Después de un día feliz
caemos rendidos.
Yo aún tenía ganas de continuar la fiesta:
salir a bailar, ir a un concierto,
tomar una copa.
Si quieres te dejo en la puerta
del Búho Real, me dices
medio en broma, medio en serio.
Y qué iba a hacer yo sin ti, tonta.
Así que nos vamos a casa
y nos metemos directamente en la cama.
Como siempre, yo digo
no tengo ni pizca de sueño
y acto seguido me quedo dormido.

Una noche más
entro en una de esas pesadillas
de las que sólo me saca la angustia.
Siempre distintas situaciones
pero siempre la misma angustia:
desesperadamente, intento conseguir
algo imposible.

Cuando despierto siento alivio.
Pienso que debo estar expiando mis culpas
con esos sueños horribles.
Te abrazo, como si pudieras protegerme,
como si nuestro maravilloso amor
sirviera para escapar de la pesadilla
que me espera con los brazos abiertos.
En cuanto que me vuelva a dormir
entraré en un escenario simbólico
para intentar cumplir instrucciones imposibles.
Quizá pague con las torturas nocturnas
una vida feliz
que no termino de creer merecer.

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