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PHILIP SYDNEY

“Tonto, me dijo mi Musa, mira en tu corazón y escribe”,
busca el silencio que trona,
el amarillo que huele a número que suena,
el alma que se escapa por la morfina de las geishas,
estarás entre el cielo y la libertad,
la memoria de los almendros y el champán de tus zapatos,
hazme caso, cuando sientas una hebra de paja en el corazón,
escribe, escribe en el suelo, en las servilletas de los cafés,
en las paredes, en la imaginación de la leche,
pero escribe, a dentelladas, con vino,
con sangre, con crápula, con nada,
entre los árboles, en el agua, en los cementerios,
como todos lo hemos hecho,
antes de ser hijos del carbón y creer en la lengua como tierra de limoneros,
porque la poesía te dará una lengua de dragón,
un proceso de carne contra el mundo y contra la luz,
y sentirás oscuridad y parto de teléfonos derrotados
y sentirás dolor, como quien enferma de cáncer,
pero, no lo olvides, en todo ello estarás tú,
vivo, restellante, actual, para ti, en medio del mundo.

(De “Ars poética 1 de febrero día de la desolación”)