Autores en Club de poesia

En “La aventura del saber” con José Luis López Enamorado

Presentación A SOLAS CON SELENE

A solas con Selene

La noche está silenciosa

la luna en el cielo brilla,

 yo la busco temerosa,

 ella apenada me mira.

– ¿Qué te sucede mi niña?

¿Quién borró de forma cruel

la dulzura de tus ojos

y el candor de tu sonrisa?

¿Qué desatadas envidias,

 rencores, hipocresías,

 acechan en torno a ti

y envuelven toda tu vida?

– ¡Ay luna! Mi fiel amiga,

 compañera de fatigas,

 cubre mi cuerpo esta noche

con esa luz blanquecina.

– Cuéntame de tu infortunio,

yo te escucho complacida, mas…

no quiero que ni una lágrima

resbale por tus mejillas.

 Una vez ya te lo dije…

 “Ningún hombre se merece

que llores por él…chiquilla”.

 Ahora serena ese rostro,

 y sigue, sigue con tu letanía.

– ¡Ay luna! Fue todo tan hermoso

que en un cuento me creía;

 mas yo siempre le preguntaba

con sincera ingenuidad…

me mientes?…

– ¡Claro que no! ¡Cómo podría!

 y algún día tú serás,

 mi princesa…sólo mía.

Sin embargo, algo oscuro,

 una sombra se cernía,

 la maldad hecha mujer

se cruzó en nuestras vidas.

– ¿Será verdad que nací

para jamás ser querida?

– No digas eso, mi bien,

 tu nobleza es infinita,

 jamás causaste daño alguno

ni a quien bien lo merecía.

 Eres como una avecilla

en una jaula metida,

 o como esa bella rosa

con afiladas espinas.

– ¿Sabes luna? Yo lo quise,

 y me entregué como nunca,

 y me desnudé ante él

sin tapujos ni ataduras.

Fueron tan sólo unos días,

 unas horas tan intensas,

 que jamás las cambiaría

por años de mi existencia.

La pasión adormecida

despertó como un volcán,

 vomitando con fiereza,

 fuego  y también ceniza.

 Tú, luna, fuiste testigo;

 desde el Cielo nos veías.

 Yo me aferraba a su cuerpo

y él buscaba mis caricias,

 las manos entrelazadas,

 los besos que se perdían,

 jadeos que se escapaban

cual tibia y suave brisa.

– ¿Me quieres? Le preguntaba…

– Sabes que sí…vida mía.

Y yo miraba sus ojos

y no hallaba la mentira.

– ¿Y qué pasó niña mía?

 Habla, no guardes nada en tu pecho.

Deja que sangre la herida.

– Todo acabó. Se marchó.

 Yo contemplé su partida.

 Y no quise escuchar a nadie

ni tan siquiera a mí misma.

Pasó un tiempo y aquella sombra,

 aquella sombra maldita,

 hizo muy bien su trabajo

sembrando cizaña y mentira.

– Pero dime…¿él no te creyó?

– No, mi luna, no me creía,

 y empezó a desconfiar

de quien menos culpa tenía.

Quise huir…marcharme lejos,

 encontrar cualquier salida,

 tal vez, buscar en la muerte,

¿valor? ¿o más bien la cobardía?

– Calla, pequeña, eso nunca…

la vida es bien bonita,

 y quien te ha tratado así,

 piensa que no te merecía.

– No lo sé, ya no sé nada…

tan sólo que le quería;

 que fui feliz a su lado

y le di lo que tenía.

Y si es pecado amar

no siendo correspondida.

Mea culpa, soy culpable,

 la culpa es toda mía.

– Mi sensible y tierna niña.

 Deja que mi nívea mano

recoja esa perla líquida

que resbala temerosa

por tu pálida mejilla.

Yo sé de tu fortaleza

decisión y valentía,

 mas si cierras esta puerta

deja abierta una rendija.

Allá en el horizonte

Allá en el horizonte

donde el sol está muriendo,

 se ve el monte de las Ánimas

todo envuelto en el misterio.

¿Se oirá tañer la campana

en el día de los muertos?

¿Saldrá espectral procesión

de las almas sin sosiego?

Así lo narraba Bécquer

en su leyenda, en su cuento,

 y así deseo yo imaginarlo

aunque me recorra el miedo.

Las sombras ya van cayendo,

 a lo lejos…muy distante

parece que gime el viento

en lastimoso quejido,

 yo diría que es lamento…

Se hiela mi corazón

y la sangre de mi cuerpo.

Las ánimas son de aquellos

que murieron sin auxilio

y buscando algún consuelo,

 en la noche de Difuntos

entonan un Miserere

que se escucha en todo el pueblo.

Relatan los lugareños,

 que así expían sus culpas

y alivian su sufrimiento.

Quiero volver a Castilla

 

Quiero volver a Castilla

quiero volver a acunarte

con el murmullo del agua

y mis versos…a la tarde.

Río manso que transcurres

por estos yertos parajes,

 donde la primavera brota

de tus ramas invernales.

Quiero volver porque siento,

 que allá…en alguna parte,

 tengo que dejar mi huella

así como tú la dejaste.

Quiero volver pues mi sueño

sólo se cumplió en parte,

 no vi los álamos dorados

ni  el Duero susurró mi nombre.

Quiero volver al Espino…

subir y dejarte flores,

 contarte toda la pena

que me traje en el equipaje.

Quiero volver…mas no creo en milagros,

 ni en quimeras, ni en azares,

 jamás escucharé las palabras

que tú con amor pronunciaste.

Muerta sí…pero qué dicha

haber sido su amante,

 fiel esposa, mujer niña

compañera inseparable.

Muerta sí…mas yo te envidio

porque te amaron y amaste

¿qué puede haber en el mundo

más hermoso y más grande?

Cuando yo ya me haya ido

Cuando yo ya me haya ido,

 cuando ya no esté en la Tierra,

 cuando mi espíritu vague

errante entre la niebla;

 no quiero que nadie llore

falsas lágrimas de pena

ni quiero que las beatas

murmuren…¡qué buena era!

 no quiero misas ni rezos

que contengan palabras huecas,

 ni fotos, ni flores…nada…

nada que adorne la fría piedra.

No quiero que vistan negros lutos,

 ya los tuve de pequeña…

y de nada me sirvieron;

 cuando partes…no regresas.

Quiero que se me recuerde

pluma en mano…ante un albo papel

escribiendo algún poema,

 con la mirada perdida

en una tarde serena.

Quiero que se me recuerde

como una mujer que amó

con pasión…con total entrega,

 y nunca causó daño alguno

aunque nadie la creyera.

Quiero que se me recuerde

volando libre…como un ave,

 sin ataduras ni rejas;

 un alma que buscó incansable

el amor a manos llenas.

Quiero que mi legado sea

una vida de experiencias,

 donde tuvo su cuna el dolor

mas también el placer y la belleza.

Cuando los años transcurran,

 cuando ya nadie se acuerde

de aquella infeliz mujer

que esperaba temerosa

una eterna primavera…

alguien en algún lugar

encontrará una nimia libreta

y en ella recorrerá

verso a verso…su vida entera.

Quiero al fin que mis cenizas

duerman en aquella tierra

donde una vez fui feliz

…donde vivió mi poeta.

Que el viento haga con ellas

remolinos de quimeras;

corre viento, no te detengas,

 concédeme  la paz eterna.

Y quien quiera que me busque

en tu orilla Duero…en tu ribera,

 en tu dorado paisaje,

 en los álamos…en las estrellas.