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Carlos Herrera: “La poesía nos permite acceder a una vivencia de la libertad que en la cotidianeidad no podemos experimentar”

 

El mexicano Carlos Herrera presenta “Vislumbres de un sueño”, un libro cargado de imágenes que recoge alguna de sus principales reflexiones como filósofo.

 

1- El libro comienza “Todo olvido es un comienzo” y, en general, toda esa primera parte del libro es una reflexión sobre el olvido, la memoria y el paso del tiempo, en la que pareces presentar estos conceptos(olvido-memoria) como falsamente absolutos, como llenos de relatividad y también de variables.

Me gustaría señalar, antes que nada, que este libro da expresión a una serie de cuestionamientos y preocupaciones que provienen de la actividad intelectual a la que me dedico principalmente junto a la literatura: la filosofía. Cuando hablo del olvido trato de distinguir dos esferas distintas. Por un lado, se habla, como bien indicas, de la relatividad de varias vivencias humanas (no tanto nociones) como la memoria y el olvido. En esta esfera no puede haber ni un olvido ni una memoria absolutas, porque la experiencia humana es necesariamente limitada. Por otro lado, sin embargo, se maneja la idea del olvido como una experiencia que trasciende las fronteras propiamente humanas. Aquí el olvido es el nombre de todo un principio que rige los movimientos de la naturaleza y la existencia en general. Este olvido sí es absoluto, porque es el nombre de un movimiento general carente de finalidad y de sentido, al que los seres humanos tienen que traducir según su propia experiencia o de otra manera no podrían ni comprenderlo ni vivirlo. Esto último es el origen de la memoria. Los humanos requerimos de la memoria para conservar los momentos trascendentes de nuestra vida, tanto los positivos como los negativos, y para darle una continuidad a nuestros actos. En este sentido hablo de la memoria como una especie de “olvido del olvido”, porque ella es una negación (en cierta medida, inútil) de ese olvido absoluto del que hablaba más arriba. Finalmente diré que ambas experiencias, la memoria y el olvido, resultan para mí fascinantes ya que me parece que en su entrelazamiento se esconden varios de los misterios de la vida.

2- Otra de las reflexiones de esos primeros poemas es la que presenta al hombre como un ser que se siente “agusto en medio de fronteras”, que vive en el seno de lo libre, pero ama las cadenas. ¿Hasta qué punto considera que esto es así? ¿Tanto nos gusta encerrarnos violentamente?

En este punto tendría que aclarar que aquí no estoy hablando de una libertad ni política ni social. Con respecto a esta cuestión me manifiesto abiertamente por una creciente libertad en todos los sentidos y por la defensa de los derechos históricos de los individuos ylos pueblos, conseguidos tras arduas luchas. Aborrezco, pues, las cadenas y los regímenes políticos que intentan limitar la vida de las mujeres y los hombres. Lo que intento hacer en este poema (Vislumbres de un sueño) es darle voz a una reflexión sobre los alcances y los límites de nuestra libertad y de nuestra experiencia en general. No se trata, pues, de decir que a los seres humanos les gusta vivir sometidos bajo un sistema opresor y violento, sino que no podemos entregarnos a todas nuestras posibilidades porque nuestra vida está conformada por lazos con los que nos comprometemos y no podemos abandonar de manera sencilla. Toda ruptura implica para nosotros un dolor, a diferencia de las variaciones constantes de la naturaleza, del mundo y del universo, los cuales no tienen “un motivo que los convoque a llorar”. Nuestros compromisos amistosos, amorosos, familiares, sociales, etc., nos limitan, pero preferimos atarnos a ellos porque son ellos los que dan sentido a nuestras vidas. Utilizo la imagen de las “cadenas”, que en verdad es un poco fuerte, para hacer más patente la diferencia entre nuestra experiencia y la del mundo y la naturaleza en general.

La poesía nos permite acceder a una vivencia de la libertad que en la cotidianeidad no podemos experimentar. Octavio Paz nombró a su obra poética central Libertad bajo palabra, justo porque la poesía es un acto de libertad que rompe los límites en los que se desarrolla nuestra vida y nos permite trascender a otro ámbito donde todo es posible y pensable.

3- Los poemas que componen esta primera parte del libro, llamada “Hacia el final”, y que son uno de los pilares del libro, muestran un tono existencialista muy pesimista, descreído (“somos un sueño que habrá de perecer”) ¿Qué papel juega la poesía en esa existencia?

Si soy sincero, no había notado hasta este momento que el libro transmitiera una sensación pesimista. En términos personales me considero una persona si bien no optimista (lo cual, a decir verdad, me parece un poco vulgar), por lo menos que disfruta mucho de la vida y de las posibilidades que ella ofrece. Me parece, más bien, que el tono “pesimista” que señalas proviene de otra parte, a saber, de un intento reiterado de crítica a distintos momentos de la vida y, también, de nuestra historia, en los cuales preferimos limitarnos, encerrarnos, en vez de gozar a plenitud nuestras vivencias.

Ahora bien, el poema que se llama “Hacia el final” y que da título a la primera sección del poemario, es un pequeño (muy pequeño, en verdad) esbozo de evaluación negativa de la historia de nuestra civilización, la civilización occidental, y de nuestra posición actual dentro de ella. No se trata aquí solamente de una actitud existencial ante la vida, sino de un reconocimiento de nuestra situación histórica. Lo que se dice es que nos encaminamos hacia el final de una época caracterizada por la frustración constante de nuestros sueños y anhelos, por la imposición violenta (esa sí violenta) de ciertas formas de vida sobre otras (rasgo típico de cultura occidental predominante), pero que nosotros no seremos los que inauguraremos ese “nuevo tiempo”, sino que sólo lo “vislumbraremos” y lo anunciaremos. Por eso, “somos un sueño que habrá de perecer” y que sin lograr ver el “alba”, solamente la podremos anunciar.

4- Todo ese primer libro incide en la idea de la vida como sueño apenas vislumbrado (título del libro) ¿De dónde procede esa idea, de dónde nace?

El comentario que haces es atinado: el sueño al que se hace referencia es el sueño de la vida. En este punto no soy nada original. La literatura en español ha insistido de distintas maneras en este tema, desde Calderón de la Barca (La vida es sueño) hasta Borges (Las ruinas circulares, por ejemplo). Lo interesante para mí en este caso era pensar lo que se podía intuir a partir de este sueño, es decir, lo que este sueño deja translucir más allá de lo que en un comienzo aparenta. La palabra “vislumbre” revela esta intención.

Lo que más me atrae de la palabra “vislumbre” es su ambigüedad. Por un lado significa un resplandor tenue, un reflejo de luz. Por el otro, un indicio o sospecha. Con su tenue resplandor el sueño de la vida no sólo da noticia de ella, sino que deja adivinar algo que está más allá, algo que la trasciende. La exploración de esa trascendencia apenas vislumbrada, nunca clara ni cierta, es el motivo central del poemario.

Ahora bien, ¿cuál es el origen del poema que da nombre al libro? Para mí un poema largo o de mayor extensión al poema “normal” es el resultado de un largo proceso de maduración de ideas y sensaciones, nunca el mero producto de una inspiración (aunque ésta no está excluida). En el caso particular de “Vislumbres de un sueño” la idea provino del trabajo filosófico al que me dedico. En la tesis de doctorado que estoy escribiendo el tema central es el de la libertad, en especial en la interpretación de Martin Heidegger y su crítica a la civilización occidental. En mi recuperación y crítica a dicho filósofo se anudan sobre todo tres conceptos: el de la libertad, el de la donación y el del olvido. Esos tres conceptos aparecen una y otra vez en el libro, sólo que ya no como simples conceptos, sino como vivencias y experiencias.

5- La segunda parte, “Herencias”, son tres largos homenajes, dos de ellos centrados en mitos griegos, ¿Crees que siguen siendo válidos esos mitos hoy en día? (“que a la vez que sino suyo es nuestro espejo”).

Los mitos griegos, al igual que los mitos y las leyendes de otras culturas y civilizaciones, en tanto productos fantásticos y geniales de la imaginación humana, son y seguirán siendo validos en todas la épocas, mientras siga existiendo la literatura. Lo único que varía a lo largo del tiempo es la forma en la que son abordados e interpretados. Una es la forma, por ejemplo, en la que el modernismo retomó la mitología clásica, idealizándola y llevándola, en ocasiones, a un extremo de “cursilería”, y otra es la forma en la que hoy en día se puede reflexionar sobre ellos.

En este punto tengo que manifestar una cierta diferencia con lo que afirmas. No se trata en el caso de esta sección del libro de “homenajes” a héroes y personajes mitológicos, sino al contrario de una crítica a lo que dichos personajes significaron y significan en varios ámbitos de nuestra cultura. El caso más radical es el que aborda el poema sobre Heracles (el Hércules griego). Allí se describe post factum el famoso pasaje donde Heracles, en un arrebato de locura, asesina a su familia, acto que, posteriormente, según la tradición, será el motivo que llevará al héroe a realizar sus doce trabajos, como forma de expiación. Lo que trato de hacer en ese poema, que en verdad forma parte de un proyecto más ambicioso a realizar en el futuro, es conectar el horror de dicho asesinato con el horror de la “labor civilizatoria” que consiste en someter a los otros pueblos y culturas que se consideran sumergidos en un “mundo natural” y que son vistos como lo monstruoso. Por otro lado, la imitación que hago de un famoso poema de Rubén Darío (Salutación del optimista) y que se centra en la alabanza a la cultura romana y a su vinculación con la cultura española (“Ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda”), tiene también este propósito crítico e irónico. Todo lo que se le aparece a Rubén Darío como digno de elogio, aparece en mi poema (llamado a propósito Lamentación pesimista) como fuente de terror y decepción. Por cierto, aquí aparece explícitamente el tema del pesimismo, pero se trata, como acabo de explicar, más de un crítica a nuestra civilización que de la mera expresión de una frustración personal.

Finalmente, sólo señalo que el nombre de esta sección, “Herencias”, hacer referencia a lo que recibimos del pasado de nuestra cultura, o de nuestras culturas, si se quiere, y que tiene que pasar por la criba de la labor crítica y literaria.

 

 

 

 

 

6- La tercera parte, “Nuevo tiempo”, se abre con una exhortación al lector en la que se le anima a buscar consuelo “en mitad de las imágenes”, aunque enseguida dices: “yo, por mi parte, te prometo nada” ¿Hay poca relación entre el propósito del poeta al escribir y el del lector a recibir el poema?

Lo primero que hay que afirmar es que la poesía no existe ni existiría si no hubiera un lector que la creara con su lectura. No se trata tan sólo de aquel viejo cliché hermenéutico que insiste en que las interpretaciones que encierra un texto sólo pueden ser descubiertas en las lecturas de los distintos lectores (afirmación, que por cierto, no por ser un cliché deja de ser cierta). No. La cuestión aquí es que la poesía nace sólo hasta el momento en que el lector toma el poema (única cosa que le puede brindar el poeta), lo lee y encuentra en él una palabra, una imagen, una sensación o una idea que lo motivan imaginar, a soñar, a sentir, a pensar e, incluso, a crear. Antes de ese momento sólo existe un texto (el poema) lleno de palabras y de imágenes que todavía no tienen el derecho a llamarse poesía. El poeta, valga la redundancia, sólo escribe poemas, pero es el lector el que crea la poesía.

Ahora bien, el escritor, el poeta, no le puede ofrecer nunca nada específico al lector, sino tan sólo esas “imágenes” encerradas en varias palabras y frases, que son el producto de una experiencia muy ajena a él. No hay nada que prometerle al lector, porque es él el que tiene que emprender el trabajo de la creación poética. El poema toma aquí la forma de un “exhortación”, nadando a contracorriente de aquel lector (un tanto idealizado, quizás) que pide que todo le sea dado de forma “sencilla” sin participar en el esfuerzo y en el juego de la creación.

 

7- Esta tercera parte es quizás la más interrogante: el tiempo, la muerte, la utilidad de la escritura…se tornan preguntas que muchas veces no hayan respuestas ¿Es ése el oficio del poeta, presentar preguntas?

No creo que el “oficio” del poeta sea el de hacer preguntas. Me parece más bien que ese sería el “oficio” del filósofo (lo cual, a veces, en  mi caso, me cuesta mucho trabajo diferenciar). Ahora bien, no creo que ni la filosofía ni la poesía tengan un “oficio” específico. Más bien ambas son el resultado de una necesidad de expresarse de cierta forma. Para mí la poesía (sin querer, por supuesto, reducir lo que cada quien hace y piensa de ella) adquiere la forma de un cuestionamiento (no necesariamente en preguntas) del lenguaje que normalmente se experimenta en la cotidianeidad (incluso cuando se utilizan en el poema anécdotas y expresiones cotidianas o “prosaicas”). Ese cuestionamiento anhela sacudir la confianza que normalmente se tiene en el lenguaje del que supuestamente se “hace uso” y dejar translucir otras posibilidades que están encerradas en él y a las cuales el poeta quiere dejar salir, dejar ver. La poesía aspira a decir lo que en la cotidianeidad se calla a toda costa.

Finalmente, con respecto a la forma inquisitiva de esta sección, me parece que lo que se juega, más que un resultado de mi propia interpretación sobre la labor del poeta, es una consecuencia de lo esbozado en las otras dos secciones. Se habla aquí ya no de un presente que anuncia un final (Hacia el final), ni de un pasado que nos ha sido heredado (Herencias), sino de un futuro que se abre ante nuestros ojos: un “Nuevo tiempo”. Si los poemas de esta sección insisten en las preguntas es porque ese nuevo tiempo está por descubrirse, por crearse, y esa es una labor que trasciende al poeta. En este caso lo importante es preguntar, sabiendo que todavía no hay, ni habrá por mucho tiempo, respuestas certeras.

8- Finalmente, ¿qué poetas has tenido presentes a la hora de componer este libro?

 

Me gustaría creer que en este poemario conviven todos los poetas que, de una u otra forma, me han ayudado a encontrar mi voz (nunca plenamente conformada) a lo largo de los años. Sin embargo sé que en este libro en específico hay más peso de unos que de otros. Tal vez las influencias más fuertes hayan provenido de la poesía de Octavio Paz y de la de T. S. Eliot. Octavio Paz es para mí el más grande poeta mexicano y trato de leerlo constantemente para alimentarme de sus palabras y de sus ideas. En su poesía se conjugan, de manera feliz, el pensamiento y la lírica: cada metáfora suya estimula de manera simultánea la imaginación y la reflexión. Por otro lado, la poesía de Eliot, en especial la que se expresa en Four Quartets, es para mí el paradigma de la búsqueda de equilibrio y perfección estética. El primer poema del libro, “Vislumbres de un sueño”, sigue a su manera ese modelo. El otro tono reflexivo que nunca me ha abandonado proviene sobre todo del poeta mexicano José Gorostiza, cuyo poema Muerte sin fin sigo releyendo una y otra vez.

Hay también otras influencias inegables. En la sección de “Herencias” están muy presentes las voces herméticas de Góngora (cuya Fábula de Polifemo y Galatea releí en esa época hasta el cansancio) y de José Lezama Lima. El primer poema de esta sección, “Reminiscencia de Narciso”, es una especie de respuesta literaria al poema “Muerte de Narciso” de éste último. Por otro lado, en la imagen del olvido, presente a lo largo del libro, se halla algo de la voz de Donde habite el olvido, de Luis Cernuda.

Finalmente, creo que de alguna forma conviven también en este primer libro (o eso espero, por lo menos) la voces de dos poetas alemanes geniales: Rainer Maria Rilke y Gottfried Benn. Quizás sea éste último, de cuya poesía se desprenden imágenes terribles y grotescas, del que adopté ese tono “pesimista” que señalabas más arriba. Una última mención: un poeta francés contemporáneo de nombre Lionel Ray, al cual leí hace tiempo, por primera vez, en una antología de poesía francesa. La imagen del espejo y del extravío, presentes constantemente en mis poemas, le deben mucho a su poesía.

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