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ALFONSINA STORNI

“Hombre pequeñito: te amé media hora: no me pidas más”,
porque es suficiente con amar un segundo, un instante, nada,
tan sólo lo que dura el alimento de los perros,
tan sólo lo que persiste en la inevitabilidad de los hilos de la luz,
tan sólo en lo que pervive en las hélices de los helicópteros,
porque amar no es un compromiso eterno,
ni siquiera un manto de fiebres nocturnas,
amar no es una pasión romántica, ni un buen sentimiento,
ni un almacén de lirios en la universidad de la vida,
amar es un caballo que se desboca,
un verano de whisky y playas solitarias,
un viaje hacia el fin del mundo,
una rosa, una hiena, la adivinación del hachís,
amar es el primer beso que se da siempre al final de todo,
es empezar algo que ya se ha acabado,
un ir y venir,
beber danones entre acantilados,
ocupar los paseos marítimos con las quillas de los barcos,
porque, al fin y al cabo, de amar, cómo decirlo, siempre estamos cansados.

(De “Ars poética 1 de febrero día de la desolación”)