en Club de poesía

En Club de poesía

Poemas

 

El pozo

 

… Solo sombras,

faltaba el aire, no había por donde salir

y en el fondo de aquel pozo solo podía escuchar mi voz repetida, retumbada por el eco vacío

de las vacías y húmedas paredes a mi alrededor,

después… el silencio infinito…

y el gotear del tiempo.

 

El hastío y el miedo cual compañeros despiadados de un pasado opresivo, de un futuro quimérico. Abandonada toda esperanza, abatido, el juicio me desahució y llegaron aquellas voces, quien sabe si, de apresadas ánimas

condenadas ahora a mi compaña

“¡No podrás salir! –decían–“¡Abandona!”

 

“¡Siéntate y espera!–soñé oír a mi lado– ¡Pronto amanecerá!”

No sé cuánto fue el tiempo que transcurrió…solo sé que amaneció.

Y allí estaba la salida, siempre había estado ahí, a tan solo diez metros sobre mi cabeza.

 

Aguardándome, desde arriba… alguien me tendía su mano

y el agua, maná de vida, brotaba bajo los pies.

 

Ni aun hoy sé cómo llegué hasta el fondo de aquel pozo

o como extenuado ,de allí, acerté a salir

a veces pienso que tal vez tan solo se trató de un sueño

y que fue también como soñando aprendí de nuevo a vivir.

Matemática pura

 

La madre que multiplica, que conjunta y la vida que a veces suma… otras veces resta.

 

Y visto desde el ángulo que se quiera ver la muerte divide lo que toca y deja los pulsos quebrados. La vida entra entonces en un círculo de acontecimientos donde los sentimientos se elevan a la enésima potencia y desde allí sustraen el aire haciéndolo todo mucho más difícil de respirar. Las probabilidades de aferrarse a cualquier tipo de fe se desvanecen cuando te sientes tan ínfimo, mínimo… abandonado de la mano de cualquier Dios: El más común de los mortales.

 

Los problemas fraccionan y traen al mundo de cabeza, pero el tiempo a decenas añade lo que falta y es en ese instante cuando se calcula todo con mucha más serenidad. Y la vida que parece no obstante querer extenderse hasta el infinito se simplifica echando el resto que es la mejor manera de sobrevivir. Todo a este lado del universo, al final resulta seguir su natural, exacto e inalterablemente preciso…

orden matemático.

 

Los supervivientes hombres de ciencias resolvieron sus problemas razonando, los de letras casi sin comprender

hicimos nuestras matemáticas… llorando.

 

 

El día en que te vuelves invisible

 

Si un día tú te vuelves invisible, nadie te va a echar de menos,

porque el tiempo, obstinado, también mañana como ayer

seguirá encaramado a las manecillas del reloj,

el aire inagotable seguirá alimentando la sed de respirar

y la luz amanecerá de nuevo sorprendiéndolo todo dormido,

por eso nadie… nadie de menos te va a echar.

 

Cuando te vuelves invisible,

el sol se olvida de proyectar tu sombra, entonces

no ocupas espacio y aunque te vuelves tenue, liviano,

etéreo como la brisa, tu voz suena anodina, indiferente

y ya nadie la quiere escuchar.

El día en que te vuelves invisible,  tu paso no deja huella sobre el polvo

ni la hierba cede complaciente bajo los pies.

 

Mirando a través de ti

todo el mundo ve como la vida sigue su costumbre,

pasando a través de ti,

la gente prosigue con su acostumbrada vida

pero… cuando eres invisible se agudizan los sentidos

y asombrado ves lo que nunca antes habías visto

y sobrecogido oyes antes de que nadie se atreva a hablar.

 

 

 

Si un día nadie te echa de menos

te vuelves invisible

y es entonces cuando las puertas se cierran, las horas ralentizan,

se atenúa la luz…y el teléfono deja de sonar.

 

 

Quédate conmigo

 

¿Dónde estás? aparece por favor ¡no… no te escondas!

¿No ves que te necesito más que nunca? y abrázame,

abrázame fuerte que si tú te vas me pierdo…me esfumo, desaparezco, me convierto en humo y quedo a merced del viento que me zarandea torpemente y me quiebra

como las ramas secas de esos tristes árboles

dormidos por el otoño, ven… ven a buscarme…

que sin ti quedo anulada, ciega, muda… mutilada

no me dejes sola que me pierdo y me pierdo mil veces más

y caigo en el olvido… y sola como ahora… desfallezco.

Quédate conmigo, vuelve…

 

¿Qué soy sin ti? Eres quien me da la vida, susúrrenme tus labios sus sabios consejos, que aunque no te oigo

parece que quisiera sentirte aquí mismo respirar

tócame… Sí…Estoy temblando…

¡Cómo te gusta saberte imprescindible!

Sabes que contigo nada temo, nada me toca, nada me hiere…

¡Apártame a los fantasmas…! Vuelve…

se han colado en mi cabeza… vuelve… o ya nunca  se querrán marchar.

 

Quédate conmigo para siempre…

soy yo…  tu cincuenta por ciento imprescindible, tu rebelde intransigente, tu consciente

vuelve… sé que tú podrás vivir sin mí… sin ti yo pereceré mañana, ¿acaso no me ves llorar..?

apiádate de mí…¡abrázame fuerte!

 

 

El principio de todas las cosas

 

Puede que… hasta me atreva hoy a entonar alguna nota…

o podría ponerle música a este soneto, quizá…

 

Me puse a crecer y crecí tan alto

que ni las más altas cimas me taparon la luz.

Desde aquella altura y vencido el vértigo de oscuros laberintos

decidí ir en mi arriesgada conquista

y comprendí que el comienzo era sin duda: Amanecer.

 

Descosí toda la vida que por error había tejido del revés

y liberé a la desconsolada magia que raptada, atrapada

había quedado oculta dentro de aquel antiguo baúl.

 

Con mis naturales virtudes como manifiesto

compuse todo lo que estaba al borde de descomponer,

sentí piedad de mis desterrados talentos

que sin mordazas y sorprendida

escuchaba expresarse por primera vez.

 

Cuando empecé a escribir, éste era tan solo un triste soneto…

creo escuchar unos acordes vencido tal vez por esta súbita

emoción

tal vez sea la música del principio de todas las cosas

que acicaladas y así casi de repente…

hoy se me han convertido en canción.

 

 

Entre las rocas

 

¿Quién no ha probado los sabrosos moluscos?

Almejas, berberechos, vieiras, ostras, caracoles, mejillones…

Me encantan, frescos, bien limpios, a la olla su hervor y al plato. Hay para todos los gustos porque hay quien prefiere comerlos crudos, directo de la roca, despegar y comer. Un poco de limón exprimidito, acompañado con una buena cerveza fresca.

Aportan vitaminas A, B, C y D. Son después de los insectos, el grupo más extendido sobre el planeta. De cualquier manera,

deliciosos y sanos.

Siempre que estemos hablando de invertebrados…

 

El problema es cuando te encuentras con uno que no lo es. Con esos que viven fuera de la olla, entre nosotros, estos también suelen ser pero que muy  frescos pero sin embargo, les falta un hervor. No los echas al plato, te salen hasta en la sopa. Estos no me gustan, ni crudos, ni hervidos sino lejos.

Los rociaría… sí, pero con spray mata-moscas

y no me tomaba con ellos… ni la molestia de mandarlos con viento fresco. No aportan: desgastan.

Repulsivos, pegajosos, son peores que los insectos, te chupan ellos a ti. Con esa concha que no abren ni para respirar, ni dialogar, ni escuchar. De cualquier manera, siempre dispuestos a complicarse la vida y lo que es peor complicarte la tuya también. Estamos hablando de vertebrados.

 

El cuñado del señor licenciado Bernabé Tierno suele decir con mucho acierto y éste así lo cita en su libro Aprendiz de sabio:

“Se puede perder el tiempo con cualquiera, sea bueno, malo, inteligente o tonto. El problema está cuando te topas con un molusco.”