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Toda tu misión recolectando llagas,
haciendo de desiertos playas,
y esas alas escondidas en tu pecho
pudieron al fin mostrar su vuelo.









A Manuel Montero, sacerdote y amigo.
Jamás te olvidaremos.





Callejón del aire

Un refugio incapaz de niño abandonado,
una mano firme sin perfume de lluvia,
una palabra de nácar en la garganta,
una fugaz golondrina en su partida.

Un anverso de espejo roto y desconchado,
un universo de estrellas congeladas,
un aroma verde de menta en los papeles,
un bosque donde murieron frías las hadas.

Una canción que no será nunca cantada,
una limosna en el vértice de la calle,
unos surcos que beben todas las lágrimas,
un corazón añil latiendo todavía.

Un sentir sin sentido de las cosas,
una herida de daga en cada espalda,
un roce sin querer y estremecido,
una vida sin alas destinada.

Un adiós dibujado entre las vías,
un perfume olvidado en una casa,
un amor derramado en los portales,
unos besos ardiendo en las retinas.

Una esquina de orines impregnada,
un absurdo programa de noticias,
unos pasos mendigos de la nada,
unos versos llorando en sus pupilas.



jrc





Callejón del aire



Un refugio incapaz de niño abandonado,
una mano firme sin perfume de lluvia,
una palabra de nácar en la garganta,
una fugaz golondrina en su partida.

Un anverso de espejo roto y desconchado,
un universo de estrellas congeladas,
un aroma verde de menta en los papeles,
un bosque donde murieron frías las hadas.

Una canción que no será nunca cantada,
una limosna en el vértice de la calle,
unos surcos que beben todas las lágrimas,
un corazón añil latiendo todavía.

Un sentir sin sentido de las cosas,
una herida de daga en cada espalda,
un roce sin querer y estremecido,
una vida sin alas destinada.

Un adiós dibujado entre las vías,
un perfume olvidado en una casa,
un amor derramado en los portales,
unos besos ardiendo en las retinas.

Una esquina de orines impregnada,
un absurdo programa de noticias,
unos pasos mendigos de la nada,
unos versos llorando en sus pupilas.



jrc





Alquimia

He salido a comprar palabras
lleno de frío,
hipérboles azules
o cualquier chillido enfermo de silencio.
He visto mis manos vacías,
oscuras como un almendro seco,
rebosantes de caricias inconclusas
de poemas más que inéditos
moribundos del enero, del febrero.
No sé si estarás mañana al mediodía
o serás musgo,
reloj de arena, aullido, labio,
o serás un beso sólo,
una ráfaga de antaño
o esa palmada en la espalda con un adiós
escrito entre los dedos.

He podido acariciarte en el papel
sin acíbar,
sin pretérito,
sin miedo.


jrc





Alquimia


He salido a comprar palabras
lleno de frío,
hipérboles azules
o cualquier chillido enfermo de silencio.
He visto mis manos vacías,
oscuras como un almendro seco,
rebosantes de caricias inconclusas
de poemas más que inéditos
moribundos del enero, del febrero.
No sé si estarás mañana al mediodía
o serás musgo,
reloj de arena, aullido, labio,
o serás un beso sólo,
una ráfaga de antaño
o esa palmada en la espalda con un adiós
escrito entre los dedos.

He podido acariciarte en el papel
sin acíbar,
sin pretérito,
sin miedo.


jrc






Rómpeme ahora


Ya me acuerdo

de cómo leíamos todo,

los renglones de la calle que nos unían

como dos líquidos colores.

Vertiginoso el reloj ahora

recorre mi soledad buscándome ciego

en la tumba en la que estamos,

ya me acuerdo

frente a este bolígrafo incoloro,

como la sed nacía en manantial desorbitado,

necesito beber de la palabra

como tu hacías tantas tardes de poniente

y escribirme nuevamente en tu regazo.

Mientras,

el aire describe estructuras imposibles cada día

como mágicos cubos que conducen al vacío,

y la flor se marchita en tu mirada

que alzada duerme sin luz

transparentando los años que llevas a tu espalda.

Rómpeme ahora,

ahora ya me acuerdo,

cuando el cristal turbio del camino

me deja impedido de ti casi,

como una ventana rota,

y un huracán perdido es el recuerdo,

un mantel sucio, un conductor suicida,

o la simple lágrima nacida en mi memoria.



jrc






Rómpeme ahora




Ya me acuerdo

de cómo leíamos todo,

los renglones de la calle que nos unían

como dos líquidos colores.

Vertiginoso el reloj ahora

recorre mi soledad buscándome ciego

en la tumba en la que estamos,

ya me acuerdo

frente a este bolígrafo incoloro,

como la sed nacía en manantial desorbitado,

necesito beber de la palabra

como tu hacías tantas tardes de poniente

y escribirme nuevamente en tu regazo.

Mientras,

el aire describe estructuras imposibles cada día

como mágicos cubos que conducen al vacío,

y la flor se marchita en tu mirada

que alzada duerme sin luz

transparentando los años que llevas a tu espalda.

Rómpeme ahora,

ahora ya me acuerdo,

cuando el cristal turbio del camino

me deja impedido de ti casi,

como una ventana rota,

y un huracán perdido es el recuerdo,

un mantel sucio, un conductor suicida,

o la simple lágrima nacida en mi memoria.



jrc



Recítame

Léeme en voz alta y suave
para que salgan de tu boca mis latidos,
cada gota del viento que yo encerré para ti.

Recita lentamente mis suspiros
y siente lo que siento cuando no hablo.
Canta mis canciones con tu música.

Léeme con tu corazón intenso,
en un intento último de vivir en tu pupila
y morir al fin traspasado por tus labios.






 jrc

Huella de un silencio, 2010














Recítame

Léeme en voz alta y suave
para que salgan de tu boca mis latidos,
cada gota del viento que yo encerré para ti.

Recita lentamente mis suspiros
y siente lo que siento cuando no hablo.
Canta mis canciones con tu música.

Léeme con tu corazón intenso,
en un intento último de vivir en tu pupila
y morir al fin traspasado por tus labios.






jrc


De mi libro Huella de un silencio, 2010