Estamos enfadados.
Algo nos ha puesto de mal humor
pero no sé muy bien qué.
Desde luego, puedo repasar mentalmente
cada una de las cosas
que hemos dicho y hecho
en la última hora.
A ella le ha sentado mal
algo que he dicho
y a mí algo que ella ha hecho.
Después ha habido malos modos,
tono duro y cortante como un cuchillo
y, finalmente, un silencio metálico.
A ella no le apetecía discutir
y, por supuesto, tiene razón.
Mejor no discutir.
Al menos, no ahora.
Más tarde,
seguro que nos damos cuenta
de la suerte que tenemos,
recordamos que hay miles de cosas
que agradecernos el uno al otro,
también que agradecer a la vida,
y que es realmente estúpido
estar enfadados.
Seguro que un poco más tarde
recordamos cuánto nos amamos.

Anochece.
El cielo se ha teñido
de tonos violetas.
Ella está al otro lado de la casa,
sola.
Me pregunto
cómo acabará el día.
.
( de Nuevos poemas )

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