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Poemas

Como decirte, mi amor

 

que el mundo es tuyo

sin que suene vulgar o exagerado.

Un mundo adverso sí,

un universo quizás indiferente

pero sensible al tacto de tus dedos diminutos.

Como decirte que tu piel se abre camino en la mañana

con la misma voluntad con que quiebra el rocío

la oscuridad de la noche,

con la ternura inclemente con la que eclosiona el día

y desgarra las fibras de la madrugada.

El mundo es tuyo mi amor,

borroso aún, te pertenece.

Hoy que duermes en la plácida luna de septiembre,

hoy que descansas aún en la dulce ignorancia

y tal vez incluso en la inocencia…

Si acaso alguna vez el ser humano es inocente, mi amor,

es ahora que habitas el corazón del mundo.

Cuanto te rodea esculpe tu imagen

y da forma a los versos del poema de tu piel.

Tu respiración es el hálito desatado

de las estrellas que celosas de tu sueño,

velan en tu cuna tu descanso,

alumbrando de ternura el lienzo de tu cuerpo.

Eres libre, mi amor,

porque no lo sabes eres libre,

como el latido salvaje de los elementos

contra el nítido cristal de la pureza.

La luz de tus ojos se desprende

del horizonte infinito y silencioso,

escondes por un instante la inmensidad

en cada parpadeo y se rinde aprisionada

entre el coral de tu iris cristalino.

Te observo en la cuna,

con toda la atención de la que mis ojos,

ebrios albatros, son capaces.

Y emerge desde la oscuridad mi reflejo proyectado

hasta el universo encendido que habita en tus pupilas.

Contemplo la luna, los planetas,

gigantes enanas, supernovas que se extinguen

en la oscuridad del espacio,

quásares, moléculas y átomos ingrávidos

vibrando sobre las tiernas sábanas

como cuerdas de un piano antiguo

en una suerte de armonías estelares.

Tu corazón es un universo durmiente,

polvo de estrellas,

una catedral genética,

un lienzo inmaculado en el tiempo sin memoria

en el que solo se dibuja tu mirada desnuda

y se presta un instante a contemplarla

antes de desaparecer por siempre en la eternidad.

Carne de mi carne, habitarás este tu cuerpo

el día en que el espejo te devuelva la consciencia.

Cuando digas; “Estos son mi ojos y estas son mis manos”

conocerás la soledad,

conocerás el rostro de los dioses

de madera y mármol blanco,

la sombra de Prometeo,

el espíritu de Atlas que habita en cada individuo.

Cambiarás el universo por la existencia.

Tú serás uno y el mundo otro,

dos siameses divididos por los huesos de la humanidad.

Y así habrá de ser, mi amor,

hasta que la muerte caprichosa…[…]

 

En algún momento

 

En algún momento

cederán las columnas, se desmoronaran las efigies,

las esculturas se lanzarán desesperadas de los pedestales,

avergonzadas ante el descubrimiento de su estática quimera.

Tu lógica será tan válida como cualquier otra,

tu razón tan cierta como las demás,

tu voluntad tan fuerte como para apostar

en un órdago a la vida,

tu libertad y tu persona.

Me humanizarás,

me reconocerás débil y confuso.

Y te alzarás, de entre las ruinas del conocimiento legado,

débil y confusa,

pero dispuesta a recorrer la senda del tiempo

a tu manera.

 

10

 

Que mi voz se vierta sobre tu piel,

que se derramen mis labios en tus caderas,

que ceda la sombra de tus muslos

al bucólico temblor de mi locura,

donde habita la canícula y el tardo de tu cintura.

Soy espíritu sumiso,

brisa mansa y síndrome cautivo,

sherpa de tus labios, payés de tu mirada,

guardián entre el centeno de tu piel.

Quede pues para nosotros

este sueño decampos de trigo y polvo

de secano,

de tierra adentro,

donde son más fértiles

las raícesdel amor.

 

27

 

Hay hombres que pueden ser como el agua.

Como el agua estridente que golpea el suelo del tiempo

desintegrándose en lágrimas inertes

sobre el terreno yermo.

La emoción,

es caer desaforadamente sobre la realidad.

Una multitud de hombres cayendo sobre la futilidad del día.

Estallando como una supernova acuática,

sin redención,

contra el duro paramo de la pleitesía.

Es tarde y llueve la humanidad derrotada.

Y en la calle

riachuelos de hombres

fluyen hacia el barro.

 

35

 

Qué tarde se ha hecho ya,

para recoger fruta de la pálida mano maternal

y salir a jugar.

Qué tarde para la inocencia,

para aprender mejor lo ya vivido.

Cómo han vuelto las horas,

a echarme en cara lo que soy,

lo que sé.

Qué tarde para dormir tranquilo a la orilla del deseo.

qué tarde para cualquier sueño infantil.

Para percibir el perfume del verano,

para sentir la aventura de la noche,

para soñar con ejércitos de nubes

que se rinden al ciclón de una sonrisa libertaria.

Qué tarde para vivir sin remordimientos.

Qué tarde se me ha hecho

tan pronto.

 

37

 

Los fracasos y la incomprensión

enloquecieron mi ciencia.

A la luz de una cera enajenada,

noche tras noche

mi calavera tomó forma.

Y le adherí los restos y la carne muerta de mi lógica.

Creé un hombre

con los cadáveres de mi memoria,

creé un monstruo

y lo lancé a la existencia.

¡Yo! ¡El!

Carroña de mi propio ser

el Frankenstein maldito de mi esencia.

 

Un poema para Ivet

Un poema para Ivet

Un poema para Ivet es el primer libro de Juan Manuel Galeano

Juan Manuel Galeano

Juan Manuel Galeano

Juan Manuel Galeano (Salamanca, 1979)

Su poesía

A caballo entre el existencialismo y la desesperación rutinaria. El poemario, respira únicamente, a través de un manojo de poemas de amor y desamor, que conforman el contrapunto inevitable a la futilidad cotidiana.

Autor

Escribo poesía y prosa desde bastante antes de tener uso de razón, escribo por reflejo, sin motivo, sin justificación, solo porque no puedo evitarlo, allá donde me posee el impulso de escribir. La mitad de mi obra descansa en las papeleras de algunos bares holandeses, ingleses y salmantinos.

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