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Autores en Club de poesía

Poemas

EXTRACTO DE LA OBRA INCIENSO Y TINIEBLAS:

 

La historia de una piedra

 

El caso es que estoy

recién levantado,

aliviado

de un dolor de costado.

El olor a lluvia,

los zapatos mojados,

el choque de la luz de las farolas,

es todo

gris igual

¿no?

Y ya voy un pie por delante

cuando

lo quiero destruir todo

(mi impaciencia congénita

me pide nuevas ambiciones

siempre sediento

de algo más por sentir…)

De golpe,

miro alejándose

una piedra por la lluvia,

su dócil fluir,

su

domada sien calcárea.

Su historia

es tan buena como la mía.

Como lo es cada gramo

pulido e inmortal de mi vida,

cada mirada distraída

que no iba a ninguna parte.

Igual de válido

por lo menos.

¿Por qué necesito

luces ostentosas,

banales demostraciones

de mi felicidad?

Si me paro a detener un día gris

y comprendo,

si puedo detener una millonésima

de segundo

y decirme que no es el color,

que si lo quisiera

una brizna de hierba

sería el todo.

“¡Has hecho muchas cosas

en la vida, ¡que interesante!”

dijo por decir,

una chica sin rostro

que ya no recuerdo.

 

Y no sé puede que sí

pero,

de qué va el tema

¿de pisar muchos sitios,

de probar muchas vidas?

¿O de comprender ni que sea

la historia de una piedra…?

Un día oscuro

 

Un día me levanté

en el cerco que rodea

las veredas de mis sueños.

Era

una noche muy fría.

Ya no sentía nada

Se habían comido cientos de hojas el cúmulo prohibido

de ahogadas legumbres en el plato.

¡Como pesa

sobre la mesa

el saberse vivo

sin un día que llevarse a la boca!

Quise no tener

la boca llena de tierra y hormigas

y decirle a todo el mundo

que me ardían los ojos de maldad;

pero muchos tenían los dedos

flotando en la suave mansedumbre

de un cesto de frutas de plástico

no les culpo,

es una vida fácil…

Como si fuera mejor mi elección,

sacarme los ojos

para en su horadada locura

buscar linternas.

Al final

Lo conseguí.

En un sombra pulida y densa de oscuridad

me tragué el nihilismo de mis umbrías

y me dije en un estertor:

“mentiras nunca más”.

¡Caray! Cuanta sinceridad

—dijo un gato negro —

¿y piensas ahorcar la primavera

en tu patio

y esperar que no caigan

las hojas en otoño?

Dije que sí

pero al final fue que no.

 

 

Tierra

 

El sonido de la jungla

silba ardiente sobre mí,

el dulce paladar de las serpientes

envenena mi voz de dulzuras,

soy

como

una esquirla de flor hecha de cedro,

madera de roble y ungüento,

majestuoso y lustrado

de luz incolora.

Como

una armonía

que me descuelga

de las lianas

y me deja

otra vez

en la cuna pura,

en la falda mismo

del valle.

Me acurruco en su regazo

y lleno de agua del rocío

me despejo

me restriego los ojos.

Buenos días

tierra.

 

No saber nada

 

Es ingenuo pasearse

por el mundo

con un clavel dorado

cargado de buenas intenciones

en la mano.

Esquirlas multicolor

¡oh sí!

tantos dolores

¿y para qué?

¿por qué no nacer

con el alma castrada,

engullir

sopas de sobre,

atún de lata

¿ no saber nada?

No enamorarse del amanecer,

no aspirar aromas de otras fronteras,

no saborear jugos imposibles

¿por qué no

cambiarlo todo

sólo para

ser uno más

y no sentir dolor?

Pues no

me tocó

el espíritu fractal

cargado

de metalingüísticos dolores

que no van a nada.

Es bonito

a veces

me mata.

 

Lágrimas de cera roja

 

Caen lágrimas de cera roja

del techo de carmín,

mi cabeza busca senderos

que aún estén por abrir,

voces lejos de la ventana

lejanas arenas desconocidas,

soles que no sean de hormigón.

Pero me atrapa la lentitud

con la que se mueven hacia mí las paredes,

quedo aprisionado entre los lomos

de dos caballos locos que chocan contra mí.

Luego siempre emerjo de mis propios gritos

y me levanto otra vez dispuesto.

Y de repente

caen de nuevo lágrimas de cera roja

del techo de carmín.

Mis monstruos reaparecen

y son yo mismo

y reaparecen

y son yo mismo

¡Saldré al balcón a pelearme contra algo que no sea yo mismo!

 

¡Ey!

 

¿Donde están los mares brillantes las perlas de jardín?

Me prometiste una risa eterna para siempre

¿Donde nacen los aromas que no volveré a atisbar?

Y

 

(…)

 

un silencio que lo sacude todo

es el mejor fin.

INCIENSO Y TINIEBLAS

Daniel Clemente

Daniel Clemente Buchaca

Foto Danielweb