Autores

Poemas

Ya ves, Manuel

 

Dedicada a Manuel Álvarez Machado

Ya ves, Manuel, aquí estamos,

oyendo sonar las campanas de la hora bruja,

una tras otra,

esperando a que ese amanecer,

el que está por llegar,

aquel que cabalga a lomos de una aurora preñada de juventud,

nos inunde de esperanza…

mientras tanto, seguiremos salmodiando viejos conjuros

que horaden entre sueños la oscura soledad de la noche…

 

Homenaje a Antonio Machado

 

Entrañable mirada.

Expresión triste.

Crudo verbo para el desnudo paisaje.

Tierno en el amor.

Crítico con la realidad injusta.

Enemigo de la violencia.

Se enfrentó a la muerte

con la poesía por arma.

Una guerra cruel

contra la esperanza de un pueblo,

le privó de ser feliz en una España diferente…

Su cuerpo yace lejos.

En una tierra que, de tan próxima,

no parece extraña.

Aunque extrañemos la lejanía de sus restos.

Su voz vive entre nosotros.

Sus versos aún despiertan compromiso por la vida.

Amor por la razón y amantes de la justicia.

Algunas tardes, sentado en un rincón del muelle,

con el rostro fijo, solo turbado por la brisa

y el fragor de mis pensamientos;

espero ver pasar a un marinero

con el torso desnudo.

Escaso de equipaje.

Que con mirada profunda otee el horizonte,

mientras aborda la nave,           

“esa nave” que nunca ha de tornar.

 

Soñar

 

Si pudiera dormir

arrullado por ondas suaves,

sobre un lecho de espuma,

soñaría

caballitos de mar salada

huyendo desbocados

de la lluvia.

Si pudiera cerrar los ojos

mecido por el viento

sobre la hoja de un árbol,

soñaría

corceles de noche negra

huyendo al galope

de la luz de luna.

Si me durmiera

en lecho de plumas

cubierto de seda,

soñaría

hombres de tez oscura

cabalgando hacia la vida

a lomos de la muerte.

Si el cansancio me venciera

cobijado entre cartones

bajo el dintel de un banco,

soñaría

hombres de tez clara

galopando hacia la muerte

a lomos de la vida.

Si yo pudiera soñar…

 

Donde yacen los recuerdos

 

A mi padre

La realidad es un espejismo.

El presente es una ilusión.

Cómo saber qué y por qué.

En el recipiente de cristal,

donde yacen los recuerdos,

descansan también los sueños.

Ese recinto es mi fortaleza,

en él guardo mi ser,

tras él resisto, sin rendición posible,

el ataque del olvido,

niebla espesa que todo lo cubre.

Cómo tener la certeza

de quién y cuándo.

El presente es un espejismo.

La realidad una ilusión.

Sólo queda este refugio,

mi baluarte,

urdido con el lino,

trenzado con el esparto

de vivencias borrosas.

Tramado con los hilos

de tela de araña,

con que se atrapan los sueños.

No importa qué ni por qué.

No importa quién ni cuándo.

El presente es una ilusión,

La realidad un espejismo…

 

¿Quién soy?

¿Dónde estoy?

 

De repente quieres saber

 

De repente quieres saber

que es lo que te espera,

cuando entre dos amigos,

tras una conversación,

frente a una cerveza,

la mariposa del deseo

se posa suavemente,

sobre los párpados entornados.

La realidad se diluye

entre volutas de humo azul

y ecos de significados insondables

divergiendo del presente.

Es un largo camino, muchacho…

Nadie sabe lo que te espera.

 

A Federico García Lorca

 

Federico vive

aquí desde siempre.

Amalgama de alpaca y bronce, sus versos

arañan la noche

como uñas de plata

las cuerdas hirsutas de la guitarra.

Hiriendo al silencio.

Hechizando al tiempo.

 

Lenguas de fuego

que bajan del cielo,

sobre las lágrimas de vírgenes tristes,

relumbran vibrantes.

 

Teas encendidas

que alumbran la senda

donde se sienten quejidos y ayes,

que solo entiende

 

quien anda entre sueños

con ojos sombríos,

por la vereda oculta que te lleva

al fondo del pozo

 

espejo azabache

en donde la luna se baña desnuda

las noches de mayo.

 

¡Qué no me digan más que está muerto!

¡Qué no me lo digan!

¡Qué aún no han dado las cinco de la tarde!

 

Fui a ver mi luz primera

 

Fui a ver mi luz primera

en un pueblo manchego.

Trigales en barbecho.

Majuelo y sementera.

Crepúsculos eternos

en la dura meseta.

Hielo y frio de invierno

sobre los campos yermos.

Tórrido sol de estío,

paja y grano, la parva

reverberando en la era.

Primaveras y otoños

de flores y racimos

vienen de mi infancia.

Mi juventud

rumor de mar y arena,

y perfume de brea.

Horizontes azules,

salpicados de estelas.

En las noches de calma,

rielar de luna llena

sobre el agua

turquesa, casi negra,

cubierta de faroles

de las barcas de pesca.

En las noches de invierno

inquietantes,

bramidos tenebrosos.

Capaz de estremecer

al audaz marinero.

 

Hoy al cerrar los ojos

al caer la oscuridad,

agotado de ver

imágenes reales,

vuelven a mí

olores del pasado.

Guiso cociéndose

en fuego de sarmientos.

El color del paisaje,

la luz de la mañana

en el mar reflejándose.

Perfume de hogar

a ropa limpia y cariño.

Nostalgia de un ayer perdido.

 

Las palabras no se dejan dominar

 

Las palabras no se dejan dominar.

Su ritmo surge a impulsos

desde el recipiente que las contiene.

Esa pradera en la que pacen

salvajes, libres.

Creciendo, multiplicándose.

Cuando tratamos de amarrarlas

con intención de trasladarlas

a una realidad tangible,

se rebelan, patalean,

huyen y se disuelven

entremezclando formas y significados,

hasta mimetizarse en nuevas realidades.

Nuestro cercado queda vacío.

Entonces cae la oscuridad

y un sentimiento de derrota se hace evidente.