Koroa Batekin: “Nunca he dejado de escribir. He compaginado siempre las letra con el trabajo, los estudios y la maternidad”.

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Bajo el Pseudonimo Koroa Batekin, Helena Vilella lleva mucho tiempo escribiendo, “La carta de la luna” supone la confirmación de Koroa Batekin como escritora. Koroa con su libro es el número uno de la colección poesía de Ediciones Azorín, un sello con orígenes Alicantinos y Murcianos.

1. ¿Cómo y cuándo surge tu pasión por las letras?

Mi pasión por las letras nace desde temprana edad.
Recuerdo con cariño las horas de clase de lengua en EGB, donde mi imaginación volaba libremente por el espacio de aquella aula.
Redactar historias y escribir poemas ya eran una vocación muy clara para mí.
Los libros de lectura nos enseñaban la literatura de la generación del 98 entre los que se encontraba: Azorín, Pío Baroja, Ramón del Valle-Inclán etc… Pero a mÍ quien me marcó lo suficiente para amar la poesía fue Antonio Machado.
Con los años me he servido de la poesía para descubrirme a mi misma, para comprenderme y desahogar mis miedos y frustraciones. También para vocear un grito de agradecimiento a la amistad, al amor y a la vida misma.

2. ¿Qué has estado haciendo todos estos años?

Nunca he dejado de escribir. He compaginado siempre las letra con el trabajo, los estudios y la maternidad.
Aún tengo guardado en el baúl del tiempo muchos cuadernos de cuentos, relatos, poemas y palabras al vuelo, que son citas acerca de mis vivencias personales.
El hecho de que yo no publicara mis obras no significaba que se agotara mi inspiración, por lo que a menudo mis musas pedían refuerzos. Y las seguían un ejército de musas bien entrenadas.
Yo me sentía abstraída por sus sugerentes soplos de inspiración. Estos han sido siempre caricias de satén que me aislaban del espacio terrenal, y me dejaba guiar como una hoja ligera llevada por el viento, sabiendo que era un momento precioso para Mí. Y lo sería para otros corazones que vibrarían conmigo a la vez.
Durante todos estos años he asistido a presentaciones de libros, recitales de poesía y encuentros literarios, siempre desde la sombra, en el más riguroso anonimato. Solía leer y escribir en la tranquilidad de un silencioso parque o entre el bullicio de un café a media tarde.
A menudo concursaba en los premios de poesía o narrativa que iba encontrando al paso. Siempre ilusionada por ganar un premio corría hacía la oficina de correos con mi paquete y el deseo por un galardón que se haría de rogar año tras año.
Nunca llegaba el día de la grata sorpresa a mi buzón y esto me hacía titubear sobre la idea de tirar la toalla. A veces me cuestionaba si realmente mi poesía tenía algún valor. Pero a pesar de los desencuentros con los jurados de certámenes literarios nunca me dejé derrotar. Porque aquellas experiencias me llevaron a trabajar duro, más constante, adaptándome a unas condiciones establecidas, aprendiendo a perfeccionar mi estilo, enriqueciendo mi vocabulario y dejándome guiar por las musas que. A fin de cuentas ellas lo hacen mucho mejor. La ilusión y la fe ciega han sido los dos pilares que sostuvieron mi trayectoria literaria como participante. No miraba atrás anotando gastos, sino todo lo contrario: veía una inversión que a largo plazo recompensaría todo mi esfuerzo.

3. ¿A qué se debe el nombre de Koroa Batekin?

Simplemente diré que, cuando me preparaba para estudiar Filología Hispánica
(cosa que nunca llegué a estudiar, por circunstancias de la vida que tampoco importan ahora demasiado) escogí como segunda lengua el euskera. Me dediqué a leer a los poetas vascos. Fue entonces cuando descubrí la poesía de Gabriel Aresti y me quedé tocada por él. Leí sus extraordinarios poemas y me fascinó especialmente uno. Nire izena. Lo escribí y después lo guardé. Al tiempo comencé una novela y tenía que buscar nombre para la chica, y nada me gustaba, porque nada encajaba con el perfil de mi querida bohemia. Un día por sorpresa encontré aquel poema de Aresti y me emocionó profundamente al releer aquella palabra que tanto me caló. Entonces comprendí, que allí estaba su nombre. Era algo así como estar predestinada para ser llamada así, Koroa Batekin. Hasta entonces siempre firmaba mis obras bajo el seudónimo de “Helena de Troya” por mi amor a la historia griega y en especial a la de Troya.
Pero entonces comprendí que mi verdadera identidad literaria se encontraba en aquella estrofa maravillosa de Aresti y me regalé aquel nombre.

Koroa Batekin fue mi seudónimo para concursos. Firmé tanto con aquel nombre que casi llegué a olvidar el mío propio. Me ha acompañado desde entonces como un personaje invisible para todos, pero real y único para mí.
Tal vez Koroa sea esa otra Helena que casi nadie…
o nadie…ha llegado a conocer.

(Epitafio escrito desde un fragmento del poema Nire izena de G. Aresti)
Hiltzen naizenean egonen da
nire lauzaren gainean eskribu hau:
“Pensatzen dut nire izenanire izana dela,
eta eznaizela ezer ezpada
nire izena”.
Koroa Batekin

Que viene a decir:
Cuando yo me muera se podrá leer
la siguiente inscripción en mi mausoleo:
Pienso en mi ser que es mi nombre,
y que no soy
sino mi nombre.
(Corona de Flores)

4. ¿Qué fue lo que impidió que publicases tus obras?

No sé el motivo exacto. Tal vez no fue uno solo, sino un cúmulo de pequeños obstáculos lo que hizo que mis obras se fueran apilando año tras año en el baúl del olvido.
Bien cierto es que en la maravillosa tarea de las letras se llega a sentir una gran satisfacción durante el proceso de la obra, pero por mucho que te guste el resultado, siempre albergas ciertas dudas sobre el efecto que pueda causar sobre resto del mundo. Ahí puede ser que se halle la respuesta. Miedo a defraudar.
Así que, a falta de arrojo y decisión, día a día seguía guardando mis obras en el baúl del recuerdo. Por entonces solo algunos amigos que vivieron muy de cerca mi pasión por las letras, disfrutaban y compartían sus opiniones conmigo, aunque no me resultaba demasiado objetivas ya que había demasiado cariño de por medio. Por otro lado, he de decir que, en aquella maravillosa época bohemia, mi orden de prioridades era otro. Mis obras delatan una imperiosa necesidad de aprender y crecer creativamente.

5. ¿Cuándo tomas la decisión de publicar?

Al cabo de tantos años haciendo lo que más me gusta, no me propongo publicar de un día para otro. Comienzo a recibir progresivamente señales, que tal vez ya estuvieron hace veinticinco años ante mis ojos, pero por cualquier motivo no las pude leer.
En esta etapa de mi vida, llena de cambios, debo estar más receptiva a las señales que me indican el trayecto. Algunas palabras mágicas, y digo mágicas, porque son inesperadas y obran milagrosamente en mi interior, removieron entre escombros de unas ruinas perpetuas, y allí fui encontrando fragmentos de un tesoro muy valioso. Bastó con limpiar y pulir aquel hallazgo para ponerlo en un pedestal, y por fin aprendí a admirar una obra única y bella.
Cuando crees ciegamente que puedes y deseas con todas tus fuerzas que ocurra, el universo confabula para que captes las señales y divises tu horizonte.
Y ya no habrá mapa, faro, ni brújula mejor que tú para alcanzar tu destino.
Todo mi pasado ha sido un tiempo de labranza y trabajar la tierra con su duro esfuerzo ha merecido la pena. El año 2014 fue uno de los mejores años para mí y dejarme zarandear por el universo me ha llevado hasta aquí.
Ahora sostengo con fe que habrán muchos años prósperos, muchos sueños cumplidos y muchas obras más para disfrutar.

6. La Carta de la Luna es tu primera publicación pero no tu primera obra.
¿Por qué motivo escoges esta?

La Carta de la Luna fue escrita en el año 96. Anteriormente había escrito otras muchas obras. Pero esta siempre fue muy especial para mí. Al tener que escoger una obra para editar, me dejé guiar por el corazón.

7.¿Te has planteado continuar publicando?

Ahora que he tomado conciencia de estas sabias palabras que leía en mi juventud:
“La poesía no es de quien la escribe si no de quién la necesita”
(Pablo Neruda)
Dejaré mis riendas en manos del universo para que todo lo que deba suceder, suceda.
Y segura estoy, de que habrá más publicaciones. De momento me gustaría disfrutar de esta como se merece.

8. El título.

Para mí los títulos son de gran importancia. Ellos ponen en antecendes al lector sobre la obra que ha de descubrir.
Cuando yo escribía La carta de la Luna, cada palabra tenía un sentido, el mío.
Y poco importa ya qué razón de ser me llevó a escribir aquellas palabras.
Ahora ha llegado el momento de que cada cual al leerla le dé su propio sentido. Seguro encontrará, como todos, una razón de ser.
En la segunda parte del poemario, que es un canto al desamor, varios poemas hacen mención a la Luna; pero es, sin embargo Estrella fugaz quién mejor expresa ese sentido que representa para mí la Luna.
La Luna simboliza la voluntad no gobernada por la razón, sino por el capricho. Para simplificar lo llamaré libre albedrío.
Es en ese vaivén de sentimientos encontrados entre el amor ciego y el desconcierto donde la voz interna envía mensajes a la Luna; pero ella que no atiende a razones se evade constantemente.

Despedida

Una vez leí que:
“Cualquier poema bueno se convierte de alguna manera en algo abstracto, pero siempre tiene que ver con la realidad, con la vida del poeta o con la vida de otros.
Las cosas bellas tienen también algo de metafísicas”.
Ojalá entre las líneas de este poemario halles algún tesoro creado solo para ti.
Entonces se habrá cumplido mi deseo.
Un abrazo

Koroa Batekin

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