I

 

Todo olvido es un comienzo.

En cada palabra perdida,

en cada memoria abandonada,

se anuncia un nuevo principio,

un tiempo único e irrepetible.

Por eso cada comienzo es distinto

y, a la vez, siempre el mismo.

Olvidar es entregarse a fuerzas que nos exceden

en la marea de un tiempo difuso.

Lo que hoy nos parece pasado

encierra, tal vez, más porvenir que el presente.

El progreso es una ilusión,

pero lo es también el retorno o la conservación

de lo que creemos más digno y venerable.

Al olvidar abrimos posibilidades antes vedadas

por una decisión perdida en el tiempo.

Todo inicio es una traición y un nuevo pacto.

La historia pone en marcha anhelos

que ayer aborrecimos

pero que hoy nos resultan fascinantes.

De ese modo, la historia es el escenario

donde se inauguran en un mismo acto

las fuerzas de lo fantástico y de lo terrible.

No hay nada más atractivo a nuestra vista

que el espectáculo de la aurora y del ocaso;

no hay nada que exalte más nuestros ánimos

que la contemplación de un final cataclísmico

o de un inicio explosivo y luminoso.

Somos un amanecer que anhela el ocaso.

Somos también el resultado de un sueño

que ha olvidado su origen.

Construimos memorias

para simular la ausencia de recuerdos

y negar lo que nos ha conducido hasta este punto;

inventamos un pasado

porque  nos parece absurdo vivir abiertos

a un horizonte de experiencias sin límites.

Nos sentimos a gusto en medio de fronteras

y aborrecemos el descuido de las mismas.

No estamos hechos para entregarnos

a todas nuestras posibilidades.

Somos el temblor de un olvido

que se ha olvidado a sí mismo.

 

 

IV

La mañana se abre

en un montón de ruidos discontinuos.

Al final del paisaje

escucho aún

el silencio de la noche.

 

 

Intento de definiciones

Si pudiera expresar el deseo, diría:

el deseo es un límite absoluto

donde se encuentran el pasado de un anhelo

y la flecha fortuita de un rostro de niebla.

Sería como la conjugación de dos símbolos desencajados,

vueltos a la extrañeza pura de un abrazo de sombras

y de minucias libres.

 

El deseo crece un día

y se escabulle hacia parámetros informes.

Pretende abrazar el alba de un seno

y se transforma de repente en una pausa líquida.

El deseo construye una arquitectura de miradas al viento,

levanta con sigilo pedazos de luz en un claro de noche,

horada el silencio con sonrisas de nácar

y juega, en fin, a la posibilidad de lo sutil en lo permanente.

 

El otro nombre del deseo es el ansia.

El ansia es el intento de atrapar lo inasible.

Lo inasible es el deseo de un rostro que no me pertenece.

Entre el deseo y el ansia

–entre lo que ellos son, entre sus sinónimos afines–

nace un espacio de calamidades y de reposo.

Si no constituyera un exceso

llamaría a ese espacio vida.

La vida es una apuesta de infinito

en el centro de una selva de certezas y de miedos.

Toda búsqueda es una postración,

por eso la vida es un fracaso.

Fracasar es arriesgarse al deseo

y reencontrarse, una y otra vez, con el humo

de un cuerpo que no se pudo sujetar.

 

Si pudiera decir una cosa más, diría:

el deseo es la vida del otro que se nos escapa.

 

 

Al escritor

 

¿Dónde quedó tu sueño de vacío?

¿Dónde el anhelo de un espacio ceniciento y puro?

¿Por qué abandonaste la fe en las caricias desnudas del alba?

¿Por qué tu voz se expurgó para siempre

de esa pléyade de rostros indecisos y violentos?

 

Eres tú el mismo y, sin embargo,

¡qué estragos han provocado los años en tu sombra!

Quisiste triunfar con palabras arbitrarias

y con sentencias retenidas en el laberinto de los días.

No lograste mucho, empero.

Tu alma revocó, uno por uno, los atrevimientos de tu cuerpo.

Enfermaste. Caíste preso en la ficción de lo decible,

en el espejismo del diálogo directo,

del signo transparente.

 

Hoy las cosas te han dejado de hablar.

Hoy los objetos te han regresado desdeñosos tu confianza,

condenándote a una vida de recuerdos precisos.

 

¡Te exijo que me veas de frente!

¡Te ordeno que arrojes fuera de ti

toda creencia de sucesos ordenados!

 

No hay tiempo ya:

¡Haz estallar la Historia en una multitud de esquirlas heteróclitas!

 

Search
Archives