Fallece en Madrid el Poeta José Luis Zuñiga (Torrelavega, Cantabria 1949-2011)

El domingo tres de Abril de 2011 (O como a él le hubiese gustado decir un 34 de Marzo), falleció José Luis Zuñiga, poeta, cantautor, editor.

Murió a destiempo un poeta de su tiempo, dos semanas después de la presentación de su último libro “Ya veo la bala en mi cabeza“, murió con él su optimismo vital, una lucha incansable por el arte, la humildad de un poeta que le hacía grande, los acordes en la guitarra, la última luz que vino de Cantabria. Nos ha pillado por sorpresa la noticia y nunca pensamos que íbamos a cerrar este paréntesis con dos fechas: JOSÉ LUIS ZÚÑIGA (Torrelavega, Cantabria 1949-2011).

 

 

Desde la Revista poesía eres tú, queremos rendir homenaje a José, recordando alguno de sus poemas, que fueron publicados en el libro Tiempo a destiempo:

sobre las colas

 

Esta noche he reventado un cisne
porque ayer hice cola en un bareto.

Fumas un cigarrillo, suena el móvil,
te pones otro whisky,
no ha sido un día de ésos
que recuerdes como algo memorable,
pero te vas de marcha
para ver si la suerte, tan voluble,
deja de ser esquiva.

Y luego, ya se sabe:
no sé si me compensa
pasarme tanta noche haciendo cola
para que luego acaben
tirándome a la cara
un ginger ale con ron.
Me gusta susurrar, y sólo grito.
Quiero sentir un brazo amigo
apoyarse en mi hombro,
dejar pasar la noche entre volutas de humo,
entre conversaciones sobre nada
importante, pero nuestro,
arrancando a jirones nuestras vidas inútiles
y sintiendo que queda alguna huella
de otra piel en mi piel.
Pero me paso el día haciendo colas
y gritando a destiempo.

Y así pasa la vida, y así escribo
estos versos que salieron del alma:
esta noche he reventado un cisne
porque ayer hice cola en un bareto.

Qué le vamos a hacer.

quemar las naves

 

He quemado las naves.
Eso es lo bueno.
Lo malo
es que tengo una isla
para mí solo
y no tengo muy claro
qué hacer con ella.
¿Venderla?
No. Alguien la compraría
para bebérsela.
La quiero para mí.
Yo no me vendo
ni me echo para atrás
tan fácilmente.
No se queman las naves
cada día.
Por lo menos, yo no.
No me gusta sufrir
inútilmente.

 

lo vivido

 

Lo que ha sido vivido
nunca más será arcilla
que modelen mis manos.

Lo que ha sido vivido no tiene ya futuro:
pudo ser venturoso, pero pasó su tiempo.

Lo que ha sido vivido no es ya lo que se espera
vivir —como esperaban mis labios a los tuyos—
ni alumbran sus rescoldos las cunetas que ahora
bordean el camino de la nueva aventura.

Lo que ha sido vivido muerto y bien muerto está.

 

JOSÉ LUIS ZÚÑIGA (Torrelavega, Cantabria 1949-2011). Licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto y funcionario en activo, fijó su residencia en Madrid hace ya tiempo. Iniciado en la poesía desde muy temprana edad, ha publicado numerosos poemarios: A medio andar (1971), Presencia final (1990), Lugares (1997), Nombres propios (1997), Calma chicha (1999), La lluvia de los pájaros (2000), Libro de familia (2001) y Peinarse cada día el corazón (2004), Tiempo a destiempo (Editorial Poesía eres tú, Madrid 2009), Ya veo la bala en mi cabeza (Ediciones Primor 2011).

 

Con el heterónimo de Jorge del Primor ha publicado también relatos cortos como Cuando íbamos al monte (1998) y Escrito con pluma (2002), así como el libro de poesía El grito del Taguloguta (2006). Entre una y otra cosa, el autor ha ido construyendo un imaginario poético de cierta entidad que recopiló, en gran parte, en lo que hasta ahora es su último título: Era otro hoy (Ediciones del Primor, Madrid, 2008)

Como cantautor ha retomado recientemente sus apariciones en directo, actuando en salas como Trovadicta o Clamores. Es autor de más de doscientas canciones, que abarcan diversas épocas y estilos

Estamos ante una poesía que se cuestiona a sí misma si es poesía. El problema, y Zúñiga ya cuenta con ello, es que los seres ciclotímicos como él suben y bajan a velocidades de vértigo. Se podría pensar que la culpa la tiene el paso del tiempo, pero en el caso de Zúñiga, no. Su actividad y presencia en numerosos proyectos culturales y sociales poco tiene que ver con el paso del tiempo. Roto el cascarón y oxidada una rueda que ya no entiende de giros, el poeta que aquí escribe es, por encima de todo, una persona sorprendente, que quiere y es querida y que de la nada consigue crear y, sobre todo, creer en las cosas”.

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