La bandera del mundo

Tengo recuerdos de mi infancia,

diminuta, casi inexistente.

En tierras de  castilla eterna,

que da nombre a la lengua del mundo.

Donde la ropa limpia, inmaculada,

ondea, al sol sobre un prado verde.

Crecí, y seguí viendo, la ropa siempre,

tendida al sol y al viento en otra tierra.

Viajé al sur y encontré  ropa  lavada,

de las gentes, de otro color y otros ojos.

Viajé al norte y la ropa del hombre,

también se seca, colgada al sol.

Recorrí el mundo, y hallé siempre,

la segunda piel, tejida, del ser humano.

Extendida, como el hombre de vitruvio,

ondeando, al viento que rodea el orbe,

sin preguntar a quien seca.

Libre al sol, que da la vuelta al planeta,

sin preguntar a quien calienta,

secando las banderas recién lavadas,

sin mástil, sin patria y sin tierra,

La ropa que cubre a los humanos.

Esa es la bandera del mundo.

Tiende sin vergüenza, tú ropa al sol,

y ondeara en tu casa la bandera universal.

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