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Cecilia

Cuando te hablo confundo la tierra
Con los pies de las estrellas. Es como amar
A los hombres que tienen panaderías en los ojos,
Como si tú conocieras mis ciudades, el hambre que soy,
Las églogas a las que pertenezco, el pan, el suicidio.
Cuando te amo separo las aguas,
Porque estoy hecho para celebrar la vida,
Este mundo que viene desde el hundimiento
Del spray, desde la consagración de los veranos.

Prefiero dormir contigo cuando llueve
En las ventanas. Escuchar el viento en el madrid
De tus besos. Usar el baño para lavar
Nuestros cuerpos. Asomarnos a la carne de la tormenta.
No es tanto el dolor cuando se ama tan despacio.
Vivir solamente por orgullo o bravura, sentencia o navegación.
Y tú conmigo, alargando este romanticismo de manzana.
Y yo contigo, porque nada es difícil si tú estás a mi lado.

Quiero tener tus zapatos cuanto tus pies están descalzos.
Sentir cómo se compone tu vida cuando el tiempo se vuelca,
Cuando las casas se encienden, cuando los bosques se aman.
Quisiera recordar aquella época en que nos descubrimos,
Y tú te compraste un vestido de hilo y yo leí entonces a Homero.
Tal vez me gustaría ofrecerte una tierra en la que vivieras
Como una madre, para poder deshacer el toro del instante.
No olvides que yo te amo con las manos llenas de agua,
Como una fruta que olvida, como un arma que calla,
Como si los árboles se destruyeran entonces en los stadiums.

Si pudiera acompañarte todos los días a las montañas
Y encontrarte con tus pies sobre los pájaros,
Los ríos que buscan el hueco de las anatomías, tu pequeña risa,
Vestida de vodka, entre la noche y los libros,
Almacenada de espigas, más allá del tiempo que bordea los hoteles.
Si pudiera dormirme entre tus brazos sin historia,
Construir la casa en la que habitar una esperanza posible,
Añadir a nuestra vida el récord de la radio, la ciencia del trigo.
Supongo que de este modo todo ocurriría con la llegada del telegrama.
(De “Cecilia”)