José Vidal Valicourt: “el sueño de Blanchot fue el de lograr una escritura colectiva y anónima, sin los lujos de los nombres propios”

 

Blanchot fue un escritor y pensador que en palabras de  José Vidal Valicourt, autor del ensayo “Blanchot-Espacio del desastre” (Rilke, 2011), “Vivía y escribía al margen”. Un escritor que hizo del no-saber y de la escritura errante un modo de vida. Hablamos con José Vidal sobre este fascinante y desconocido autor.

1-     ¿Qué te llevó a interesarte por un personaje como Blanchot? ¿Qué te atrajo de él?

Como personaje, su obsesión por dejar que sea la propia escritura la protagonista y no el autor.  Su discreción radical y su habilidad en activar las paradojas.  Supo gestionar su ausencia. Debo reconocer que, al principio, el personaje me resultó casi ininteligible. Fue, precisamente, esa dificultad en acceder a su mundo lo que supuso un acicate, un desafío.  Siempre el atractivo de lo difícil. El reto de lo apenas transitado. A la postre, suele ser siempre el camino más fascinante.  A pesar de su distancia y apartamiento, influyó de manera decisiva en muchos escritores y filósofos. Véase Derrida, Foucault, Deleuze, etc.  Me atrajo, sobre todo, su visión nómada y desarraigada de la escritura a la que encaró con el mismo temple de un filósofo. No hay que ovidar que Blanchot está en el umbral entre filosofía y literatura. Muy filosófico para los literatos y, por el contrario, muy literario para los filósofos.  El concepto de umbral es fundamental en Blanchot, lugar de paso, frontera invisible.

2-     Estamos ante un filósofo que afirma que el arte no conduce a ninguna verdad del ser, sino al error del ser. Se trata de una postura que años después de Blanchot sigue siendo marginal, porque en el arte prima el positivismo ( y en la vida el utilitarismo), la certeza de que el arte lleva al conocimiento ¿Cómo sobrevive y como se convive con esa postura en un mundo, como decíamos, marcado por el utilitarismo?

Blanchot reivindica el no-saber como apertura, como posibilidad de encuentro fructífero. El sabio es el hombre completo y, por tanto, cerrado. No deja resquicios para la sorpresa. De ahí que el concepto de error sea básico. Error como equivalente a errar. Movimiento de la escritura que no quiere detenerse en el libro. Si hay verdad ésta está en la intemperie, la vida al raso.  En un mundo que busca certezas inamovibles, más que nada para evitar el vértigo y la incertidumbre, mantener el tipo en esta propuesta radicalmente reacia al sedentarismo del pensamiento y de la existencia supone todo un desafío y, por qué no admitirlo, un peligro: el de quedarse fuera de juego.  El concepto de margen también transita en la escritura blanchotiana.  Vivir al margen, escribir en el margen de los libros, allí donde nadie espera que haya escritura.  De acuerdo, no sirve para nada, pero tampoco sirve a nadie. Por tanto, no es servil, sino desesperadamente libre.

3-     El componente filosófico y de teoría literaria de Blanchot tiene también unas claras implicaciones sociales. Tú mismo dices en el libro que frente a autores como Heidegger, que prestigia una voluntad sedentaria y por lo tanto excluyente, u otros que establecen una realidad basada en las relaciones de poder, Blanchot es un autor que al no creer en la verdad con mayúsculas, deja muy abierta la puerta a las verdades y razones de los otros. Al contrario que en el caso anterior, esta vertiente social sí es más actual, incluso sería bueno que lo fuera más.

Se trata de facilitar el habla plural, la que no funciona mediante relaciones de poder. Esto es problemático, pues es difícil mantenerse al margen del poder y de una cierta violencia en el habla. Aun así, el esfuerzo de Blanchot en privilegiar ese habla plural, abierta y no sujeta a unidad totalizante, merece todo nuestro reconocimiento y apoyo.  No creo que exista una vertiente premeditadamente social en Blanchot, pero sí que es verdad lo siguiente: puede aplicarse al ámbito social, sin duda. No olvidemos que el sueño de Blanchot –sueño que casi pone en práctica- fue el de lograr una escritura colectiva y anónima, sin los lujos de los nombres propios. Una escritura que no cumpliese con el imperativo de la propiedad privada. En definitiva, que el concepto de autor/autoridad no opere como patrón predominante.  Que sea la propia escritura la protagonista.

4- También se aprecia esa ética de Blanchot en su concepto de “amistad”, que no es sino ese lugar de encuentro que supone que todos seamos seres abocados al desamparo absoluto, abandonados por los dioses y las categorías absolutas. Parece como si Blanchot quisiera decirnos que cuanto menos sepamos – o cuanto más aceptemos que sabemos poco – más solidarios, abiertos y empáticos seremos con los otros. 

Sí, otra vez el margen. Que puede ser de maniobra y de error.  La amistad es un concepto que Blanchot mantiene en todo lo alto. Pensamos gracias a los amigos, esa relación sin posesión, que deja libre al amigo. La amistad no se fundamenta, según Blanchot, en la presencia. La distancia es, precisamente, eso que permite el encuentro y el respeto. Mantener la distancia también significa mantener la posibilidad del encuentro. Blanchot mantiene la amistad mediante la escritura, escribiendo a sus amigos y no necesariamente viéndolos. Una ausencia presente, y valga la paradoja. Siempre hay una zona desconocida y hay que preservarla.

4-     En literatura, ese pensamiento nos lleva a escritores que deben escribir con libertad absoluta, sin querer crear un discurso totalizador y sin someterse al espacio reductor de la obra ni a la manera tradicional de usar el tiempo. Y como ejemplo tenemos a Sade. ¿Ha habido algún otro autor que se haya adaptado a su manera de entender la literatura, alguien con quien crees que Blanchot pudiera sentir cierta afinidad literaria?

Hay muchos, pero destacaría a Kafka, esa obsesión por la escritura. Escribir o morir, ese rechazo a contraer matrimonio por miedo a sacrificar la tarea de escribir. La escritura por encima de todo, incluso de las relaciones personales.  Postura, sin duda, radical e intransigente, pero que proclama sobre todo las ansias de libertad, de disponer de todo el tiempo del mundo para entregarse a la única pasión: la escritura.
6- ¿Crees que esas ideas literarias tienen cabida en el actual panorama editorial español?

Habrá alguno por ahí escondido, pero lo que prima es el personalismo, el autor como figura, incluso vedette. Sin embargo, sabemos que hay miles de escritores que escriben en las catacumbas. Eso sigue siendo escritura. Uno entiende y acepta que la mayoría de las editoriales se echen atrás a la hora de editar libros de esas características. Sin embargo, existen editoriales más valientes, que están dispuestas a correr ciertos riesgos. Son editoriales muy necesarias, ya que sin ellas esas voces quedarían sepultadas.

7- Tú mismo te has lanzado al final del libro con un relato basado en sus ideas: ¿Querías explicar mejor en qué consisten o sólo demostrar que es posible escribir de otra manera?

La escritura asume muchos géneros, y uno de ellos es el del ensayo, que no tiene por qué ceñirse a un cuerpo estrictamente teórico sino que puede aceptar distintas voces o géneros: poema, relato, aforismo, acotación cinematográfica, etc.  El ensayo es un banco de pruebas, un ámbito en el que estamos obligados a verter todo lo que sabemos y todo lo que no sabemos, todas nuestras perplejidades e hipótesis, por muy descabelladas que éstas sean. Es decir, estamos obligados a errar y a caer en el error.  El relato final no es tanto un texto que se base en las ideas de Blanchot –eso sería casi imposible-  sino en una especie de aire, de atmósfera. El propio Blanchot, en sus últimos libros, llegó a concebir un texto en el que el personaje es el propio lenguaje, el propio pensamiento en acción.  Dividir el libro en dos partes, teoría y práctica, no deja de ser un gesto irónico, no sé si eficaz, una forma de desmitificar los libros canónicos.  En cualquier caso, se trata de un libro que no deja de ser un acercamiento más al pensamiento de Blanchot y una forma de confesar la influencia que el escritor francés ha ejercido en mi modo de pensar y de escribir.

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