He sembrado de sorpresas tu día y tu noche,

de novedad tu rutina, de evocaciones la ausencia,

de imaginación estratégica tu horario laboral,

de disciplina ociosa mi tiempo,

de materia el recuerdo, de olvidos el olvido.

He dejado mis huellas en tu camino,

visitado tus espacios, decorado tus cajones,

eliminado la soledad de tu buzón,

degustado una excusa con olor a café.

He canjeado billetes por ilusiones,

amor por objetos y comida por regalos,

transformado a un camarero en Cupido,

a un miércoles en domingo.

Presente e invisible, he urdido la trama

con la milimétrica fidelidad de la mentira

y la labor incansable de la vanidad.

Vigilante, expectante, agazapado, paciente,

te he inoculado el aguijón de la conquista,

la sublime droga del imprevisible detalle.

He llegado hasta el final, tu cama, y al final, tú,

y estoy leyéndote. He recogido la cosecha.

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