escritor

Poemas

DESPUÉS DE CONSTRUIR UN ÁRBOL

He construido un árbol. He recogido las ramas de las calles
cuidando que no se cayeran sus hojas. Las raíces las encontré
debajo de un edificio derrumbado. El tronco lo arranqué
del interior de mi voluntad.
Mientras hacía todo esto una chica diferenciable me miraba.
Ella recogió las hojas que se me cayeron alrededor de los altercados de las calles,
había desmontado antes el edificio al que robé las raíces
y me dio un abrazo antes de penetrar en mi voluntad
(para) extraer de mí aquello que me sostenía.
Ella estaba buscando que le devolvieran todas sus piezas
(para) poder volver a la naturaleza que conformó su belleza.
Yo fui la prolongación de sus deseos divinales. No obstante, después de construirla,
ella se marchó al bosque con los demás árboles y ahora se confunde y se esconde
en medio de la naturaleza que conformó su belleza.
Y ahora creo que acabo de encontrarla. No podría olvidar mi propia
obra.
Noto en mis dedos su tacto. Su respiración penetra en mi oxígeno.
Pienso en grabar mi nombre en su corteza, en robarle una hoja,
en enterrar una palabra junto a sus raíces.
Sin embargo, prefiero dejar un beso en cada una de sus ramas
porque sé que los besos duran más que la alternancia de los días y las noches,
que el movimiento elíptico de los planetas alrededor del sol.
Volveré a verte; es por lo que te quiero llenar de besos:
para que siempre seas inmortal en mis miradas al infinito.

Yo vendré a regarte todas las mañanas con la esperanza de que algún día
decidas construirme tú a mí como yo he hecho contigo
y así me quieras llenar de besos y regar todas las mañanas.
¿Pero quién ha visto respirar a un árbol?

UNA PIEDRA

El tormento de las piedras es no tener una tierra
marrón en la que encontrar su forma y volverse blandas.
No hay fuego que las consuele ni agua que las transporte
si las llamaradas y los ríos son vacío y consternación.
Mi dolor es una piedra. Siempre he caminado sin suelo
ni tierra que me protegiera la voluntad y el corazón.
He extendido mis manos para mantener el equilibrio
porque lo que piso no lo pisaré nunca: nunca nada
he pisado. Ciertamente mis pies están intactos
y mi mis manos son una filigrana inútil,
más aún que pensar en ti o un hombre sin pies.
¿Y de qué me sirve tener pies si no puedo pisar?
¿O tener corazón si no soy el reflejo azul de nadie?
Preguntarme esto es como preguntarme que es el ser
humano y quién sabe qué es una persona sin conocerlas a todas.
Pero el amor es tan importante. Y más que el amor,
amar y ser amado. Son dos piedras blandas de un mismo rio.
Yo, en cambio, no bebo agua ni piso tierra, y soy duro.
Mis piedras son tan blandas como débil mi voluntad
y no merezco nada más. No soy el reflejo azul de nadie,
ni la corriente que me arrastra, ni tampoco una persona.
Veo a los demás pisar tierra y dar formas plurales al corazón.
Nada de esto me ocurre, por lo que no soy una persona.
Soy un paisaje quemado, un árbol sin raíces, una nube de miedo
que se llueve a sí misma en un intercambio íntimo, diagonal, vertical
(pero no horizontal),
verídico, doloroso, eterno, infinito. No soy nada de lo que me gustaría ser.
Pero el amor es tan importante. Si no lo fuera, yo lo tendría.
No soy más que una piedra dura y ciega (dos ojos marrones muy bonitos),
que no nota el calor y pesa demasiado para poder ser movida por el agua.
Una piedra dura lejos de la tierra, suspendida en el aire,
totalmente única y repulsiva al tacto.
Todo yo soy mi dolor. Sin embargo, solo así he conocido el amor.

PIEDRECITAS

Llenarte los ojos de piedrecitas, darte las gracias por ser como
[eres
(tanto por fuera como por dentro),
no construir nada (todo acaba derrumbándose),
las piedras son individuales y enérgicas, predecibles,
en verano se calientan y en invierno se enfrían.
Desaparecer y no morir nunca más
(lo que solo se hace una vez es lo directo de tus ojos)
mientras me reprocho lo que hicieron los demás y no yo.
¿Pero de qué sirve hacer lo que todos hacen
si estar contigo es lo único que quiero hacer?
No me susurrarás palabras como por ejemplo:
INMENSIDAD, PROFUNDIDAD, ASTRONOMÍA,
[NOSOTROS.
La utilidad de tus pestañas es la respuesta a todo:
más abajo quedan tus pupilas (velar tu negativa),
más arriba tu cabello (las olas de tu belleza),
en el centro de tu expresión de desencanto e indiferencia
(el reflejo de mi rostro en tu pupila de luces abiertas),
el uso del paréntesis en un poema triste, palabras
en mayúsculas para evitar su significado y su sonido estridente,
identificar las piedrecitas clavadas en mis manos
como puñales, salvajes decisiones y mis escasos alimentos.

Vertí una pócima viscosa y rojiza en las orejas y la nariz del
[detective.
No se resistió porque sabía que era lo necesario para conseguir
[llegar hasta el volcán.
El detective me dio muy mala espina. Intuí un aire de artista
debajo de la gabardina y en el cañón del revólver que puso
[encima de mi mesa
nada más entrar en mi madriguera con la clara intención de
[hacerme hablar como fuera.
Pero yo no necesitaba una pistola apuntándome al pecho para
[explicarle
todo lo que quería saber. La mayoría de sus preguntas eran
[inútiles
pero tenían un cierto encanto a palabra impresa en la superficie
[de una piedra,
lo que también me llevó a pensar que el detective tenía algo de
[artista.
Le pregunté si le gustaba el arte y me contestó que lo suyo era
[el misterio.
Yo conocí al artista. Una vez vino a consultar su suerte en los
[astros.
Tuve que mentirle. Todos lo hicimos. No fui el único. Lo
[hicimos
porque no merecía saber que iba a morir en el interior de la
[pirámide.
Le ahorramos unos cuantos días tristes. Sin embargo, lo peor
[de todo
es que al artista no le hubiera importado morir y hubiera ido a
[verla igualmente.
La quería mucho. ¿Usted ha estado alguna vez enamorado,
[detective?
Sí, me contestó. Pero no quiso seguir hablando sobre este
[asunto
así que se interesó por la manera de entrar en el volcán. Fue
[entonces
cuando le hablé de la pócima que te protege del magma. Él
[aceptó
metérsela por las orejas y la nariz. Le alerté de los peligros que
[ello conllevaba.
Era posible que se quedara ciego y que aquel líquido lo
[trastornara
terriblemente hasta hacerle olvidar en qué lado del pecho tenía
[el corazón.
No importa, soy el detective, me dijo. A mí corazón no se entra
[por el pecho.
Antes de proporcionarle la pócima le miré a los ojos. Eran
[marrones oscuros.
Después de meter la pócima dentro de su cuerpo, el detective
me preguntó por las palabras que había escritas en la superficie
[de las piedras.
Todas las palabras quieren decir lo mismo, detective. ¿Quiere
[que consulte su futuro
en los astros? No, me dijo. Pero yo ya lo había hecho. ¿Seguro?
Estoy seguro, astrólogo. Después el detective se guardó el
[revólver en la gabardina
(apestaba) y salió de mi madriguera. Hasta la noche no dejé de
[temer mirar a los astros.
Cuando lo hice y hube comprobado el futuro del detective, no
[pude evitar
soltar un grito de espanto. Pude ver una pirámide reducida a
[polvo.
Piedras sin inscripciones en su superficie. Un río seco.
[Archipiélagos destruidos.
La tumba del artista vacía. Y en el volcán no estaba ella,

sino que el artista y el detective se daban la mano a través de
[un espejo.
El comisario había muerto. Los demás llorábamos mientras
[escalábamos
la montaña y huíamos de los fuegos de la explanada. Ella había
[desaparecido
para siempre.