los lugares del sitio

Juan Planas es uno de los pocos poetas actuales que tiene una voz no sólo singular, sino innovadora. Su forma de componer poemas es reconocible y además se adecua muy poco a los estándares de lo que conocemos por poesía contemporánea, tanto en los temas como en su representación. Con “Los lugares del sitio”, el poeta, ganador del último premio de la Asociación de Editores de Poesía, se asoma a los paisajes que configuran su particular asedio.

 

1- En nuestra última entrevista, tras el premio de la Asociación de Editores de Poesía a “Tratado de las cosas sin nombre”, me decías que esperabas encontrar “otras vías alternativas de búsqueda de conocimiento” en tu próximo libro. Y también que en cierto modo dabas por cerrado el período poético que habían supuesto tus tres últimos libros. Ahora, con “Los lugares del sitio” ya en la calle, ¿Crees que tu intuición se ha cumplido? ¿Abres una nueva etapa con este libro? ¿Has dado con otras vías de conocimiento?

 

 

Hola, Alberto. Empecé a escribir «Los Lugares del Sitio» antes de haber concebido, siquiera, la génesis de «Tratado de las cosas sin nombre». No obstante, lo dejé varado un par de años porque me faltaba, quizás, el valor suficiente para aplicar algunos recursos técnicos con todas sus consecuencias y, así, convertir el poema en lo que yo deseaba: en una translación, lo más exacta posible, del peculiar ritmo del pensamiento -del mío propio, claro-, ese discurso tan dado a los saltos y a las acrobacias en el vacío, a los cambios imprevistos de perspectiva y al soterramiento aparente de la lógica. En este sentido, este libro sí me confirma que había, en efecto, otras vías y que ya estoy en ellas. Presagio un viaje muy largo.

 

 

2- En el epílogo del libro das una explicación del lugar de dónde te han salido estos poemas. Tras leerlo se intuye un poemario que ha salido de muy adentro. Hablas de “los paisajes de un infierno” y en tu blog te referiste a él como el libro “más sombrío y desolador que he escrito hasta la fecha”. ¿Estamos, pues, ante un libro oscuro?

 

 

Bueno, no hay mejor lugar que la oscuridad para apreciar el enorme valor relativo de la luz. Con todo, y creo que ya hablamos de ese tema anteriormente, no acabo de distinguir con claridad ni, por supuesto, con certeza, entre adentro y afuera. Desde siempre, me han parecido el mismo lugar, aunque a veces nos guste muchísimo perdernos en esa dialéctica de los opuestos y hasta de los complementarios… Como digo en mi libro: «Estamos donde siempre y el lugar es incierto». No sé mucho más, la verdad…

 

 

3- Nuestra impresión al leerlo ha sido la de estar ante un libro, no sólo oscuro, sino también pesimista. Hablas de un ser humano que no evoluciona en lo esencial (en tu poemario pasado, presente y futuro se funden porque el hombre apenas ha cambiado en lo esencial y en los problemas que tiene que enfrentar: “No iremos mucho más lejos que nuestros ancestros/ ni escaparemos al vaivén de los días” o “No somos nadie. O sí. Somos Ulises/ burlando a Polifemo. Los orgullosos descendientes/ de una tribu en viaje hacia el reino del olvido”.) e incluso hay algunos versos dedicados al escaso alivio o utilidad de la poesía ante los grandes problemas del hombre ¿Un libro pesimista ante el papel del hombre?

 

 

El poema central del libro es «La Ciudad Sitiada». Y luego -o antes- la ciudad se transforma en el cuerpo, en el lenguaje y en cuantos otros elementos podamos ser -o creer ser- en determinados momentos. Aquí el sitio, es decir, el asedio, es el protagonista único del libro y los lugares son su paisaje, la forma que tiene el poema, el artificio del poema, de mostrárnoslo en todo su esplendor y con toda su crudeza. Las referencias temporales son casi nulas -en realidad, son culturales- y el tiempo no aparece, al menos de manera unívoca, como tiempo pasado, presente o futuro, como bien apuntas, sino como la simple constatación de un hecho o de una sensación, más allá de si ocurrió, ocurrirá o está ocurriendo en este preciso instante. No hay, me parece, pesimismo ni optimismo porque tampoco estoy buscándole salidas al asedio… El poema no las necesita, o eso creo.

 

 

 

 

4- Uno de los aspectos que si remiten a tu obra anterior es, precisamente, la mezcla de voces no sólo de distintas personas, sino de distintos tiempos, como mezclando pasado, presente e incluso futuro en el poema. Voces que se confunden y que incluso se insinúa que sean de un mismo alma que ha pasado a lo largo de varias etapas históricas(“Me recuerdo en el vientre,/ la luz oblicua,/ el agua turbia./ Toda mi biblioteca ardió hace años/ cuando soñaba con edificar/ un Zigurat de pavesas”). ¿Qué te aporta esta técnica como poeta? ¿Cuál es su propósito?

 

 

El libro mezcla versos largos o, incluso, muy largos, que son la abrumadora mayoría, con algunos otros versos mucho más concisos y breves, como los que citas. Así, algunas avalanchas de imágenes acaban desembocando en espacios casi desnudos de palabras y repletos de silencio… Se trata de intentar convertir el poema en una rigurosa réplica, lo más exacta posible, del devenir del pensamiento. Que el discurso del poema sea, también, el del pensamiento. Algo así como la prueba de su existencia… a la vez, que su resultado. En fin, esa es, más o menos, la idea, que aunque pueda, tal vez, sonar un poco presuntuosa, no quiere serlo. En absoluto. ¡Te lo aseguro! (risas).

 

 

5- Donde sí que hemos notado cierto cambio es en la presencia, esparcida a lo largo de las diversas partes del libro, de temas más sociales, o quizás, por decirlo mejor, de una preocupación más clara por el papel del hombre actual en la sociedad (incluso enunciada de una forma más cristalina)

 

 

¿Te parece? No lo sé, la verdad. Lo fundamental del poema es que abra interrogantes en el lector, incluso allí donde no recuerdo haber pretendido, de manera voluntaria o consciente, abrirlos. Afortunadamente, el poema nunca se agota en lo que hizo o dejó de hacer su autor. Tiene una vida propia que hay que respetar y a la que sólo cabe desearle el mejor de los viajes.

 

 

6- Un sello muy característico tuyo y que sigue presente en esta obra es la del libro como poema unitario, aunque en este caso nos encontramos con subdivisiones, tenemos la sensación de que, en esencia, todas esas partes sirven para componer un gran poema único que es el libro.

 

 

Cierto, sí. En realidad, hace tiempo que dejaron de interesarme -es sólo un por decir, una voluntaria exageración, claro- los libros de poemas sucesivos, cada uno con su título propio y su pequeña o gran entidad individual. No, prefiero el poema río, aunque siempre, por razones de estructura y, también, de paginación, acabe troceándolos un algo… un algo más de lo que quisiera, lo admito.

 

 

7- Por último, en las estrofas que cierran el libro se muestra, pese a todo, pese a ese pesimismo, cierto ansia por seguir adelante, como persona y como poeta (o quizás en tu caso ambas cosas son indisolubles): “No creo que la muerte se quede entre nosotros./ Otras ciudades y otros cuerpos nos aguardan…”

 

 

Creo que esa parte es, simplemente, un cántico a modo de despedida… Una especie de mantra final. Me parece que el lugar invita a ello. Hay una hoguera que arde y un corro de tribus alrededor. Nada más lógico que acaben cantando algo esperanzador, pero no mucho ni tampoco demasiado, para aliviar su estado de ánimo y perseverar en su decrepitud. ¿Por qué no? ¿Qué es la poesía sino un canto? Pues eso. Hay que seguir cantando, pese a todo.

 

 

ENTREVISTA A JUAN PLANAS: PREMIO MEJOR LIBRO DEL AÑO DE LA A.E.P.

Entrevista realizada por Alberto Gómez Vaquero para la Revista Poesía eres tú con motivo de la de la entrega del premio del mejor libro del año 2009

Juan Planas no es un poeta al uso. Al menos, no lo son sus poemas. En ellos hay párrafos que parecen sacados de una obra de teatro, pero que acumulan un sentimiento literario y vital que rara vez se ve en la poesía contemporánea. Sus versos son profundos, meditados, algo barrocos. Su mundo, sin duda, muy personal.

Todos esos ingredientes le han hecho merecedor del Premio de la Asociación de Editores de Poesía 2009. Lo recibió en Madrid, donde estuvimos charlando con él para concertar esta entrevista que ahora publicamos.

 

Su libro “Tratado de las cosas sin nombre” ha obtenido el Premio de la Asociación de Editores de Poesía 2009. ¿Cómo sienta el reconocimiento de ser el autor de uno de los libros del año en la poesía española?

 

 

Cualquier tipo de reconocimiento siempre sienta bien. Y más cuando lo recibes sin haberte presentado a concurso ni conocer, siquiera, su existencia. Sucede, además, que los amigos que uno tiene se alegran con este tipo de cosas y eso siempre resulta reconfortante, más allá del valor que pueda tener, o no, el Premio en sí.

 

 

-Leyendo su libro se tiene cierta sensación de insularidad en su poesía. Y me explico: trata su poesía de un mundo muy peculiar, muy propio y en cierto modo muy aislado,…; ¿al escribir usted desde una isla, cree que tiene esto algo que ver? ¿Se produce una relación entre escritor y territorio, el lugar en el que se escribe acaba infiltrándose en el poema?¿O es posible abstraerse tanto que el lugar desde el que se escriba no importe?

 

 

Escribir es ya, de por sí, una actividad solitaria. ¿Doblemente solitaria y aislada en mi caso, por vivir en una isla? Pues puede ser, pero no estoy muy seguro de que el aislamiento -o la soledad- admitan demasiados grados diferenciales. Soy bastante escéptico, pues, sobre la influencia del territorio sobre mi obra… Por otra parte, en estos últimos diez años, el territorio en el que más relaciones literarias mantengo es Internet. Quizá la Isla ya sólo sea una metáfora. Una vieja y magnífica metáfora, eso sí.

 

 

 

– Dice en su libro: “No hay otra voz que este rumor de adentro, jugando a la ficción de nombrar el mundo”. Además, le oímos decir en la recepción del premio que uno escribe sólo sobre uno mismo y que él es su propia musa: ¿No hay, pues, poesía sobre el exterior? ¿Hay lugar para una poesía sobre el otro o incluso para la poesía social? ¿O sólo existe la poesía sobre uno mismo?

 

 

Bajo la luz de los focos y con una alcachofa en la mano uno es capaz, me temo, de decir bastantes estupideces. O quizá sólo sean imprecisiones. Frases sueltas que buscan un guión irremisiblemente perdido. Pero, sea como fuere, resulta imposible -y, desde luego, suicida- pretender que puedan existir un mundo interior y otro exterior de forma separada o, incluso, contrapuesta dialécticamente. No, ambos son el mismo mundo aunque, a veces, intenten aparentar que no lo son e incluso, en algunas ocasiones, realmente lo consigan. Es un oxímoron, claro.

 

 

 

– Dijo en la presentación que este libro cierra su ciclo, que ha hablado sobre cierto mundo y que ese mundo se ha agotado: ¿Unos meses después, lo sigue percibiendo así? ¿Es “Tratado de las cosas sin nombre” el cierre de un ciclo? Si es así, ¿puede contarnos cómo y por qué comenzó ese ciclo?

 

 

Quizá fuera yo el que, esa noche, se sentía realmente agotado. Pasa a veces. Con todo, sí creo que “Tratado de las cosas sin nombre”, pone fin a muchos de mis interrogantes –o a su enunciación formal, al menos- a la vez que me abre otras vías alternativas de búsqueda de conocimiento que ahora deberé explorar. Eso es la poesía. O así la entiendo yo. Lo de los ciclos podemos obviarlo.

 

 

 

– Éste es un libro que muestra la contradicción que hay muchas veces en la poesía: es un libro claramente intimista, pero a la vez, como usted dijo en la recepción del premio, busca el lugar común que pueda haber con los sentimientos del lector: ¿es posible esa comunicación entre el sentimiento del poeta y el del lector o es una quimera que persiguen los poetas, pero que nunca se logra?

 

 

La comunicación no es, ni puede ser, un objetivo del poeta, porque es una cualidad propia del lenguaje, algo inherente a ese misterio que se celebra con cada palabra. Siéndote sincero, la verdad es que me asombra muy mucho que mis cosas puedan interesar a alguien. Pero sí, soy testigo mudo de que ese milagro sucede de vez en cuando… y hay que valorarlo como se merece. Mucho.

 

 

– El día de la presentación me comentaste que estabas ya un poco aburrido del tipo de escritura que hacías hasta ahora: ¿sabes ya hacia dónde va a ir tu escritura? ¿Entra en sus planes un cambio de formato (novela, ensayo,…)?

 

 

¿Seguro que dije eso? No lo recuerdo (risas). Pero no. Me pueden aburrir los actos sociales o, incluso, y sobre todo, el hecho de tener que hablar sobre mi poesía… pero todo lo que escribo tiene su razón de ser y, en ella, también incluyo –porque son inseparables- su forma y su contenido. Puede que mi próximo libro no tenga nada que ver con este y, de hecho, así lo espero. No me gustaría, al final, tener que acabar reconociendo que uno siempre acaba reescribiendo el mismo libro. ¡Me resultaría terrible llegar a esa conclusión! Espero que no ocurra. O lo deseo, al menos.

 

 

– También dijiste que el escritor ha de ser el más humilde de los creadores, pero hay mucho ego entre los escritores y parece algo casi necesario, ya que para contar algo hay que tener el orgullo previo de creer que se tiene algo que contar y que es interesante eso que se pretende contar. ¿Es posible compaginar  ambas cosas: el ego para creer que tenemos algo que decir y la humildad necesaria para saber que nunca lo haremos de una manera perfecta?

 

 

No lo sé. Soy un poeta que suele contar, en sus poemas, muy pocas cosas. Prefiero sugerirlas y que sea el lector el que las filtre y afile, el que las mutile, las deseche o se las haga suyas y hasta les dé sentido, si quiere. De todas formas, la primera premisa que cualquier escritor debiera de hacer suya es la de estar abocado, necesariamente, al fracaso. Y finalmente, al silencio, claro.

 

 

– Finalmente, tenemos la costumbre de preguntar a los autores cuáles han sido sus influencias poéticas. ¿Cuáles son los autores que más han influido en Juan Planas?

 

 

Podría aburrirte con un catálogo infinito, pero intentaré ser breve. T. S. Eliot y Juan Ramón, los místicos, con Teresa y Juan a la cabeza, Quevedo, Gracián, Pound, Villon, Milton, Dante, Kafka, Camus, Dostoievski, Rilke o incluso Rimbaud… y también un buen número de filósofos como los presocráticos, Georges Bataille, Nietzsche, Unamuno o Cioran ocupan un lugar destacado en mi vida como lector. Pero hace siglos que apenas sí leo… Supongo que hay un tiempo para la lectura y otro para la escritura, y yo debo estar en ese segundo tiempo. ¡Qué se le va a hacer!