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La fuga de las mariposas

 

Huyen las mariposas

donde el instante sobrevive,

se esfumaron las dudas,

mi amor.

Fuego y pavesas aventadas mientras

salías, ladeado y solo, de aquel triste

garito infecto.

La calle mojada, fría y negra,

no supo de ese instante que fluye y mata.

Te quedaste en tu mesa azul bebiendo absenta

en delicadas copas de Bohemia, cristal herido

por rayos azules, levemente apagados,

esnifando, apresurada, la más tibia coca, sonriendo y sola.

En la calle negra, tipos custodios como puertas,

tipos de pistola y oro.

El instante crecía inasible

a esa hermética de las cosas, penosa y gris.

Los tipos no supieron de tu gloria,

delicada muerte en la cuna húmeda de tus ojos.

 

 

La sombra

 

Esa sombra que proyectamos

sobre el suelo dérmico

¿de dónde proviene, si oscila

navega y se adelanta?.

Proviene de una precisa trayectoria

o del caos ontológico que nos abruma,

proviene.

Desciende la sombra sobre la dermis del

asfalto mientras un árbol expande desde el cielo

sus hojas olorosas donde calla el agua.

 

 

 

Herbórea, amarilla y fósforo,

recoge aún tus pisadas leves

y la forma de tus pies

que un día fueron calor perenne.

Contrito

en la habitación sola

desciendo a ese lugar,

espejos rotos que fragmentan

la robusta quietud de los muebles

y éstos cobran un impuro movimiento

que desdice y miente.

 

 

No comment

 

Responde a las preguntas:

todo se consume, se fatiga

en el vientre eruptivo del mundo,

se entierra el propio fuego

en las sangrantes, cavernosas

arterias de la tierra.

Responde a las preguntas

solo, mejor que nadie

sé de ti tu inocencia.

 

 

Fuego en el infierno

 

Fuego en el infierno.

En mi escritorio,

las ocho de la tarde.

Hay una disciplina en los objetos,

la pluma y los cuadernos

dicen de mí lo necesario.

Se trata de quemar el infierno,

las hojas dispersas del otoño

no cubren la furia ciega del viento.

Desentendido, regreso a mis fogones…

Olvidé que había quemado el infierno.

 

 

Dentro de un tiempo, las cosas no serán iguales,

porque nada es igual de un instante a otro;

fugaz como una estrella, el tiempo permanece

Inmóvil.

Creemos que se mueve, que avanza.

Sólo nosotros, seres extraviados, pensamos

atrozmente en ese avance inexorable, mientras

menos que uno, regresamos al inicio

como si nunca fuéramos no más que un esbozo.

 

 

 

La voz

 

Nunca supe de mi voz,

quién la sepulta en su esbozo,

voz que pugna,

voz no nacida que persevera

desde aquel infinito no nacido también,

sólo dibujado en un pensamiento

que niega.

Voz que anima los frutales, los ojos perdidos

tras la balconada de una mujer que canta.

Quién nutre esa voz que sabe y calla.

 

 

 

Punto y aparte

 

El vicio es cosa seria,
debe procurarse con el máximo de
precisión.
Los que bebemos del vicio,
accedemos a ese estado del abismo
que, siempre inconcluso, nos muestra ingrato,
el dolor.
Nos deja esas estrías que aventan la angustia,
la sed, aquellas rémoras trémulas de la inocencia.

 

Javier Korres

Javier Korres

Javier Korres Bengoetxea (1960, Alsasua - Navarra).
Ya a la edad de catorce años – estudiando en los jesuitas de Vitoria— gana el Premio Nacional de Relato Breve para jóvenes con VILLANCICO A UN CRISTO GITANO.
Estudia Idiomas y Teatro en el Hammersmith College de Londres. Ha sido director de la Revista Literaria “Elgacena”.
Ha publicado las siguientes obras: Este silencio sonando, poemas, Del teatro y el sueño, poemas, Homodios, relatos breves, la obra de teatro Habitáculo con fisura (inédita), - Irene Klein, novela y La fuga de las mariposas.
Actualmente se dedica exclusivamente a su trabajo de escritor y al cultivo de su pequeño huerto “Fidel-etxea” en memoria de su padre.