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Poemas

EXTRACTO DE LA OBRA.

II . primeros minutos

 

El paraje penúltimo.

Carmen empuja mi camilla,

está nerviosa y no para de hablarme:

trato de decirle que se le ha quedado pegado un Mercurio incandescente

entre los rizos,

pero no parece entenderme…

no vocalizo con las gorgonas habituales de mis palabras

(no se han enjoyado con sus collares pérfidos,

los de los ayunos por la sombra,

los que guardan en esa cueva donde sinviven y versan siervos y siervas mudos).

Será por eso que no.

 

Lejos de todo este caos incomprensible de sueros, pacientes y prisas por la vida,

algún dios frustrado debe haber cogido una navaja y ha rascado mi boca

hasta hacerla desaparecer.

Que no sé hablar.

 

Erosiones y mutis.

Lejos de aquí Erosiones.        Me matas.

Mimesis y mitos.

Debes de tener nueve maneras de peinarte

y sesenta satélites perdidos en los que nunca hubo rastro de agua

pero la vida revienta porque se da.

Toso y me duele. Nadie fuma.

Que no,

cielo,                                       que no.

 

Latido cardíaco ensimismado.

 

 

06.abril.07 – Viernes: Ceremonias sin mí

 

V . bienvenida: merced a Jasón

 

Día uno.

YO, el recién coronado de pesares y alientos

recogidos en la última costa.

¡A mí los reyes agotados en el destrono!

Bebed, ostentad, replicadles a los eternos,

encended las mareas etíopes:

hoy es un día de celebración y las costureras de los cuerpos

ya lo habían anunciado,

 

 

Estoy aquí de nuevo.

 

 

Día uno en las nuevas suertes de esta plantación de quejidos.

Habitación 321, tercera planta.

El Elegido reclama los estigmas que le pertenecen por ley,

¿La herencia o el revoloteo matinal de la sangre?

¡milady, milady! alada, oscura y sin techo

estoy más que contestado.

 

Mi reino silba cumulonimbos vetustos:

a mi paso los rinocerontes inmortales asienten complacidos

a lo largo del pasillo,

los ejércitos forman,

las musas mordisquean las esquinas de las paredes

(solo pretenden que los hambrientos rieguen

hasta lo más alto de la merma)

los más pequeños saltan contentos cerca de los acantilados,

la luz se alegra,

el viejo bosque de goteros infla los pulmones satisfecho.

Incluso los cirujanos se bajan del triste elefante de hierro:

me saludan.

 

Todos sabían que volvería.

 

Yolcos, o como te empeñas en mal llamarte, Poema:

jamás te perdí de vista.

Yo te canto mi fausto por el reencuentro en capricornio menor,

y ni tan siquiera las penas de los vivos ensombrecen esta fecha

a pesar de que

 

la familia de la habitación contigua llora una pérdida.

 

Él y yo; dos menos.

 

 

 

10.abril.07 – Martes

 

X . preparativos (I)

 

Ojeras de la última noche en la tierra.

La noche en vela tejiendo velas impunes.

Lamo el índice y lo levanto:

se acerca una ventisca de adioses en esperanto…

…es una vida inmejorable para partir,

sin vida —deshagámonos del peso innecesario—

y sin una sandalia.

 

Víspera de quedarse.

Miseria y los argonautas: dejadme en tierra o desmembradme.

 

 

 

XIII . Filatelia: angustia maternal

 

Parto madre. No cedas al síncope.

Las osas menores del techo se afligen.

La habitación es un sello,

un absurdo incalculable de coleccionista:

sentada a mi lado en esa butaca

has protegido mis réplicas y mis carnes

en presencia de ellos

cuando los oráculos no querían darme Nolotil,

le han crecido zarzas a la camilla mientras dormía

—roja siembra… pusilánime tesoro en mi espalda—

arrancándome tú sus uñas pulidas hurañas pálidas hundidas.

Los temblores han sido bizarros entre estas cuatro paredes

por lo cual te pido este acato lo quieras o no:

Quédate en tierra

—pensión de abrazos y techos de roble—

Aquí te quedes aquí firmaré mi advenimiento.

Allende las mesas de operaciones Quirón

derrama lagos congelados,

llora                            lagos                           congestionados,

no conoce otro modo más solemne de despedirse.

 

Ni una palabra más.

Yo ya estoy en camino:

jalead a partir de hoy las lluvias de honor

que os quedan a vosotros.

A ti, madre,

te juro el rubor en las mejillas de ellas a mi vuelta con esta

coma disecada:

Adiós,

 

12.abril.07 – ¿Jueves en donde?

 

XV . botadura fingida

 

Calma.

Hoy pensaba escapar pero suceden

los mares rojos, la quietud,

traumatismos que nadie ha visto porque los catalejos

acercan las islas deliradas

—en realidad, el caparazón de un reptil dormido,

súbito y desmedido—

pero a los espejismos eslavos —nosferatus y tragedias—

los ocultan:

 

tengo faunas vanas en la cabeza.

Calma.

 

Debajo de mi camilla hay entes con la sangre fruncida,

ávidos

de devorar a mis tres derrames cerebrales:

Dies irae por no dejarles.

Nadie contaba con estos tres nuevos tripulantes

—coágulos espartanos de pocas palabras—

sin embargo, una vez han asomado,

todos han botado mi lecho en renuncias de ruinas

para que mi maltrecho saquito de huesos

engorde algo en la UCI.

 

 

13.abril.07 – Viernes

 

XVII . desubicados

 

UCI, 09:15

 

Primeras semanas de dudas a la deriva.

Goteo intravenoso a razón de la proa

rumbo a las nadas.

Expuestos a los cambios de advientos,

aires que pesan 21 gramos,

ninguno supusimos esto:

estar varados mirando por primera vez

 

el salitre que nos empape de pies a marea

será

el inicio de nuestro embalsamamiento.

Toma de decisiones:

no tenemos nada que comer

por lo tanto sacrifiquemos a los dos últimos bueyes

ofrezcámoslos

y lancemos por la borda su carne.

Quien bien te quiere

te procurará famélico…

 

y después pensaremos hacia dónde dirigirnos.

He dicho.


XX . infinitésimos

 

Áspid me estrena en somnolencia

mientras tiendo a cero en el lecho de este pellejo:

yo quiero jugar debajo de la camilla a que vienen los malos

y no nos ven.

Allí donde las piernas son moneda de cambio

los mercaderes bromean sobre mí,

luzco la pandemia del doblón de oro:

mi fémur vale la lección más vieja del mundo

pero ahora ando en tratos con libra y lúgubre.

En tanto en mareos

en cuanto ataques de ansiedad:

tiende a cero mi esqueleto

porque poco queda ya de la proa y la cabeza que porto.

 

Odisea iniciada a mi pesar.

 

Asisto al mengüe yo y los que vienen de visita

y yo estoy al otro lado de las palomas

—perdón—

de las palabras,

las que se elevan hasta donde nadie ha escudriñado

el rincón atmosférico del fervor y la fiebre.

 

Yo os creo cuando me decís que me veis bien,

creedme cuando os confieso

que me toco las costillas y no me noto la vida.


XXIV . y los abrasa

 

Talos gruñe.

Tres veces al día pasea por desesperación

su patio rojo de tres zancadas y medio malagüero:

lo quiere limpio de huesos y músculos,

tal y como lo vio el día de las sentencias mensas.

Talos se gira.

Pisamos su tierra hace tres décadas,

o tres horas:

tres profetas profanan su profunda

mal-dad.

El último representante de la raza de bronce

coge a los tres intrusos

se mete en el fuego

espera a que su cuerpo esté al rojo vivo

 

y los abraza.

 

Yo tengo tres derrames cerebrales

y comprendo su animadversión

y su abrazo.


ODA A MI CUERPO AUSENTE

 

Eparina.

Cánula hipodérmica.

El Gran Diluvio Epidural

 

pongo a salvo a cuatro,

únicamente a cuatro ejemplares;

nadie más cabe en sismos sobre la canoa ojerosa en que

me he convertido,

quepo yo

y tres verdugos obturando mi cordura.

Machos y carnívoros, para colmo:

de no sobrevivir a las inminentes MedeasMareasSinMares

obrad olvidos y nichos justos.

 

Oda persa a las encías que se apagan

designios de pinchar en hueso para los restos,

leve es leve,

sin embargo el día que me ponga de pie

a pesar de pesar hético -vuelto en ansias desde Jericó-

mis tobillos se partirán, así quiebran las macetas.

Cerámica rota.

Lástima de venitas,

cantadme un ajenjo a ver si recupero el apetito…

la piel se me ha quedado ancha; cortaré lo que sobre

y tejeré una alfombra de bienvenida

para que todo aquel que pasee descalzo en ARGOS

sienta la anemia antes de entrar.

En mi.

Mes y medio rezagado en respiraciones,

que no sobran, no,

congelado florecer entre médicos que no conozco:

lo más natural sería lanzarme de espaldas en esta boda de espectros

esperar a que alguien me coja

y se pinche.

Una gota

una nomás

solo una

la necesaria para verla caer al suelo

y demostrarme que pese a todo

 

aun no estoy entre vosotros.

 

 

XXXII . génesis

 

Hoy me dicen que mi prima María nació hace unas semanas

o puede que me lo dijeran ya y no me acuerde hasta hoy.

A ti te encontró Ana en una nube que pasaba rápida

a mí en la cuneta de una carretera.

Es posible que, en un momento dado,

nos cruzásemos mientras yo me alejaba y tú te acercabas

 

y me dieras la manita para volver a casa.

Olvídate de las tareas odiseicas

y de las sílabas atroces de nueve cabezas primo,

y aunque parezca que no esté escuchando

cántame las boreales míticas, que tengo sueño.